“Con tanta IA, va a volver lo orgánico y el reggae va a tener un hueco fuerte”
Tras celebrar su vigésimo aniversario, un nuevo disco de los alaveses Green Valley ya se ha hecho realidad, ‘El arte de vivir’
En la agenda ya están los primeros festivales y conciertos de presentación de El arte de vivir, el nuevo disco de Green Valley. Todavía no hay fecha para volver a actuar en casa, aunque seguro que Gasteiz estará en sus planes más pronto que tarde. Tras celebrar sus 20 años de camino con actuaciones tanto a este como al otro lado del Atlántico, Ander Valverde y los suyos siguen construyendo su camino.
¿De dónde saca Ander Valverde y el propio grupo la motivación para, después de más de 20 años, volver al estudio a crear canciones nuevas y no caer en la rutina de girar con los temas ya clásicos que se sabe que funcionan?
–Pues creo que de la propia vida, de las vivencias. Es como la gente que tiene trabajos, por así decirlo, habituales. Para mí, la guitarra siempre está presente y mi quehacer está en empezar a tocar, a ver que aparecen unos acordes bonitos... te viene una melodía, vas tomando notas en el móvil, escribiendo frases... Al final, eres capaz de conjugar una melodía con unos acordes y con una letra. Lo bueno es que, con la edad, no tienes esas pretensiones de sacar un disco sí o sí cada X tiempo. Las cosas van surgiendo cuando toca. En nuestro caso, el último disco salió en 2022. Han pasado cuatro años, no los hemos tomado con calma y creo que eso también se nota en el resultado final.
Desde la experiencia de lo vivido
De hecho, un grupo que no para de tocar, se ha tomado unos meses de descanso en cuanto a conciertos para poder ultimar este disco con esa calma de la que habla.
–Hemos parado la última temporada, unos cinco meses. Pero eso no significa que estés sin hacer nada. Lo digo porque los padres del cole de mis hijos me ven que todos los días les llevo y les recojo, y piensan que soy como el vago del barrio (risas), pero en realidad no paro de hacer música. Antes de sacar cualquier disco, hay un trabajo del copón que nadie ve pero que es muy exigente. En estos cinco meses no hemos parado con las últimas mezclas, los últimos masters, los videoclips, las fotos, entregar todo el material... Llegar a tiempo nunca es fácil y de ahí hacer ese paréntesis en las actuaciones. A mí me ha venido bien además para estar más con la familia, hacer planes... lo que pasa es que ofreces después el primer concierto y todo lo que te da el directo se vuelve a reactivar dentro de ti.
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El 20 aniversario
Este nuevo disco llega en la resaca de las celebraciones del vigésimo aniversario de la banda. ¿Cómo han vivido todo lo que ha pasado?
–Con mucho cariño y nostalgia. Empezamos en Gasteiz, donde todo fue espectacular. Bueno, la verdad es que en todas las ciudades hemos recibido mucho cariño. Luego hicimos una gira en acústico, la banda base como la llamo yo, y fue muy especial también. Nos obligamos a no llevar un road manager para vivirlo como lo hacíamos hace años, es decir, el hacerlo todo nosotros. Así nos fuimos también a Latinoamérica, aunque allí sí que tuvimos un road manager.
Allí hay un público muy especial, ¿verdad?
–Es muy emocional, muy pasional, que te lo entrega todo. Aquí hacíamos la gira acústico en salas de 300 a 600 personas, pero en Colombia, por ejemplo, era en salas de 2.000, con todo el mundo apretado y dándolo todo (risas). La verdad es que el 20 aniversario salió tan bien que por eso lo alargamos un año más.
Pero de repente toca cambiar el paso y ponerse con un nuevo disco. ¿Un tránsito complicado?
–No, no, es algo que hemos hecho de manera natural. Hay un tema en El arte de vivir que se llama Matorrales y que habla de eso, de que nosotros no somos de estrategias. Vamos tirando. Este disco podría haber salido en 2027 sin ningún problema. Se publica ahora porque algunas canciones se nos estaban empezando a quedar un poco viejas. En nuestra oficina nos han dicho: ¿pero cómo vais a sacar un disco ahora si no tenemos cerrada una gira por salas? Eso nos da igual. Esto ya no va de publico un álbum y tengo que girar sí o sí, paro y vuelta a empezar la rueda. No. Vamos tranquilos, hacemos las cosas cuando creemos que tienen que ser y ya está.
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Disco muy personal
En este trabajo hay canciones como ‘Karma’, en la que Ander Valverde canta a sus inicios en Vitoria, y la propia ‘Matorrales’ que tienen un carácter muy íntimo.
–Green Valley siempre ha hablado de las cosas que vive. Es verdad que en este disco hablamos de cosas muy íntimas, pero que son también universales. Yo lo achaco a la edad. Al final, he escrito estos temas entre los 30 y muchos y los 40 y pocos, y en es una época de mi vida en la que se han movido cositas. No hablaría de la crisis de los 40 (risas), pero sí he tenido momentos convulsos, de pensar mucho, de situarme ante según qué emociones... Los aitas se van haciendo mayores, los niños ya no son unos bebés... El 20 aniversario de Green Valley me removió mucho. También muchos recuerdos. Todas esas emociones han hecho que este sea, tal vez, un disco más íntimo.
Ahí está una canción como ‘Ama’.
–Está muy malita y quería hacerle una canción. Siempre ha habido pequeños detallitos en otros temas, pero nunca había hecho una canción explícita como esta. En septiembre del año pasado, pensaba que ya tenía El arte de vivir, pero hice una criba y vi que me faltaban dos canciones para completar todo. Me puse con la guitarra sin parar y solo me salía hablar de mi madre. Ella tiene una enfermedad neurodegenerativa. Además, en verano pasó un cáncer. Así que tenía que hacer una canción para ella. Yo quería hacer una canción alegre y no me salía, no podía, es que soy demasiado sincero. Así que dije: no luches contra ti mismo, si hay que hacer una canción a la ama, se la hace una canción a la ama.
¿Pero no es un poco complicado desnudarse tanto?
–A mí no me cuesta. De hecho, creo que me sirve casi como terapia. Por ejemplo, antes de escribir Ama estaba jodido. Estaban pasando muchas cosas, entre ellas que dejé de beber alcohol. Poder hacer este tema me ayudó. Quería entregarle la canción a ella lo antes posible para quitarme ese peso de: yo ya he dicho lo que tenía que decir. Ahora que ha salido la canción. muchas madres me dicen: ojalá que mi hijo me escribiera una canción tan bonita.
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¿Es este disco una especie de diario de cómo sobrevivir?
–Tú vas haciendo canciones y hasta que no llevas el 60 o el 80% del disco, no encuentras el concepto. A mí me ha pasado con este álbum. Responde a la época vital que estoy viviendo. No puedo escribir algo que no estoy viviendo. Soy demasiado sincero a la hora de hacer canciones. Llevo dos o tres años dándole mucha importancia a cómo ser feliz y no porque antes no lo fuera. Estoy evitando según qué cosas que no me hacían tan feliz y que estaba como muy apegado a ellas. Por ejemplo, después de la pandemia se me quedó una cosa de estar muy al día, de escuchar todas las noticias y estar pendiente. Y de repente dije: tío, deja esto, date un paseo, escucha a los pajaritos y conecta con eso (risas). Los 40 me han ayudado a aprender un poquito más a cómo estar tranquilo, en la calma, a cómo ser feliz, a tener la conciencia tranquila y buscar la paz mental.
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El público
¿Cree que el público de cualquier edad se va a sentir identificado?
–Pues no lo sé, no lo había pensado hasta ahora, la verdad, buena pregunta. Tampoco en el momento piensas quién se va a sentir aludido. Tú sueltas lo tuyo y... Pero si lo pienso bien, en canciones como Matorrales y Lo mismo que tú hay mensajes bastante universales. Luego sí que hay canciones más personales como I Don’t Know Why. No sé, supongo que tendremos que esperar un poco de tiempo para ver cómo recibe la gente cada tema.
La fotografía como conexión
¿Qué le gustaría que sintiese el público al escuchar el disco?
–Que lo disfrute. Nosotros buscamos simplemente mantenernos como somos, con un mensaje como el de siempre. Queremos que haya canciones bonitas, que te muevan, y que la gente se sienta feliz. Cuando escucho a Bob Marley es como el momento alegre de mi vida. Si me pongo Sepultura, me cambia mucho. Yo intento ser más Bob Marley que Sepultura, teniendo claro que tiene que haber de todo, por supuesto. Pero mi huequito, nuestro huequito, queremos que sea el de las palmeras, el sol, la playa, el...
Pero ser feliz parece que se ha convertido ya una misión imposible.
–Claro que el dinero no hace la felicidad, pero andar tan apretado, con la soga al cuello, hace que todo sea muy complicado, eso es así. No sé lo que está pasando pero veo a la gente con la mente un poco nublada. Así que si nosotros, con nuestra música, podemos ayudar un poquito a que la gente sea algo más feliz o que, por lo menos, se olvide un poco de tantos problemas en el día a día, fantástico. Nuestra misión es ofrecer felicidad y un poquito de reggae (risas).
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Que está tan de moda en la industria...
–(Risas) No ha sido sepultado. Es una música de raíz, muy espiritual, muy agradable al oído. El reggae está en muchos sitios y, de hecho, creo que está de vuelta. Por ejemplo, la música colombiana está como muy en auge y hay artistas colombianos a los que les está yendo muy bien haciendo versiones de temas míticos de reggae. Incluso hay gente del reggae revival, que llevaba la bandera del reggae, que dejó de hacer reggae puro y ahora está volviendo. Al final, con tanta inteligencia artificial y tanta artificialidad, va a volverlo orgánico y el reggae va a tener un hueco fuerte.
Próximos pasos
Toca ahora la agenda de festivales y, más tarde o más temprano, volverán a girar por salas ¿ O cuáles son los planes de Green Valley?
–Viene un verano movidito y en otoño estamos viendo si hacemos un tour por Latinoamérica, porque tenemos un concierto muy fuerte en Bogotá ya previsto y, ya que vamos a viajar, queremos aprovechar para hacer más actuaciones. Pero ahí acaban nuestros planes. Tampoco me gusta el tener todo ya planificado y cerrado. Imagino que a principios del año que viene volveremos a las salas y espero que también a Gasteiz, claro.
Ahora que ya está el disco publicado y los conciertos en marcha ¿se ha quedado vacío hasta que lleguen nuevas inspiraciones o la maquinaria sigue funcionando?
–Sigue funcionando, y no siempre ha sido así, porque normalmente me quedo vacío después de los discos. Es verdad que con este hemos tardado cuatro años en sacarlo. Cuando salió el anterior, sí hubo año y pico en el que no quería escribir. Pero no está pasando así esta vez. Estoy activo, encendido, y tengo un proyecto en la cabeza, que todavía no quiero desvelar. Pero tengo una idea de futuro para un próximo proyecto, con el que no tengo ninguna prisa.
