Persépolis concluye con la sentencia escogida como titular para enfocar este artículo. El acróstico que sigue define su esencia. Es el Pueblo que no desaparece bajo el peso del miedo, la Emancipación como futuro irrenunciable que enarbola la desobediencia. La Resistencia de lo cotidiano, un no entregar la voz aunque tiemble. La Sororidad de una niña abrazando lo prohibido. La Ética de la memoria, el hacer del recuerdo una forma de justicia. La Proscripción, a veces grito, a veces silencio, pero nunca cenizas. La condena al Ostracismo y el desafío de la Lucha libertaria como derecho, no como concesión. La búsqueda irreductible de la identidad. La Subversión de las manos que se buscan en la oscuridad y al encontrarse, hacen de la noche un comienzo. P E R S É P O L I S.

Marjane no crece, se desdobla. “Quería ser al mismo tiempo la justicia, el amor y la cólera de Dios”. Jugaba a la guerra para comprender el mundo revolucionario en el orbitaba alrededor de su yo curioso, arropada por la lucidez de un entorno progresista y protegida en un sólido bastidor familiar, en el que entretejió un pensamiento crítico nutrido de referentes como Marx y el punk, alejándola de Dios y sus aforismos endebles, insostenibles frente a una Revolución que pronto fue despojada de una inverosímil ingenuidad, mostrando doble filo. Abraza la memoria y la lectura histórica como armas para la resiliencia.

Entre Irán y Europa, tradición y modernidad, aceptación y expulsión, estalla en pedazos la fragmentación de un yo que se ve obligado a aprender demasiado pronto que el mundo es inhabitable, que vive el cambio como una grieta íntima, en el lenguaje, en la ropa, en el cuerpo de una niña que asume con urgencia que existir puede ser un acto político. La identidad se curva hasta volverse extraña, desestabilizando la correspondencia entre realidad y representación, devolviendo distancia en vez de reconocimiento.

Con la contundencia sin artificios del negro sobre blanco, esta biografía honesta de la represión está perfilada con trazos sencillos, pero sumamente expresivos y esclarecedores, porque el dolor no necesita color para ser visible. No es solo una elección estética; este recurso marca un reduccionismo evidentemente ontológico. En esta simplificación visual se oponen antagonismos extremos: la libertad se confronta a la opresión, la fe a la violencia, la infancia a la muerte. En esta simplificación visual subyace una complejidad abrumadora, en palabras de Satrapi: “Solo cuando el mundo se vuelve insoportablemente complejo, el arte debe ser elemental”.

La novela es una herida abierta, universal, que mana dolor en un presente continuo y desarraigado, bajo la mirada prepotente de un Occidente hipócrita que condena presionando sin cauterizar. Irán es un ser vivo que tiembla, pero no se subyuga, latiendo hasta nuestros días como un tambor antiguo. Esta novela es la semilla que rompe el asfalto, la fuerza de cada gesto cotidiano, una poderosa insurrección de la alegría al cobijo de la clandestinidad. Se condena el autoritarismo iraní de manera tan incisiva como la autocomplacencia moral de una Europa que no se reconoce partícipe del avasallamiento.

El dolor de la pérdida de los héroes (que se prefieren torturados en las cárceles a laureados como mártires), velos y desvelos, hombres devorando a hombres, maledicencia regurgitada por una represión feroz. Irán como cantera humana y escaparate de cámaras nupciales, donde los muertos afligen, pero se cuida de los vivos. Satrapi traza la evolución de una generación educada en la escuela laica y difícil de secular; setenta y cinco latigazos no calman su beligerancia, iracundos ante la impotencia de más de un millón de muertes que podrían haberse evitado. “Pasear por las avenidas con nombres de mártires era como hacerlo por un cementerio”.

La autora es despojada de su infancia y blindada contra el miedo al descubrir el cuerpo de su amiga entre los escombros. “No había grito en el mundo capaz de apaciguar mi sufrimiento y mi cólera”. Marji absorbe la vida, transpira una política inseparable de lo cotidiano, omnipresente en la escuela, en el velo, en la música prohibida. La violencia es estructural, el impulso democrático de origen no se diferencia de la teocracia y el absolutismo dogmático posterior. La fusión de lo imaginario, lo simbólico y la realidad, se explican como registros aislados por Jacques Lakan en sus estudios sobre el psicoanálisis. “Solo los idiotas creen en la realidad del mundo, lo real es inmundo y hay que soportarlo”. Esa filosofía de la resignación, tan persa, solivianta el espíritu rebelde de toda una generación, que crece viñeta a viñeta, como lo hacen sus contradicciones, fruto de una dialéctica que la hace extranjera incluso en su propio país.

Persépolis humaniza conflictos complejos. El desarraigo y la búsqueda de la identidad son las constantes. “Mentía sobre mi nacionalidad. Ser iraní no me resultaba fácil. Era más fácil mentir que asumirlo”. La epistemología de este relato gráfico se desmarca de la narrativa histórica tradicional, con una verdad no construida con la objetividad de la distancia, sino a través de la experiencia vivida en los primeros años de conciencia y la inmediatez existencial, en la que se forja un espíritu dividido entre lo que anhela ser y lo que se le permite a uno y a otro lado.

NOVELA GRÁFICA:

‘Persépolis’

Autor: Marjane Satrapi.

Traductor: Carlos Mayor.

Editorial: Reservoir Books.

Páginas: Desde 1979 hasta nuestros días.

La crítica a los complejos europeos respecto al mundo islámico, desconocido en su esencia y profundamente estigmatizado, segregando a quienes pretende liberar, es contundente. Desmonta además una de las formas más sutiles del cinismo fuera de oriente: la apropiación del feminismo como herramienta de superioridad moral, indiferente frente a evidentes desigualdades orgánicas, desde una posición paternalista que niega sus propias carencias.

Europa es un reflejo infiel que devuelve lo que no somos, una versión desplazada, alterada por las tensiones del entorno. Cuestiona el velo, pero no sus propias formas de control sobre el cuerpo femenino. Sus discordancias denuncian la represión ejerciendo la exclusión, hablan de libertad coartándola. La fuerza de la historia de Marji reside en su capacidad para incomodar, diluyendo la practicidad de la idea de identidad como algo inmutable. Plantea de manera descarnada la desconfianza hacia cualquier sistema proclamado como transparente. Persépolis obliga a cuestionarse: no hay ideología, sistema ni cultura exento de fisuras, redefiniendo el cómic como espacio de reflexión ética e histórica. No busca la reconciliación de ambos mundos ni suavizar tensiones, sino algo mucho más valioso: mirar de frente la facilidad con la que cualquier sociedad olvida sus propias disonancias y la necesidad urgente de recordar que ninguna voz debería ser unánime.