Yone EstivarizFotógrafa

"Vitoria puede apostar por proyectos de nueva creación, pero todavía no arriesga tanto, va un poco a lo seguro"

Claro que queda mucho por hacer, investigar y desarrollar, pero el sello fotográfico de la creadora gasteiztarra Yone Estivariz cada vez atrae más miradas y suma más reconocimientos. Una trayectoria en la que además, ella también se convierte en impulsora de festivales y comisaria de certámenes

04.07.2021 | 00:49
Yone Estivariz, fotógrafa

Vitoria – Ha llovido lo suyo desde aquella primera exposición colectiva (Protocolos de envejecimiento) en la desaparecida sala Luis de Ajuria junto al resto de alumnos de los talleres de fotografía y vídeo de la Escuela de Artes y Oficios. Era principios de 2009. Pocos meses después, Yone Estivariz fue una de las cuatro ganadoras de la primera edición de Gazte Klik, certamen del que justo ahora ha sido comisaria asociada, concurso que se ha convertido en toda una cantera de nuevos talentos de la creación alavesa. Ella es uno de los más claros ejemplos de eso junto a nombres como los de Sara Berasaluce, Jennifer Custodio, Leire Baztarrica y Jon Gorospe. Dos años antes, en 2007, la creadora gasteiztarra comenzó su formación fotográfica en el citado centro, una senda que pasó también por la Escuela de Arte y Superior de Diseño (hoy IDarte). Los pasos después discurrieron por Madrid, India y, durante más de tres años, Londres. Pero regresaron a Vitoria, desde donde sigue cimentando una trayectoria jalonada también por no pocos premios en reconocimiento a su labor y su mirada.

No es la cultura un área que, desde el punto de vista laboral, se caracterice por la estabilidad. ¿Por qué meterse de lleno?

–Hay que apostar en la vida por aquello que uno quiere. Es lo que hace que tengas éxito o no en tu profesión. Si pico en muchas cosas, no me centro en nada, y es verdad que así podría tener, como dices, una estabilidad económica, pero no me estaría realizando en nada. Para mí la fotografía fue una apuesta plena porque era lo que me gustaba, lo que sentía que tenía que hacer, y en lo que me quería desarrollar. Es verdad que hay momentos en los que, en torno a la estabilidad, te preguntas: ¿toda la vida va a ser así? Pero lo cierto es que todos los días me levanto con ganas para trabajar, para continuar un proyecto, para insistir o investigar sobre algo, para crear nuevas cosas. En ese sentido, el cerebro está tan activo y expresando tanto, que compensa otras cosas. Millonaria no me haré pero, bueno, ¿en realidad, quiero ser millonaria?

Pertenece a unas nuevas generaciones en las que lo normal hubiera sido optar por la imagen en movimiento, por el audiovisual. ¿Por qué la fotografía?

–Por la parte de mi familia paterna, el arte está considerado más como un hobby. En su día, mi padre me dijo: ¿seguro que no quieres hacer vídeo, que parece que tiene más salidas? No. Opté por la imagen fija porque la fotografía me apasiona desde que la descubrí. Ahora parece que nos hacemos expertas en todo, que haces fotografía pero también sabes de diseño gráfico, de ilustración, de vídeo y de todo. Yo no. Me dedico a la fotografía. Me gusta la fotografía. El vídeo está bien como complemento, pero no me mueve lo mismo. Hago fotos y las puedo tocar. Es un proceso mágico que para mí es palpable. No quiero desprestigiar nada, que no se me entienda mal. El audiovisual me parece una herramienta que seguramente es ahora más útil y está mejor considerada que la fotografía. Todo lleva vídeo hoy, eso es así.

Bueno, en realidad hoy todo el mundo es fotógrafo o, por lo menos, lleva una cámara de manera permanente en los móviles.

–Todos hacemos fotos. Puedes considerarte fotógrafo o tal vez otras cosas, pero eso es diferente a que eso que haces sea tu modo de vida. La fotografía se ha convertido en algo muy accesible para todas y todos. Y es bueno que eso haga que se valore más la fotografía. Antes solo estaba al alcance de unos cuantos. Ahora no es así. Incluso no es algo tan indiscreto que salgas a la calle con la cámara. Todo el mundo hace fotos, pero no todo el mundo es fotógrafo. Y es genial que todo el mundo haga fotos para que algunos sí que sean fotógrafos y fotógrafas.

Pero da la impresión de que una sociedad como la actual está rodeada de imágenes sin tener, en realidad, una educación visual para saber leer.

–En todas estas cuestiones siempre hay un punto instintivo, pero en general no estamos educados en ese sentido. Ahora hay mucha basura digital que contamina mucho la parte educacional. Pero con tantas opciones como se presentan hoy también podemos llegar al punto de encontrar cosas que sí que son realmente interesantes y a las que antes igual no se podía acceder de manera tan sencilla. Hoy podemos encontrar a muchas autoras y muchos autores. Hay más información, lo que pasa es que hay que saber buscarla. Como consumimos tantas imágenes, a veces no le damos el tiempo suficiente a observar, a pararnos de verdad y mirar este o aquel trabajo. En muchas ocasiones, la imagen viene y pasa a la siguiente, y pasa a la siguiente, y pasa a la siguiente. Si en cinco segundos no me ha atraído, ya no presto atención. Lo quito y no voy más allá.

En un momento dado de su trayectoria formativa, la fotografía le llevó primero a India y después a Londres, donde vivió varios años. ¿Por qué volvió a Vitoria?

–Toda profesión implica una inquietud. Y hay profesiones que requieren una inquietud y quietud en un lugar, lo que hace que puedas asentarte tranquilamente. Y hay profesiones que te requieren una inquietud y un salir, un volar y un experimentar. Ojalá supiera la razón por la que volví (risas). Pero bueno, son momentos de la vida. Una compañera me propuso montar un estudio de fotografía y regresé, aunque fue un fracaso. Pero me quedé. Al final, también volví a encontrar muchos de esos lazos de los que con 23 años me había desligado. Y Vitoria es una ciudad donde puedes conocer más y de manera más cercana. Londres es muy grande. Recuerdo, por ejemplo, cuando hice allí un máster e hicimos una exposición en una galería. Organizar aquella muestra supuso un trabajo ingente solo a la hora de tocar puertas. Todo el mundo está allí siendo el más artista o la más artista, y tú que quedas como ¿y lo mío ya va a funcionar? No estaba igual en un momento de mucha confianza. Eso sucede mucho en los primeros años de formación. Tienes algo pero estás siempre con las dudas de si vale.

Eso sí, ahora está en ese punto en el que enseña a quienes vienen detrás, a las nuevas generaciones.

–Nunca dejas de ser enseñada. Yo guío pero porque también me están guiando. Por ejemplo, todo lo que me ha aportado este año hacer el máster en Fotografía Documental de CFC es una aprendizaje que me ayuda muchísimo a que yo pueda hablar luego sobre eso a esas nuevas generaciones. El hecho de no parar esa etapa formativa me ayuda a que ese conocimiento no se estanque y lo pueda trasladar. Eso sí, lo de estar con esas nuevas generaciones también me lleva a preguntarme: ¿tanto tiempo ha pasado desde que yo estaba en ese lado y ahora estoy en el otro? Bueno, sí (risas). Pero es bonito ver cómo te sientes identificada con ciertos patrones y dudas.

Premios, exposiciones y proyectos van configurando una trayectoria cada vez más conocida, pero ¿cuál es, o debe ser, el sello de Yone Estivariz?

–Creo que antes hacía las cosas por el hecho de tener que ganar algo o tener que ser expuesta en este lugar o tener que conseguir una determinada aprobación social. Pero he llegado a un punto en el que eso no es importante. Lo fundamental es hacer algo que a mí me satisfaga. En ese proceso de cambio y de evolución, ahora hago las cosas porque quiero. Es verdad que en 2020 fue el año de las becas y los concursos, pero más allá de eso, los dos meses de confinamiento fueron muy positivos porque me ayudaron mucho a dedicarme de manera plena y exclusiva a algo que necesitaba. No estaba con la pretensión constante de necesito ganar este concurso o el otro. Los certámenes están bien porque ponen en valor tu trabajo, no me entiendas mal. Pero para mí lo importante ahora es esa satisfacción personal de desarrollar un proyecto, hacerlo y componerlo sin que deba tener más o menos recorrido externo. Es el camino que estoy intentando asentar.

En esos premios, sobre todo en los dedicados a las nuevas generaciones, la presencia de las creadoras es muy superior. O en algunas programaciones expositivas...

–Pero discrepo. Es verdad que se están sacando concursos o apuestas destinadas a la presencia de la mujer, pero seguimos viendo en eventos o citas a mayor escala donde el 90% son fotógrafos. Por ejemplo, congresos o charlas sobre fotografía. O si miramos a muchos colectivos de gente consolidada, verás una o dos mujeres como mucho. Estamos todavía en la mira del pasado. Para que eso cambie, todavía queda mucho recorrido. Se sigue tirando de conocidos y la presencia femenina se queda al margen.

Antes hablaba de esa vuelta a Vitoria desde Londres. ¿Cómo ve a la capital alavesa en el plano cultural?

–Es una ciudad, entre comillas, cómoda para desarrollar ciertas cosas. Hay un contacto más directo y eso facilita que puedas construir. Te da una comodidad, además, para poder hacer algo que luego puedas llevar a otros lugares. Puede ser un buen contenedor de tu creación para que luego se pueda mover, viajar. Vitoria apuesta, también entre comillas, por proyectos de nueva creación aunque todavía tiene esa mirada del pasado, de no arriesgarse tanto, de ir un poco a lo seguro. Es una ciudad en la que puede haber dinero para la cultura, en la que ese dinero puede repartiste entre proyectos, pero también es una ciudad en la que muchas veces ves que en ese reparto aparecen los mismos nombres, las mismas ideas muchas veces obsoletas y un tanto carcas. Falta esa chispa de nuevas creaciones, que, eso sí, llegarán.

Yone Estivariz sigue haciendo su camino hacia dónde.

–Estoy ilusionada con que el proyecto personal sea una de las bases de ese camino, más allá de que luego haya otros trabajo fotográficos y otras áreas que reclamen mi atención relacionadas con la gestión cultural, por ejemplo. El dedicarle el tiempo necesario a lo que tengo dentro espero que siga siendo la prioridad.

Tenía 18 años cuando entró en Artes y Oficios. ¿Qué se diría ahora si pudiera encontrarse con aquella alumna de fotografía?

–Le gustaban muchas cosas y también perdió mucho el tiempo (risas). Pero le diría que siga adelante. Gracias al caos que formé desde los 18 años hasta los 33, ahora veo que también hay calma, que empiezo a sentir las cosas de otra manera, no tan impulsiva, tan sin control. Me perdono más. Hace cinco años me daban unos disgustos terribles si no me habían seleccionado en un concurso o para una exposición. Hoy creo que si no sale algo, no pasa nada. Tu trabajo sigue estando ahí, sigue siendo lo suficientemente bueno para seguir en ello. No sé si algún día cerraré un proyecto por completo, pero seguiré en ese crecimiento y apuesta.

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