La semana pasada departíamos sobre el Guernica en ocasión de su octogésimo aniversario. Explicábamos que Picasso pintó esta obra por pura evolución plástica y no como respuesta al bombardeo del pueblo de Gernika. Decíamos que esta monocroma y tremebunda obra no gustaba en su día, recibiendo malas críticas de público y especialistas. Que por ello al gobierno republicano en el exilio le pareció oportuno relacionarla con la masacre ocurrida en Gernika pues la destrucción de la ciudad vasca había ocurrido en las mismas fechas de realización de la obra. También contábamos que el cuadro fue utilizado con fines propagandísticos por dicho gobierno, viajando por medio mundo para recaudar fondos para el bando republicano así como para los refugiados que huían de España. En 1942, el cuadro se instala. Se “refugia” en Manhattan, en el MoMA, hasta su regreso a España cuatro décadas después.
Gradualmente la obra se convierte en el monumento antibelicista por excelencia. Es decir: en anti monumento. Quizá el primero de la historia del arte. Llega a ser tan célebre que incluso Franco quiere, a finales de los sesenta, que la obra vuelva a España pese a que el Guernica no deja de ser un símbolo de un genocidio fascista. Pero Picasso se opone a ello. “Solamente volverá con la República” y dirige una carta al MoMA dejando registro escrita su oposición a que su obra sea repatriada. Años después de la muerte de Franco, y también de Picasso, el abogado del artista firma la conformidad -hablamos del 21 febrero 1981- para su retorno a España. A los dos días, el teniente coronel Tejero asalta el Congreso español en un fallido golpe que como efecto colateral producirá dudas en los norteamericanos sobre la pertinencia de que el legendario cuadro antibelicista regrese a una España con una democracia tan endeble. Pero las dudas se acaban disipando.
El Guernica, no deja de ser, por lo tanto una obra grupal. Aunque Picasso la pintó, capas de significado han sido añadidas después. Por el gobierno republicano que encargó dicha obra y la utilizó con fines propagandístico. Por el museo que la acogió. Por el dictador español que la quiso recuperar aun siendo una bofetada propinada contra él mismo. Y por los ciudadanos del mundo entero que en peregrinación han acudido y siguen acudiendo a contemplarla.
“Hacía un día espléndido y el avión venía lleno de turistas con camisas de flores y el irremediable ataque de melancolía que suele traer de la mano el final de las vacaciones. Eran las 8,27 de la mañana del 10 de septiembre de 1981. El Boeing 747 EC-DLD Lope de Vega, vuelo comercial Iberia IB-952 procedente del aeropuerto John F. Kennedy de Nueva York, tomó tierra en Barajas con 319 pasajeros y 19 tripulantes a bordo. Con los motores aún encendidos, el comandante Juan López Durán tomó la palabra y, con voz entrecortada, dijo: Señoras y señores, bienvenidos a Madrid. Tengo que decirles que han venido? acompañando a el Guernica de Picasso en su regreso a España”.