La Asociación Helduak Adi! llevará a los Cursos de Verano 2026 de la Universidad del País Vasco una propuesta de reflexión y debate que pone en el centro una cuestión cada vez más relevante para el conjunto de la sociedad: cómo construir una vida plena a lo largo de todas las etapas del ciclo vital, también en la madurez y la vejez. El encuentro, previsto del 22 al 24 de junio, pretende abrir una conversación pública sobre diversidad, desarrollo comunitario e intergeneracionalidad, tres dimensiones que como entidad organizadora consideramos inseparables si se quiere responder, con realismo y ambición, a los cambios demográficos y sociales de nuestro tiempo. La primera jornada contará, además, con la intervención de la consejera de Bienestar, Juventud y Reto Demográfico, Nerea Melgosa, que hablará de intergeneracionalidad, en un marco que busca conectar la reflexión social con las políticas públicas. La iniciativa se presenta, así, como una invitación a repensar el lugar que ocupan las personas mayores en la vida colectiva y a debatir qué transformaciones culturales, institucionales y comunitarias resultan necesarias para que el aumento de la longevidad vaya acompañado de más participación, más reconocimiento y mejores oportunidades de desarrollo personal y social.

La propuesta del curso parte de una convicción clara: la dimensión intergeneracional no puede entenderse como un complemento decorativo dentro de las políticas sociales o comunitarias, sino como una herramienta de primer orden para reforzar la convivencia, el aprendizaje mutuo y la cohesión social. En una sociedad marcada por el envejecimiento de la población, por trayectorias vitales cada vez más diversas y por nuevas formas de vulnerabilidad y aislamiento, desde Helduak Adi! defendemos la necesidad de repensar la relación entre generaciones no desde la distancia, sino desde la cooperación. Reivindicamos espacios cotidianos en los que sea posible compartir conocimiento, tiempo, responsabilidades y proyectos comunes, desde el convencimiento de que una comunidad más cohesionada no surge solo de prestar servicios, sino también de favorecer relaciones estables de reciprocidad y reconocimiento.

El curso gira en torno a un concepto clave: Vida Plena. No se plantea como una fórmula abstracta ni como un ideal retórico, sino como un proceso dinámico que integra distintas dimensiones de la experiencia humana y que obliga a mirar el envejecimiento desde una óptica más compleja y más fértil que la habitual. Desde esta perspectiva, vivir plenamente no significa responder a un modelo único de éxito personal, sino poder desarrollar capacidades, sostener vínculos, participar en la vida social y encontrar sentido a la propia trayectoria en contextos concretos. Para nuestra asociación, esa mirada permite desplazar el debate desde la idea de carencia hacia una comprensión más completa de las posibilidades que siguen abiertas en etapas que con demasiada frecuencia se describen únicamente en términos de pérdida. Nuestro planteamiento, por tanto, no niega la existencia de necesidades de cuidado, pero cuestiona que esa sea la única lente desde la que observar a las personas mayores y su lugar en la sociedad. También invita a preguntarse qué condiciones materiales, culturales y relacionales hacen posible una existencia con autonomía y significado, y hasta qué punto las políticas públicas contribuyen hoy a sostener esa aspiración.

Esa aproximación se apoya en cuatro pilares que estructuran tanto el contenido del curso como la filosofía que lo inspira. El primero sitúa a la persona en el centro, atendiendo a su trayectoria vital, sus deseos, sus recursos y sus condicionantes. El segundo pone el foco en las capacidades, entendidas no como un patrimonio fijo que se agota con la edad, sino como un ámbito susceptible de seguir desarrollándose también tras la jubilación. El tercero mira al entorno social y comunitario, es decir, al conjunto de condiciones que facilitan –o dificultan– que esas capacidades puedan desplegarse en la práctica. Y el cuarto se refiere al sentido de utilidad social, una dimensión especialmente relevante en un momento de la vida en el que muchas personas se preguntan qué papel pueden seguir desempeñando y de qué manera sus proyectos individuales pueden conectarse con necesidades colectivas.

El programa del curso recorrerá estas dimensiones de forma progresiva. La primera jornada estará dedicada al marco teórico y conceptual, con un recorrido histórico del concepto de vejez, a cargo del pensador y escritor Joxe Arregi, y la intervención de la doctora en sicología Dolores Majón que hablará de diversidad y convivencia. Cerraremos esta primera sesión con la intervención de la consejera Nerea Melgosa sobre intergeneracionalidad. La segunda jornada se orientará hacia experiencias concretas desarrolladas en nuestro territorio vinculadas con Vida Plena. Son tres los casos que se presentarán: un proyecto intergeneracional en Debagoiena, en colaboración con los municipios de la mancomunidad y la Ikastola Arizmendiarrieta; la experiencia comunitaria BIBE-Lezo, sobre nueva longevidad y vida plena, y el proyecto Altxor, dirigido a personas cercanas a la jubilación para acompañarlas en la elaboración de proyectos vitales tanto individuales como colectivos. Con ello, el curso pretende mostrar que los marcos conceptuales adquieren verdadero sentido cuando se traducen en prácticas concretas, evaluables y conectadas con necesidades reales de la población.

La tercera jornada incorporará una dimensión especialmente relevante desde el punto de vista institucional. Está prevista la presentación de la Estrategia Vasca de Personas Mayores 2026 2029 por parte de Marian Olabarrieta, directora de Apoyos para la Vida Plena del Gobierno Vasco, seguida de una reflexión colectiva de las personas que asistan al curso, con metodología participativa, orientada por especialistas liderados por la Diputación Foral de Gipuzkoa. Ese diseño responde a una voluntad explícita: que las personas asistentes no se limiten a escuchar diagnósticos o propuestas ya cerradas, sino que puedan contrastar ideas, formular observaciones y contribuir con su propia experiencia. En otras palabras, el curso no aspira únicamente a difundir conocimiento, sino también a crear un espacio de interlocución entre administración, profesionales, entidades sociales y ciudadanía. La aspiración es que el diálogo entre experiencia social e iniciativa institucional no se agote en el propio curso, sino que ayude a consolidar marcos de cooperación más estables y a enriquecer futuras decisiones públicas con una visión menos fragmentada del envejecimiento.

En el trasfondo del curso aparece, además, una cuestión de gran alcance cultural y político: qué sentido adquiere la vida en la etapa de la jubilación y de qué manera puede vivirse ese tiempo en términos de vida plena, con autonomía, orientación y participación. En Helduak Adi! defendemos que una parte importante de las personas llega a esa etapa sin dependencia y con un amplio recorrido biográfico por delante, por lo que consideramos insuficiente abordarla exclusivamente desde la lógica de los cuidados o de la asistencia. La jubilación no debería entenderse como un cierre pasivo, sino como una transición que abre nuevas preguntas sobre el uso del tiempo, la continuidad del compromiso social, la transmisión de experiencia y la reformulación del proyecto vital. Este cambio de mirada resulta especialmente significativo en sociedades que, al mismo tiempo que envejecen, siguen arrastrando estereotipos reductores sobre la vejez. Frente a esa tendencia, el curso propone reconocer la pluralidad de situaciones y poner el acento en las condiciones que permiten sostener una vida con vínculos, propósito y capacidad de decisión. La cuestión, en definitiva, no es solo cuánto se vive, sino cómo se vive, con qué oportunidades de contribución y bajo qué marcos de reconocimiento público se construye una etapa que hoy ocupa una parte cada vez más extensa de la biografía de un colectivo amplísimo de personas.

Desde esta perspectiva, hablar de Vida Plena implica desplazar el foco de las carencias a las capacidades, pero también revisar marcos sociales, culturales e institucionales que a menudo limitan la participación de las personas mayores o reducen su presencia pública a un papel pasivo. El reto, tal como lo formulamos en Helduak Adi!, consiste en abrir un debate social de mayor alcance sobre cómo construir una sociedad más equitativa para todas las edades, en la que la diversidad no sea tolerada de manera abstracta, sino incorporada como base efectiva de la convivencia y del desarrollo comunitario. La pregunta de fondo no es solo cómo atender mejor el envejecimiento, sino cómo integrarlo en un proyecto compartido de sociedad que reconozca derechos, capacidades y contribuciones. Ese es, precisamente, el horizonte que plantea este curso de verano: convertir la diversidad social e intergeneracional en una oportunidad real para repensar los vínculos, fortalecer la comunidad y ensanchar el significado de una vida digna y plena en todas sus etapas. En un momento en que las transformaciones demográficas obligan a revisar prioridades públicas y categorías culturales muy arraigadas, la propuesta de Helduak Adi! sitúa sobre la mesa una idea exigente pero fecunda: que una sociedad se mide también por su capacidad para ofrecer a todas las personas, con independencia de su edad, condiciones reales para seguir formando parte del nosotros común. En ese sentido, el curso no solo propone una reflexión sobre la vejez, sino una discusión más amplia sobre el tipo de convivencia que se desea construir y sobre el lugar que deben ocupar el cuidado mutuo, la reciprocidad y la participación en una comunidad democrática. Quedan ustedes invitadas e invitados al curso. l

Antonio Campos es presidente de la Asociación Helduak Adi! Elisabet Arrieta es directora del Curso