La situación geoestratégica del mundo resulta tan preocupante que nos hace relegar otras cosas al archivo cerebral, cuando no al olvido.

Aun reconociendo que la actualidad nos invita a olvidar porque son relegadas por magnitudes, como el genocidio en Gaza por Israel, calificado así por la Relatora Especial de Naciones Unidas sobre la situación de los derechos humanos en los Territorios Palestinos Ocupados, Francesca Albanese, en su denuncia ante el Consejo de Derechos Humanos de la ONU.

A su vez, el atentado del ISIS en Moscú nos ha hecho recordar la guerra entre Rusia y Ucrania, al atribuir Putin responsabilidad a Ucrania diciendo que los perpetradores huían a Ucrania.

Irán exporta componentes de drones a Rusia para su uso en Ucrania. Sí, Irán, cuyo consulado en Damasco fue destruido en bombardeo aéreo atribuido a Israel, matando a ocho personas, entre ellas un importante líder de la Guardia Revolucionaria. Todo ello es inquietante porque señala una posible escalada que nadie queremos.

Perdonadme. Siempre he sido tozudo en esto de impedir que el macro se coma al micro. Hay cosas y casos individuales que no podemos ni debemos olvidar.

Pablo González, periodista, lleva hoy 765 días detenido en Polonia, país integrante de la Unión Europea, y aún no sabemos por qué. Se dijo en su día que por espionaje, pero esa acusación no se ha materializado, con lo que su derecho a la defensa ya se ve mermado. Por no hablar de su derecho a no ser arbitrariamente detenido. 765 días en los que solo ha podido ser visitado por su mujer en dos ocasiones, y por su hijo mayor y su madre en una de ellas. Entre medias, cartas que se le entregan con mucho retraso. Siempre se nos ha argumentado que la Unión Europea, donde pronto tenemos elecciones, tiene como nexo común la defensa de los derechos humanos. Demuéstrese poniendo en libertad a Pablo González. Demuéstrese que nuestra libertad de información y con ella nuestra libertad de expresión y opinión no están en entredicho.

@Krakenberger