El Barcelona, rival este domingo del Baskonia, afronta un verano de profunda reconstrucción y uno de los nombres que centra el foco es Willy Hernangómez.
El pívot madrileño aterrizó en el Palau como uno de los grandes golpes del mercado europeo, con cartel NBA, estatus de estrella y la etiqueta de referente interior llamado a marcar diferencias. Sin embargo, tres temporadas después, su balance está lejos de lo esperado.
El contrato del internacional español expira en junio de 2026 y, a día de hoy, su futuro aparece completamente abierto. “No hay nada. Me estoy centrando en el final de la temporada”, reconoció recientemente el jugador al ser preguntado por su situación. Una respuesta prudente que refleja el clima de incertidumbre que rodea a una figura cada vez más discutida en Barcelona.
Porque más allá del ruido externo, los números invitan a la reflexión. En la presente Euroliga, Willy promedia 5,6 puntos y 3,8 rebotes en algo más de 13 minutos por partido, registros muy alejados de los que se esperaban de un jugador con su caché y trayectoria. Son, además, sus peores estadísticas en años y la confirmación de una temporada marcada por la irregularidad.
El club blaugrana ya trabaja en la incorporación de nuevos interiores para la próxima temporada, con nombres como Moses Wright, del Zalgiris, que promedia 13 puntos de media, o Josh Nebo, del Milán, con una media de 10, como piezas más apetecibles.
Ambos superan con claridad los 5,6 puntos que ha firmado esta temporada en la Euroliga Hernangómez. Sobre la mesa, la dirección deportiva encabezada por Navarro busca músculo, energía y presencia en la pintura, precisamente los aspectos en los que el rendimiento de Hernangómez ha dejado más dudas.
Más ruido que juego
Incluso dentro de la actual plantilla, Youssoupha Fall, pese a haber disputado 10 partidos menos en la ACB, presenta unas medias no muy alejadas: el senegalés promedia 10 minutos y 6,4 puntos por partido, mientras que Willy Hernangómez alcanza los 16 minutos y 8,6 puntos.
El exbaskonista ha ofrecido mayor consistencia defensiva, intimidación y capacidad para sostener al equipo atrás, aspectos muy valorados en la élite europea. Por su parte, Willy continúa mostrando talento ofensivo cerca del aro, aunque su impacto global ha ido disminuyendo con el paso de los meses.
A la decepción deportiva se han unido además varios episodios internos. Durante la etapa de Roger Grimau trascendió un fuerte desencuentro entre jugador y técnico, con una supuesta frase de Hernangómez que agitó el entorno azulgrana y evidenció la tensión existente en el vestuario. “No me comas la oreja, que te quedan dos telediarios”.
Aquella imagen dañó todavía más la percepción pública de un jugador ya señalado por su rendimiento. No se discute su calidad técnica. Pocos pívots europeos poseen sus recursos al poste, su toque cerca del aro o su facilidad para producir puntos en espacios cortos.
El problema es que el baloncesto moderno exige mucho más que eso. Defensa del bloqueo directo, movilidad lateral, intimidación y capacidad para cambiar en emparejamientos son apartados donde Willy continúa sufriendo.
Su caso representa una paradoja evidente. Fue MVP del EuroBasket 2022 liderando a selección española de baloncesto, pero no ha conseguido trasladar esa jerarquía al proyecto culé. Ni con Grimau ni posteriormente con Joan Peñarroya ha logrado consolidarse como pieza indiscutible.
En el Palau la sensación es clara: se esperaba un jugador dominante y ha aparecido uno intermitente. Demasiados partidos discretos, poca continuidad y una influencia menor de la prevista para una de las nóminas más altas del vestuario. En tiempos de reajuste económico, esa ecuación pesa todavía más.
Con el Barça pendiente de cerrar su temporada y diseñar la siguiente, el futuro de Hernangómez apunta a uno de los grandes asuntos del verano. Escuchará ofertas, valorará escenarios y decidirá su próximo paso. Mientras tanto, la realidad es incontestable: quien llegó como estrella termina el curso convertido en una incógnita.