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El declive del Dreamland Gran Canaria

El cuadro canario, que estrena técnico, ha pasado de codearse con los mejores de la ACB y de Europa a temer por el descenso

El declive del Dreamland Gran CanariaGran Canaria

El presente del Dreamland Gran Canaria, visitante de esta tarde en el Buesa Arena, es el reflejo de una temporada que se ha torcido de forma abrupta. Lo que hace apenas unas semanas era un equipo con aspiraciones a consolidarse en la zona alta y pelear por estar en la Copa del Rey, se ha transformado de repente en una lucha angustiosa por asegurar la permanencia en la Liga Endesa.

El 14 de febrero marca el inicio de la caída. Aquel triunfo frente al Covirán Granada (82-90) fue el último de un equipo que, desde entonces, ha encadenado una dinámica negativa que le ha hecho perder pie en la clasificación. La falta de regularidad, especialmente en los finales de partido, y una evidente pérdida de confianza han ido erosionando a un grupo que hasta ese momento había competido con solvencia.

La situación se agravó en Europa para el próximo rival del Baskonia. El Gran Canaria no logró superar la fase de grupos de la Basketball Champions League, quedándose fuera tras caer ante el ERA Nymburk y firmar un balance equilibrado (3-3) insuficiente para avanzar. Una eliminación prematura que reforzó la sensación de estancamiento y falta de respuesta del equipo en momentos clave.

El desgaste terminó por tener consecuencias en el banquillo el pasado 8 de abril. La destitución de Jaka Lakovic puso fin a una etapa histórica en el club insular. 

Más allá del mal momento actual, el técnico esloveno deja un legado incuestionable: campeón de la Eurocup en 2023, presencia habitual en play off ligueros, participaciones constantes en Copa del Rey y una estabilidad competitiva que el club no alcanzaba desde hacía años. Su salida, sin embargo, simboliza la necesidad de un cambio ante una dinámica que parecía irreversible.

Refuerzos sin efecto

Ni siquiera los movimientos en el mercado han servido como solución inmediata. La incorporación de Kassius Robertson, un anotador contrastado en la Liga Endesa, y la llegada del exbarcelonista Chimezie Metu, con experiencia en Euroliga y capacidad física diferencial, pretendían dar un impulso al equipo en el tramo decisivo. Sin embargo, la urgencia clasificatoria y la inestabilidad colectiva han impedido que estos refuerzos cambien el rumbo de forma inmediata.

La situación se volvió aún más delicada en el último compromiso liguero ante el San Pablo Burgos, un rival directo en la pelea por la permanencia. Más allá del adverso resultado final, la imagen del Gran Canaria Arena dejó una fotografía poco habitual: amplios sectores vacíos en las gradas y una afición totalmente desconectada de su equipo. 

Algunos seguidores abandonaron el pabellón antes del final, reflejando un malestar que posteriormente se trasladó a las redes sociales. En medio de ese ambiente tenso, la presencia del presidente Sitapha Savanédurante un tiempo muerto, supervisando de cerca la situación, evidenció la preocupación existente en el seno del club.

Con el equipo en una espiral negativa, la directiva ha optado por un golpe de efecto inmediato: la llegada de Néstor García. El técnico argentino, conocido por su carácter y capacidad para reactivar vestuarios en situaciones límite, asume el reto de cambiar la inercia en las últimas jornadas del campeonato. 

Su misión será reconstruir la confianza del grupo y devolver competitividad a un equipo que ha perdido solidez en ambos lados de la pista.

Así, el Gran Canaria encara el tramo final de la temporada con más dudas que certezas. Su próximo enfrentamiento ante el Kosner Baskonia se presenta como una prueba exigente y, al mismo tiempo, una oportunidad para medir si el cambio de rumbo comienza a surtir efecto. 

Para el conjunto canario, cada partido es ya una final en su objetivo de seguir formando parte de una de las ligas más exigentes del baloncesto europeo.