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El Baskonia ondea la bandera blanca en el OAKA

Los azulgranas, con una rotación inédita por las bajas, sucumben sin oponer resistencia ante el Panathinaikos

28.01.2022 | 21:47
Enoch, en la foto intentando contener a Bochoridis, fue el único pívot disponible

Uno de los peores Panathinaikos desde que se fundó la Euroliga y sin sus estrellas Macon y Papagiannis fue demasiado para un Baskonia en cuadro, con cuatro de sus piezas más importantes ausentes físicamente y las nueve disponibles ausentes mentalmente. Si a los vitorianos les hubieran ofrecido dar por perdido el encuentro y poder adelantar su vuelo de regreso a Vitoria, seguramente lo hubieran aceptado, ya que saltaron al paqué a verlas venir, desesperanzados y sin ese carácter que les llevó a dar la sorpresa en su visita a Múnich esta misma temporada, en la que lograron dar la sorpresa en una situación similar, aunque, en su defensa, con una rotación más compensada.

En esta ocasión, el club azulgrana se presentó en el OAKA sin ala-pívots por las bajas por covid-19 de Alec Peters y Sedekerskis y con Enoch como único cinco debido a la lesión de última hora de Matt Costello, que sufrió un esguince en el tobillo durante la sesión de tiro de la mañana y, aunque lo intentó hasta el último momento, no pudo participar. Así las cosas, a Spahija no le quedó más remedio que utilizar una rotación inédita, con momentos en los que fue necesario frotarse los ojos para creerse que Sander Raieste, en sus primeros minutos de la temporada tras una larga lesión, estaba jugando en el puesto de pívot acompañado por Giedraitis en el cuatro.

IMPOTENCIA DESDE EL INICIO
Por si las importantes ausencias del cuadro azulgrana no fueran suficiente lastre, el quinteto inicial, la única combinación reconocible formada por Granger, Baldwin, Giedraitis, Fontecchio y Enoch, comenzó el partido desubicado, como si los jugadores ondearan la bandera blanca antes de comenzar el choque y no creyeran en la complicada gesta. La falta de intensidad defensiva, las imprecisiones en el pase y el empeño en los aclarados como único recurso para intentar hacer daño al Panathinaikos provocaron que los griegos comenzaran pronto a saborear la que a la postre sería su victoria más sencilla de lo que va de Euroliga. El cuadro de Priftis aprovechó la somnolencia azulgrana en el arranque para estirar el marcador hasta el 22-6 con un parcial de 15-2, ventaja que sería muy complicada de remontar para un Baskonia que necesitaba completar un partido perfecto para tener opciones de triunfo.

Fue en ese momento cuando llegaron los minutos más surrealistas, con Raieste y Giedraitis como interiores y Enoch en el banquillo con dos personales. No lo hizo del todo mal el estonio, aunque seguro que agradeció la ausencia de Papagiannis en el Panathinaikos, ya que el gigante griego habría mostrado menos clemencia que Kavvadas y Evans ante la falta de centímetros del Baskonia en la pintura. Con la vuelta del quinteto inicial a la pista, los de Spahija lograron contener temporalmente la sangría, pero cuando se juega con un quinteto tan pequeño y no se castiga desde el perímetro –los gasteiztarras fallaron sus 13 lanzamientos desde el triple en la primera parte–, es imposible plantar batalla.

DISMINUIR DAÑOS
El 38-20 que reflejaba el marcador al final de la primera mitad era incluso demasiado corto para la desastrosa actuación del equipo, plagada de errores y de malas decisiones individuales, aunque era suficiente para dar el partido por sentenciados. Por lo tanto, los únicos objetivos que le quedaban al Baskonia eran intentar que la paliza fuera la mínima posible y evitar a toda costa que más piezas se sumaran a la enfermería, ya que el próximo martes toca disputar otro duelo de Euroliga contra el Zenit, equipo mucho más sólido que el Panathinaikos, una de las cenicientas del torneo este curso.

El suplicio continuó durante 20 minutos más, difícil papeleta para el cuerpo técnico y los jugadores, impotentes ante un rival que no tuvo piedad y aprovechó una de las pocas ocasiones de divertirse que ha tenido este curso. El único punto de interés del partido para los seguidores azulgranas, si lo hubo, fue poder ver de nuevo en acción a Sander Raieste y a Marinkovic y disfrutar también de los minutos que Spahija dio a Barrera en el último cuarto. El arreón final de Baldwin, que se aprovechó de la inexperiencia del jovencísimo Avdala para engrosar sus números en el tramo final, sirvió para maquillar un marcador que para nada refleja lo visto en la cancha, ya que el 57-32 del final del tercer cuarto se convirtió en 10 minutos en un 75-63.

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