Ciencia e investigación

Premio a la excelencia científica

No es fácil estar en la lista del 2% de los científicos más influyentes del mundo. Los investigadores Carlos Garbisu y Ramón Juste comparten este reconocimiento gracias a sus aportaciones en microbiología ambiental y sanidad animal

14.03.2021 | 00:37
Los científicos Carlos Garbisu y Ramón Juste realizan sus investigaciones en las instalaciones del instituto vasco de investigación y desarrollo agrario Neiker. Ambos confiesan sentir gran vocación y pasión por seguir aprendiendo y aportando avances en sus respectivos campos.
P ertenecer al club del 2% de los científicos más influyentes del mundo es más que un orgullo para Carlos Garbisu y Ramón Juste, dos investigadores del instituto vasco de investigación y desarrollo agrario Neiker.

Una distinción que premia sus aportaciones en microbiología ambiental y sanidad animal, respectivamente "Es un reconocimiento al trabajo, a esa vocación que en la ciencia es el motor del esfuerzo necesario para investigar, ya que es una profesión muy exigente", considera Garbisu. Aun con todo, sólo piensa en todo lo que le queda por aprender..., ya que considera que lo más bonito de su profesión es el camino del aprendizaje. "La distancia por recorrer siempre es infinitamente más larga que la recorrida", apunta. También Juste recibe con satisfacción este galardón internacional a la excelencia científica. "Reconocimientos así no llegan con frecuencia, y menos a escala internacional. Viene a compensar todos los esfuerzos dedicados".

 
Carlos Garbisu
"En agricultura se han dado pasos enormes en la buena dirección"

Biólogo, investigador, docente y con un reconocimiento internacional a la excelencia científica. Casi nada. Décadas de profesión le llevan a pensar que la sociedad no ha prestado a la ciencia la atención que se merece. Ha tenido que llegar una pandemia como la del coronavirus para lograr cierto reconocimiento social. "Está claro que ahora hay una sensibilidad social mayor por el covid, no sé si es coyuntural o ha llegado para quedarse, que me encantaría", anhela Carlos Garbisu.

En su opinión, la ciencia tiene un problema. "Requiere mucha financiación y, además, la gente no entiende muy bien lo que hacemos los científicos. Quizá en parte es culpa nuestra, por no dar más a conocer nuestro trabajo, así que sólo se presta atención a la utilidad de los científicos cuando hay un problema, como el covid o el cambio climático", señala. No obstante, "en Euskadi, en comparación con otros territorios, las administraciones son conscientes de la importancia de la ciencia y están invirtiendo cada vez más", defiende.

Garbisu es un apasionado de su labor investigadora, que describe de forma concisa y sin demasiados tecnicismos. Es ecólogo microbiano, y como tal, estudia las interacciones entre los seres vivos y entre los seres vivos y su entorno. Analiza los microorganismos, esas bacterias, hongos y algas microscópicas que no se ven a simple vista, en su entorno natural, no en un laboratorio porque es ahí, en su hábitat, donde hongos y bacterias se organizan y comportan como una verdadera comunidad, como una sociedad en la que, al igual que los humanos, colaboran, compiten... Y su entorno son, sobre todo, los suelos agrícolas y los contaminados.

La importancia del suelo

"El suelo es un recurso olvidado en comparación con el agua, por ejemplo. Y es del suelo de donde, de forma directa o indirecta, sacamos la mayor parte de los alimentos; también algodón y lino para textil; madera para la construcción... Además, el suelo recicla los nutrientes, realiza infinidad de funciones y una de las más importantes es la agrícola, por supuesto, sobre todo, en Álava", explica.

A diferencia de Bizkaia y Gipuzkoa, con una pasado industrial de más peso, la contaminación de los suelos llega a Álava de la mano de los plaguicidas y fertilizantes utilizados por los agricultores. "Lo bueno es que en los últimos años está habiendo una importante transición hacia una agricultura más sostenible. Cierto que se puede mejorar, pero también que hemos mejorado", valora. "No tienen nada que ver las prácticas agrícolas y ganaderas de ahora y de hace veinte años, se han dado pasos enormes en la buena dirección", afirma.

Y es ésa, precisamente, la línea a seguir en pos de alcanzar un necesario equilibrio entre el impacto negativo que el sector primario puede tener en el medio ambiente y la necesidad de producir la tierra como fuente de abastecimiento de alimentos. "Hay que llegar a un equilibrio y producir de forma sostenible, más en un territorio como el alavés donde esta actividad ocupa una gran parte del suelo". Es en ese punto donde investigadores como Garbisu aportan al sector primario las herramientas necesarias para hacer mejor las cosas.

Al margen del impacto de los humanos sobre el planeta, engloba los principales contaminantes de los suelos en metales pesados (cadmio, cinc, plomo y cobre), hidrocarburos derivados del petróleo, y plaguicidas y exceso de nutrientes, como nitrógeno y fósforo, en agricultura. Además, los científicos, cada vez prestan más atención a los denominados contaminantes emergentes, aquellos productos que habitualmente utilizamos en nuestras casas, como medicinas y cosméticos. Su efecto también es nocivo, ya que acaban en depuradoras no preparadas para eliminarlos y de ahí pasan a los acuíferos. "Por ejemplo, los antibióticos que se administran al ganado, en parte son expulsados a través de la orina y de las heces, y no se nos puede olvidar que ese estiércol se usa después para abonar el suelo.

Por eso hay que hacerlo de forma adecuada, ya que puede contener residuos de antibióticos o bacterias multiresistentes a los antibióticos, otra de las grandes amenazas a nivel mundial de la que alerta constantemente la Organización Mundial de la Salud (OMS)", subraya.

Curar el suelo

Y, llegados a este punto, ¿cómo se cura un suelo contaminado? Garbisu ha dedicado parte de su carrera a sanar suelos contaminados mediante técnicas biológicas, es decir, utilizando bacterias y hongos, menos perjudiciales que otros sistemas, tipo lavados químicos o incineraciones que eliminan el contaminante pero, a su vez, dañan el terreno al ser tratamientos demasiado agresivos.

"Bacterias y hongos sirven, por ejemplo, para degradar los contaminantes en derivados del petróleo; en cambio, los metales pesados son demasiado duros y no se pueden degradar de esta forma. Su recuperación es muy compleja, de ahí que, a veces, se realice con tratamientos más agresivos que, al mismo tiempo, dañan la salud del suelo. En Euskadi, por nuestro pasado y presente industrial tenemos suelos contaminados, pero están muy bien inventariados, en eso somos pioneros", desgrana.

A Garbisu, la naturaleza le sorprende cada día por su complejidad: "cuando crees que has entendido algo, te das cuenta de que no es así", indica. "A mí, lo que más me interesa es saber cómo funciona la red microbiana de bacterias y hongos que hace que funcione el suelo, que esté sano". Y en eso focaliza su labor investigadora. "Es una de las redes más complejas del planeta y nos faltan décadas para entender bien cómo funciona", se entusiasma.

Su gran vocación por la ciencia queda patente en la fuerza de su palabra. "El suelo es la base del ecosistema terrestre. Si coges con una cucharadita de café un poco de suelo del Gorbea, puedes comprobar que ahí tienes diez mil o veinte mil especies de bacterias, billones de individuos, tan sólo en unos pocos gramos viven decenas de miles de especies de hongos y bacterias, y todos interactuando... La ecología microbiana del suelo es, probablemente, el mayor reto.

Por eso, quiero entender cada vez mejor esta red, para después aplicar esos conocimientos en beneficio de una agricultura más sostenible. El suelo es uno de los recursos, junto con el agua, más importantes. Y el funcionamiento del suelo depende de todos esos microorganismos", subraya, ávido por saber más.


Ramón Juste
"Nos interesa que los animales estén sanos y tener contacto con ellos"

Su aportación a la ciencia pivota alrededor del ámbito de la micobacteriosis, es decir, las enfermedades producidas por micobacterias atípicas como la tuberculosis, la más común. "Desde el punto de vista de la medicina humana, todo lo que no es tuberculosis es atípico, ya que no suele haber infecciones de ese tipo en personas. En concreto, en la que nosotros trabajamos más es en micobacterium paratuberculosis, que produce una enfermedad intestinal en los rumiantes", explica Ramón Juste.

Investiga los mecanismos por los que la enfermedad se produce y se transmite. "En cada individuo, la enfermedad se produce porque un agente (una bacteria o un virus) entra en su organismo y origina unos cambios que dan lugar a lesiones, que hacen enfermar al animal hasta el punto de que puede morir", detalla el experto en sanidad animal.

Eso, a escala individual –puntualiza– ya que, a escala general, también estudia cómo un animal infectado elimina el agente infeccioso al medio ambiente o cómo la infección se transmite a rebaños enteros, por ejemplo. "Es lo que se denomina epidemiología; eso que tan de moda está ahora porque, con el coronavirus, todo el mundo sabe de epidemiología, o dice saber...", ironiza Juste.

Aunque nacido en la localidad oscense de Barbastro, donde inició sus prácticas de clínica veterinaria a pie de campo, Juste lleva décadas afincado en Euskadi y aportando su granito de arena a la ciencia desde el instituto de investigación agraria Neiker.

"Para ser exactos, desde que en 1982 se montó todo el sistema vasco en tiempos del veterinario y político José Manuel Goikoetxea. Siempre decía que quería traer al País Vasco a los mejores científicos que pudiera encontrar, que después ya se harían vascos... y creo que lo consiguió", rememora con cariño.

Muestra de ello es que "fuimos el primer laboratorio de la Administración en ofrecer un servicio fluido a los veterinarios clínicos y a los ganaderos, lo que sentó las bases y sirvió como ejemplo para el resto de las comunidades autónomas", valora.

Además, "al combinar esa labor con la investigación, fuimos capaces de prestar servicios muy avanzados para la época, y en esa línea hemos seguido, atendiendo las demandas que han ido surgiendo en cada momento, como los casos de las vacas locas, la lengua azul, etc.", narra.

Salud animal

A día de hoy, "la salud de la ganadería alavesa y vasca está mucho mejor de lo que ha estado nunca", apunta, sin dudar. A punto de erradicarse la tuberculosis y de que Euskadi quede libre de esta enfermedad, como en su día eliminó la brucelosis (fiebres de malta que también afectabas a las personas), ahora se vigila el covid y la posibilidad de que se transmita entre humanos y animales. No obstante, "este coronavirus, en particular, parece que no afecta a los animales, más allá de una forma anecdótica. Parece que no se producen las mutaciones necesarias para que de los animales pase a las personas", tranquiliza Juste.

Más allá de la preocupación que siempre existe en la sociedad ante la posibilidad de que determinadas enfermedades pasen de animales a personas y viceversa, este científico aporta una visión desde otra perspectiva totalmente diferente: el doble papel que juegan los animales, no sólo como transmisores de enfermedades sino también como benefactores para la raza humana. "Hay virus en los animales que, al entrar en contacto con las personas, generan defensas en los humanos, que nos ayudan a defendernos contra el propio virus. Por eso, estar en contacto con animales es bueno y, a veces, te hace más resistente", asegura.

En definitiva que, egoístamente, a las personas les debe interesar y preocupar el buen estado sanitario de la ganadería puesto que, la buena salud de los animales contribuye a aumentar las defensas de las personas. "Nos interesa que estén sanos y mantener cierto contacto con ellos porque, de esta forma, nuestro organismo se refuerza y se mantiene activo nuestro sistema inmune", informa.

Vacunas


Y, al igual que esperamos como agua de mayo la vacuna contra el covid, las vacunas son cruciales para mantener la buena salud animal. "Son la solución para prevenir enfermedades porque refuerzan sus defensas y evitan que enfermen y tengan que tomar antibióticos, otro de los problemas de la medicina actual: la resistencia a los antibióticos", advierte.

Por eso, si algo lamenta Juste es que durante esta pandemia sanitaria no se hayan tenido más en cuenta los conocimientos y aportaciones de los veterinarios. "Vamos a colaborar con los médicos porque, como humanos, nos interesa conocer el efecto de las vacunas en los animales, siempre hemos experimentado con ellos..., ya que de lo que se trata, en definitiva, es de realizar un trabajo preventivo, más que curativo", indica.

Ovejas, vacas, cabras, aves, cerdos... y mascotas. La cabaña animal es amplia en Álava y Euskadi y, aunque cada especie tiene sus propias enfermedades, las más comunes en ganado bovino de leche son cojeras, mamitis y paratuberculosis. Y en ovejas, la mamitis y la enfermedad de Maedi, que produce fatiga crónica y que, precisamente, se reconoció por vez primera gracias a los avances en Neiker. "Más que de epidemias que llegan y arrasan, suelen sufrir males crónicos, pero que afectan a la producción", subraya Juste.

Su vocación tampoco le permite dejar pasar la oportunidad de reclamar más financiación para la investigación, ahora que la pandemia ha puesto la lupa en la ciencia. "Espero que nos esté ayudando a mejor posicionamiento y a hacer llegar a la sociedad la importancia del conocimiento, de la investigación y de ser punteros para poder después resolver los problemas que se nos presenten", anhela. En su opinión, "la investigación no está bien reconocida a nivel nacional. En principio, todo el mundo coincide en que es buena y necesaria, pero luego, en la práctica, no se plasma en igual medida", considera.

Además, falta apoyo económico. "Sí, tanto a la hora de financiar proyectos como de pagar a los investigadores; los salarios son muy bajos, están incluso por debajo del sueldo de un técnico de la Administración con menos cualificación. En otros países, sí se paga, pero en España, no. Y, si algo está quedando patente con esta pandemia, es que si no tienes una infraestructura fuerte, dependes de otros países para resolver problemas", advierte.
 

DESARROLLO AGRARIO

VALOR AÑADIDO AL SECTOR PRIMARIO

Neiker. Para el instituto vasco de investigación y desarrollo agrario, este reconocimiento refleja también la excelencia científica de Neiker, la cual es "especialmente meritoria si tenemos en cuenta el reducido número de investigadores frente al de muchos otros centros también incluidos en el ranking de Stanford". Sin olvidar el valor añadido y la mejora de la competitividad que supone esta labor investigadora para el sector primario vasco, de cara a aportarle valor añadido y mejorar su competitividad.

Ciencia y pandemia. Carlos Garbisu y Ramón Juste reconocen que la pandemia del coronavirus ha contribuido a aumentar el reconocimiento social de la ciencia. Sólo esperan que no sea algo coyuntural.

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