Alerta sanitaria: un año de lucha en las residencias

Un año de lucha en las residencias

El responsable foral de Políticas Sociales, Emilio Sola, hace un repaso de los esfuerzos que en los últimos 12 meses ha realizado la Diputación de Álava por contener la "fuerza inusitada" del coronavirus en los centros para mayores

27.02.2021 | 00:29
Desde que entraron en vigor las restricciones para contener la transmisión del covid en los centros para mayores se interrumpió la normalidad que hasta ese momento se hacía en sus zonas comunes. En la imagen, usuarios de la residencia San Antón de Armuru (Amurrio).Fotos: Pilar Barco

El coronavirus entró "con una fuerza inusitada" en las residencias alavesas al inicio de la pandemia, ya que Vitoria fue una de las primeras ciudades en el Estado en la que se detectaron los primeros brotes, recuerda el diputado alavés de Políticas Sociales, Emilio Sola. "De hecho, Álava en su conjunto y, en especial, su capital estuvo muy afectada durante la primera ola por este motivo", subraya Sola.

Por ello, desde finales de febrero del año pasado, "inmediatamente después de conocerse el primer caso en Euskadi, y concretamente en Gasteiz, comenzamos a tomar medidas ante el covid-19, ante la especial vulnerabilidad que desde el comienzo de la pandemia se detecta en las personas usuarias de residencias y otros centros sociosanitarios".

No en vano, sus residentes suelen, por lo general, ser de edad avanzada, con patologías de base o comorbilidades, y estrecho contacto con otras personas, como son los diferentes profesionales, otros convivientes y personas visitantes. "Estas medidas estaban destinadas a reducir el riesgo de contagio, así como a tratar de la forma más adecuada a las personas que sufren esta enfermedad", precisa.

Y eso que "en aquellas fechas la medicina de todo el mundo sabía muy poco del virus SARS-CoV-2, como luego se ha demostrado. Por ejemplo, se decía en aquel momento que los síntomas principales eran fiebre y disnea, cuando en realidad en las personas mayores la enfermedad se inicia con problemas digestivos", ejemplifica. Por lo que muchas de las medidas adoptadas en las primeras semanas e, incluso, meses, "se han perfeccionado con el paso del tiempo" y el mayor conocimiento de virus, hasta llegar a la situación actual.

Así pues, tras conocerse ese viernes 28 de febrero de 2020 el primer caso del covid detectado en el Hospital de Txagorritxu, al día siguiente, se remitieron todos los protocolos de actuación del Departamento de Salud y del Ministerio de Sanidad a los centros de personas mayores, así como a los centros de atención a personas con discapacidad.

El lunes, 2 de marzo, los diputados forales de Políticas Sociales se reunieron con la consejera de Salud, en una cita en la que se tomaron medidas preventivas, para intentar retrasar la entrada del virus en las residencias.

A partir del 3 de marzo se colocaron carteles en las puertas de acceso a los centros recomendando una serie de medidas preventivas para las visitas de las familias.

El 5 de marzo, el mismo diputado de Políticas Sociales envió una carta a todas las familias haciendo referencia a las medidas preventivas en las visitas, y ese mismo día se limitó la visita a una persona por residente, al mismo tiempo que se realizaba un control de visitas de las personas que accedían a los centros.

Y a partir de ese día, se fueron estableciendo más medidas preventivas, como la de extremar al máximo las medidas de higiene, la de que las personas residentes con infección respiratoria aguda y/o fiebre debían permanecer en sus habitaciones o que llevaran mascarillas quirúrgicas todas las personas usuarias con una "historia clínica respiratoria". Y lo mismo se aplicó para el personal en contacto con pacientes con clínica respiratoria.

También se debía mantener una distancia de, al menos, dos metros de las personas que tosían, estornudaran y tenían fiebre, así como entre las profesionales en las reuniones de equipo. Además, se habilitó en los centros una habitación individual, para casos sospechosos de covid.

Se decidió suspender excursiones y salidas grupales y se limitaron las salidas al perímetro de los centros. Igualmente, se suspendieron las adjudicaciones de plazas en las residencias de personas mayores y posteriormente los ingresos. Y se facilitó a las familias que lo desearan, llevarse a su familiar del centro.

"Solo había pasado menos de una semana de la detección del primer caso en Vitoria, y se habían puesto en marcha decenas de actuaciones para tratar de paliar la posibilidad de contagios", remarca Sola.

Prevención MULTIPLICADA Con el paso de los días, todas estas medidas se fueron multiplicando y adaptando a la situación de cada momento. "En este punto, hay que resaltar la dificultad que tuvo la Diputación para contar con número suficiente de equipos de protección, de EPI, en aquellas primeras semanas de marzo y abril", puntualiza el responsable foral, puesto que la escasez de material "era palmaria en todo el mundo, tras la proliferación de brotes en Asia, Europa y América".

Pese al esfuerzo, "se vendían al mejor postor", y hubo una gran dificultad para que los pedidos que hacían a varios países llegaran a tiempo. "Esa fue una de nuestras grandes preocupaciones y quebraderos de cabeza en aquellas primeras semanas. Incluso un gran pedido procedente de Georgia, estuvo dando tumbos por varios continentes hasta que llegó a Gasteiz", recuerda.

Como señala al respecto, el Instituto Foral de Bienestar Social ha gastado dos millones de euros en materiales de protección y EPI desde el inicio de la pandemia a la actualidad.

Pese a ello, el día 6 falleció el primer residente en Álava, una persona usuaria de San Martín-Sanitas. Tras ello, el 11 de marzo se limitó las visitas a una hora de duración. Finalmente, el 13 de marzo se suspendieron todas las visitas a las personas residentes, salvo aquellos casos en los que se encontraban en el final de la vida, y se cerraron todos los centros de atención diurna y de día.

Fallecimiento Por desgracia, el 20 de marzo falleció la primera persona usuaria de residencias forales. Otras medidas adoptadas a partir de entonces durante la segunda ola fueron que el centro residencial Zadorra, del IFBS, se habilitó como centro sociosanitario de referencia en Álava para casos positivos de covid-19. "Y activamos el programa Etxean Zurekin, con el que se reforzó la prestación de la ayuda a domicilio a personas dependientes, que se vieron afectadas por medidas anticovid, para que tuvieran garantizados el apoyo y el acompañamiento para tareas básicas en domicilio, así como para otras actividades que requieren salir fuera de él, como la compra de alimentación y medicamentos. También se activó un servicio de comida a domicilio", especifica.

Aparte, se puso en marcha la sectorización rápida por cohortes en residencias de personas mayores, entre zonas limpias y sucias, la información y comunicación con familiares: mediante llamadas telefónicas, videoconferencias, grupos de WhatsApp... Y en cuanto a formación, información y asesoramiento, Sola remarca la colaboración y consejos recibidos por parte de los equipos de Médicos Sin Fronteras en las actuaciones a implementar para el control de la infección.

A partir del 11 de mayo, "y ante una buena evolución de la pandemia y un mejor estado de los centros y las personas residentes", se comenzó con un proceso de desescalada de las medidas adoptadas. Así pues, se iniciaron las salidas al jardín propio de la residencia/terraza. Se reanudaron los servicios de rehabilitación, actividades de ocio y tiempo libre, psicoestimulación y musicoterapia y la peluquería y podología.

El 18 de mayo, se reabrió el primer centro de día y se restablecieron los paseos en el exterior de las residencias. A partir del 25 de mayo, en la fase 2 de la desescalada, se autorizaron las visitas de familiares en determinadas situaciones. Por último en la fase 3 de desescalada, a partir del 8 de junio, se permitieron las visitas a la generalidad de personas usuarias con las medidas de protección adecuadas, y se abrieron los centros de día el 15 de junio. "Todas las actuaciones estuvieron adaptadas a cada momento y a cada situación", destaca Sola.

A finales de julio, y ya con todos los centros residenciales limpios de coronavirus, y ante la desfavorable evolución de la enfermedad, "tomamos nuevamente medidas de protección a las personas más vulnerables a este virus, con nuevas restricciones en salidas y limitación de visitas de las residencias". En concreto, a partir de ese mes de julio todos los centros residenciales elaboraron su propio plan de contingencia.

Cribados preventivos En agosto se creó el Equipo Foral Covid-19 para realizar cribados preventivos PCR a la vuelta de vacaciones o por brotes a profesionales de centros sociosanitarios y personas usuarias. Se extendió el apoyo formativo y de asesoramiento a los centros residenciales. Para ello se contó con la colaboración de la Cooperativa Humanitaria, con profesionales que han sido parte del equipo de Médicos sin Fronteras en emergencias sanitarias, así como en prevención y control frente al covid.

Junto a ello, se formaron equipos mixtos de Inspección foral y Salud pública para asegurar el cumplimiento de planes de contingencia y se mantuvo contacto diario "con la totalidad de los centros de la red pública y privada" y se solventaron de forma directa o se intermedia en su caso, las consultas y dudas.

Además, se realizaron visitas de inspección a aquellos centros que se consideró que podían tener dificultades en la gestión de la crisis y se realizaron diariamente informes sobre la situación cuantitativa y cualitativa del centro. "Todas estas medidas, especialmente los aprendizajes durante la primera ola, la provisión de materiales de protección y los planes de contingencia, han logrado que la incidencias de la segunda ola de la covid en las residencias alavesas a partir del mes de julio, y la tercera desde principios de este año, haya sido mucho menor que en la primera ola", aclara el diputado.

El 27 de diciembre se inició la vacunación en residencias alavesas, en concreto en Ajuria. De ahí, que se considere que sea de esperar que con la vacunación de todos los residentes, ya finalizada, y del personal, que se está culminando, la incidencia de la enfermedad, al menos los casos más graves pueda disminuir en las próximas semanas. "No obstante, hay que aclarar que la vacuna evita la mayoría de los casos más síntomas más graves pero no evita los contagios, por lo que el riesgo va a continuar durante tiempo, por lo que se van a tener que seguir extremando las medidas de protección, como las mascarillas o las distancias de seguridad, etc.", puntualiza Sola.

En estos momentos, la Diputación está trabajando con las otras diputaciones forales y el Gobierno Vasco en medidas para flexibilizar las visitas y salidas en las residencias cuando la situación lo permita.

Como resume, "desde la Diputación estamos realizando, desde hace un año, una labor exhaustiva con la puesta en marcha de medidas preventivas y dotación de materiales y recursos a la red asistencial de los servicios sociales". Son medidas que han contribuido a que la incidencia de la covid entre los mayores usuarios de las residencias alavesas sea moderada en este momento. "Y son medidas, en todo caso, que serán implementadas y mejoradas, si es posible, y de manera adecuada a la situación de la pandemia en cada momento".

"Todas las actuaciones en las residencias estuvieron adaptadas a cada momento y a cada situación"
EMILIO SOLA. Diputado alavés de Políticas Sociales

personas MAYORES:  EL COLECTIVO MÁS VULNERABLE
Mayor riesgo de mortalidad. Como en más de una ocasión ha destacado en lo que llevamos de pandemia el diputado foral de Álava de Políticas Sociales, Emilio Sola, "lo primero que hay que hacer es preservar la vida de estas personas. Son el colectivo más vulnerable". Y así lo han demostrado las duras estadísticas que han publicado prestigiosas revistas científicas como Nature. Uno de sus análisis determinó que por cada mil personas infectadas por coronavirus con menos de 50 años casi ninguna morirá. Sin embargo, para las que tienen entre 50 y 60 años, fallecerán alrededor de cinco (más hombres que mujeres) y a partir de esa edad, el riesgo aumenta mucho más, ya que por cada mil personas de más de 70 o más años infectadas, perderán la vida alrededor de 116.