Naiara Mtez. de IlarduyaPsicóloga de la AECC Araba

"Tenemos que seguir trabajando para llegar al final de esta pandemia que es el tabaco"

18.01.2021 | 01:03
Naiara Mtez. de Ilarduya, psicóloga de la AECC Araba

Vitoria – Naiara Martínez de Ilarduya es psicóloga en la AECC (Asociación española contra el cáncer), en la sede de Araba. Junto a esta profesional, que lleva ya varios años luchando contra el tabaquismo, hemos recorrido los diez años que han transcurrido desde que se decretara la prohibición de fumar en los bares, y analizado el trabajo que aún resta por hacer, como ampliar los espacios sin humo a otros ámbitos como las marquesinas de autobús y tranvía, o el pantano alavés de Garaio.

Han pasado ya diez años desde que el humo abandonó los bares de todo el estado. ¿Quién nos iba a decir que había transcurrido tanto tiempo desde este hito histórico?

–Sí, la verdad. Ya han pasado diez años desde la Ley Antitabaco y la verdad es que fue un gran avance. Se consiguieron grandes cosas con la ley en aquel momento. Sin embargo, en estos momentos estamos viendo que ahora mismo está un poco estancada, y que incluso podemos ver esa relajación de las medidas que pueden necesitar una revisión o una ampliación para seguir avanzando en nuestro objetivo.

En su momento, esta decisión tuvo sus detractores. Ahora se podría decir que muchas personas fumadoras están también a favor de esta ley, incluso de que se implementen más, ¿verdad?

–Sí. Es cierto que en un primer momento había cierto miedo, porque los cambios siempre dan miedo. Pero ayudó a muchas personas a dejar de fumar y a tomar conciencia sobre la situación. Y ya no solo concienciar a la población fumadora de la importancia de respetar espacios comunes sin humo para proteger a las personas no fumadoras, sino darnos cuenta todos de que estábamos expuestos constantemente a la inhalación del humo de tabaco y de vapeadores, con las mismas consecuencias. Fue como una conciencia generalizada que ayudó mucho a dejar de fumar, y notamos además ese aumento de demandas para poder dejar de fumar.

¿Qué más pasos considera que se deberían dar en ese sentido?

–Desde nuestra sede, aquí en Araba, tenemos ahora mismo dos proyectos abiertos con el objetivo de recomendar no fumar dentro de las marquesinas de autobús y tranvía, así como aumentar los espacios sin humos o vapores –que son igual de negativos–, como puede ser el pantano de Garaio. En otras provincias esto último ya se ha conseguido sacar adelante, y nuestra idea es poder ampliar esos espacios sin humo en nuestra provincia.

Diferentes asociaciones y entidades, como Osakidetza o la propia AECC, dan pautas para dejar de fumar, pero el primer paso es querer hacerlo, ¿no?

–Claro, el querer dejarlo es lo primordial. Es verdad que para poder dejar de fumar, lo principal es querer; saber que hay que hacer un esfuerzo pero que merece la pena, y aunque haya momentos en los que se pasa mal –esa adicción nos dificulta el poder dejar de fumar–, los beneficios superan a las dificultades.

Si no se hubiera aprobado esta ley hace diez años, ¿el covid podría haber sido el impulso necesario para que entrara en vigor?

–Está claro que el covid ha puesto de manifiesto la importancia de tener estos espacios sin humo, pero nosotros seguimos trabajando mucho, incluso antes de la propia ley, en buscar esa ampliación de los espacios sin humo y vapores. El covid ha ayudado a ser más conscientes y a ver la importancia de seguir respetando esos espacios y de seguir aumentándolos.

Hay jóvenes que aseguran fumar solo en un contexto de ocio. ¿La prohibición de fumar en los bares ha ayudado a que este consumo disminuya? Porque cada cigarrillo suma...

–La idea que hay que tener en cuenta es que no hay un consumo sano de tabaco; lo único sano es fumar cero. Habría que ver si es verdad que han mantenido la rutina de que al no tener ese ocio nocturno no han fumado, pero es raro, porque el tabaco genera generalmente mucha dependencia. Al principio solo fumas en unos momentos o espacios, pero la droga te va llevando a necesitar consumir más, así que habría que analizar los casos y ver si ojalá hubiera ayudado a todos esos jóvenes que fuman solo en espacios festivos a abandonar ese consumo.

En todo este tiempo, ¿han notado si han disminuido las enfermedades provocadas por el consumo de tabaco?

–La cosa es que los datos de las personas que dejan de fumar aumentan, pero es verdad que aumentan también las personas que empiezan a fumar, así que se va manteniendo equilibrado. Lo ideal sería eso, ya no solo que la gente dejase de fumar, sino que todos estos jóvenes que empiezan a fumar a edades muy tempranas no lo hicieran.

¿Qué ocurre, por otra parte, con el humo de segunda mano, el que reciben los fumadores pasivos?

–Eso es algo importante. El humo de los fumadores pasivos tiene concentraciones más elevadas de agentes que causan cáncer y es más tóxico que el humo que el fumador exhala. El 70% de la población no fuma, así que queremos disfrutar de un ocio sin humos.

Como comentábamos, hace ya diez años que entró en vigor esta ley. ¿Qué futuro nos espera en otros diez?

–Pues buscamos la eliminación del tabaco, eso sería lo ideal. No solo la concienciación es suficiente; no solo con decir que el tabaco es malo y te afecta a ti y al de en frente parece que funcione, así que creemos que tiene que ir de la mano de una regulación legal en materia de consumo de tabaco en espacios comunes, proteger la salud de las personas no fumadoras, de las personas mayores, o de los propios niños, e intentar buscar los mayores espacios sin humo y dificultar este consumo para poder conseguir esta liberación de enfermedades y de esta otra pandemia que tenemos, que es el tabaco. Habría que intentar regularizar todo, como pueden ser las terrazas de bares, playas, pantanos, las marquesinas o los coches privados, y ser más conscientes de dónde se consume y conseguir llegar al final de esta pandemia, de este gran problema que tenemos, que es el tabaco.

En definitiva, se están dando pasos, pero aún nos queda mucho por andar.

–Efectivamente. Sobre todo eso, que ahora mismo teniendo el covid, darnos cuenta de que no es lo único que se transmite por la inhalación de aire contaminado, sino que el propio humo del tabaco puede producir enfermedades como cáncer, enfermedades del corazón, enfermedades cerebro basculares, etc.

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