Renacer comercial de Sancho el Sabio

La calle se ha convertido en un foco atractivo para nuevos negocios

01.11.2020 | 00:48
tradicióny novedad

VITORIA – Cuando hace once años se apostó fuerte desde el Ayuntamiento de la capital alavesa por convertir la vetusta Sancho El Sabio en un corredor comercial urbano, referente de consumo y ocio pocos podían augurar la brillante y pujante situación de la calle en esta segunda década del siglo XXI. Esta vía que conecta la Avenida de Gasteiz con la transitada rotonda de Lovaina ofrece en la actualidad una amplia plataforma peatonal en la que conviven el trazado del tranvía, un carril para bicicletas y otro de circulación reservado para el tránsito temporal de vehículos que realicen funciones de carga y descarga.

Pocos mantendrán en la memoria la configuración previa a 2009. Una mediana central y el gran seto vegetal que dificultaba abandonar el interior del vehículo tras haber logrado encontrar un hueco para estacionar eran los elementos más característicos de una calle repleta de coches. Todo eso ya forma parte del pasado y el panorama actual es radicalmente opuesto. La amplitud de sus aceras invita al tranquilo paseo de los vitorianos, disfrutar del atractivo mobiliario urbano y su gran pérgola se ha convertido en el icono de la nueva imagen de la calle. Todos estos elementos se han convertido en un atractivo foco para multitud de emprendedores que han decidido instalarse en esta calle. Su cercanía al centro y la buena conexión, en especial con la parada de tranvía, la convierten en un centro neurálgico de la vida social gasteiztarra.

En los últimos meses ha sido varias las puertas de variopintos negocios que se han abierto y que se suman a emblemáticos locales que llevan más de medio siglo anclados en Sancho El Sabio. Los últimos en llegar, la heladería Barquillo, el antiguo Jul Tom Snack, rebautizado ahora con un término más moderno como Piscolabis. En esa acera de los números impares también se ha instalado un supermercado Veritas, enfocado a la alimentación ecológica y productos de cercanía. Otro local hostelero, el Kotarro, fue de los visionarios a la hora de apostar por esta nueva ubicación, sin ser el cogollo del centro de la ciudad, pero a escasa distancia del salón de estar de las calles peatonales. Muchos serán todavía los que recuerden los suculentos almuerzos y cenas degustados en el comedor del antiguo restaurante Iñaki, como precursor de las modernidades del Kotarro.

Casi a la misma altura que este local, pero en la acera de enfrente un nuevo bar, El poteo de Sancho, ha recogido también el testigo de otro bar no menos emblemático. Las tortillas del bar Txiki alcanzaron una fama inversamente proporcional a los escasos metros con los que cuenta el local. Más allá de negocios hosteleros también esta calle ha asistido a la apertura de líneas de negocio más variadas. Tiendas de complemento, a la vez que asesorías y clínicas dentales salpican parte los metros iniciales de Sancho El Sabio cuando se empieza a caminar desde la plaza de Lovaina. Otro de los negocios que se ha asentado también y es un referente es el orientado a vender toda su mercancía a peso y en función de las particulares necesidades de cada cliente. Harinas, cereales, legumbres, pasta y también te forman parte de las mercancías que se pueden adquirir en Solgranel, repartidas además por el local de una forma novedosa en sus sacos de tela, que ahorran también las estanterías lineales en las que disponer los artículos.

En Sancho El Sabio se produce además una extraña mezcla de esos comercios que desembarcan en la calle en busca de un próspero futuro, junto a otros más tradicionales. La zapatería u ortopedia Tricio mantiene sus puertas abiertas desde el año 1956. La librería Ayala es toda referencia a la hora de buscar cualquier publicación en medio de ese singular olor a tinta. Sigue también el local de apuestas Tito's ahora en versión 4.0 y el no menos emblemático que insta a "mantener la distancia de seguridad como si su ex estuviera en la fila con su nueva pareja", reza su simpático cartel.

Su cercanía al centro y la buena conexión, en especial con la parada de tranvía, la convierten en un centro neurálgico