Fernando MosqueraDirector médico de la Red de Salud Mental de Álava (RSMA)

"Hay un sufrimiento patente, pero es fascinante nuestra capacidad de adaptación a todo lo que estamos viviendo"

Fernando Mosquera analiza el impacto que la pandemia ha tenido sobre los recursos y los pacientes de la RSMA, pero también sobre la sociedad en general.

04.10.2020 | 00:56
"Hay un sufrimiento patente, pero es fascinante nuestra capacidad de adaptación a todo lo que estamos viviendo"

Vitoria – El director médico de este basto engranaje de recursos gestionados por Osakidetza, donde se atiende a cerca de 15.000 pacientes al año, abre las puertas de su despacho en el Hospital Psiquiátrico de Álava, un centro que tampoco se ha librado del impacto del covid y ha llevado a cabo numerosos cambios estructurales.

Tuvieron una primera ola de la pandemia difícil en la RSMA y especialmente aquí en el Psiquiátrico, con más de 30 pacientes con covid al inicio del confinamiento. ¿Cómo vivieron aquellos días?

–Tuvimos 35 pacientes infectados y aislados muchos más. Fue una situación difícil, porque nos tuvimos que enfrentar a algo absolutamente nuevo y contra lo que tuvimos que adaptarnos en las respuestas en función de lo que iba ocurriendo y de lo que íbamos aprendiendo. Al principio fue difícil de encontrar el equilibrio entre la responsabilidad, el mantener nuestra actividad asistencial y la seguridad de pacientes y profesionales. Pero la gente se comprometió de una manera realmente destacable con su trabajo, con su actitud de servicio a los pacientes y la comunidad. Y hemos contado con el apoyo de todos: Sindicatos, otras organizaciones, trabajadores, por supuesto... En el aspecto de la cohesión y la lucha contra la tragedia, fue una experiencia que nos enriqueció. Y todo eso hizo que el resultado fuera muy bueno y que los daños fueran realmente limitados.

¿La evolución de los pacientes y de los profesionales ha sido buena?

–Fue un número relativamente bajo de casos y, salvo en uno de ellos, todos se recuperaron y afortunadamente han evolucionado bien. Lo mismo sucedió con los profesionales que tuvimos y hemos tenido afectados. Hubo sólo un caso que lamentablemente falleció, un paciente que tenía patologías añadidas importantes. Por lo demás, fue difícil ver el dolor y el sufrimiento que sentían los familiares y la gente que no podía ver a sus seres queridos. Y además, rodeado todo de un clima todavía peor. Lo hemos pasado mal. Pero seguro que no tanto como en la OSI Araba, donde ha estado muriendo día a día mucha gente por este maldito virus.

¿Cómo ha afectado toda esta situación sobre sus pacientes?

–La RSMA está compuesta por muchos dispositivos, y en cada uno de ellos esta situación ha afectado de manera muy distinta. Aquí en el hospital ha afectado lógicamente por la limitación de movilidad y por todas las medidas que se han tomado para limitar los contagios. También por las limitaciones en las entradas y salidas, que no son meramente una cuestión de ocio sino parte muchas veces del proyecto terapéutico, del plan de tratamiento del paciente. La utilización de recursos comunitarios para que la gente se integre, los centros cívicos, los cursos, las actividades formativas y laborales... Este hospital rehabilita y tiene estancias bastante cortas, no tiene nada que ver con lo que era hace años. Y la pandemia está interfiriendo de manera notable en el propio tratamiento.

Habrán tenido que reinventarse en muchos aspectos.

–Durante esos meses, tuvimos que adaptar incluso los tratamientos a las imposiciones de las restricciones del covid. Por ejemplo, tuvimos que reorganizar todo el hospital en función de los casos positivos que teníamos, los sospechosos, los contactos y los casos no-covid. Hubo que adaptar todo el sistema de tratamiento, las terapias... Ha habido que buscar alternativas que no siempre tienen la misma eficacia, pero esto nos ha hecho abusar del ingenio y utilizar otros recursos. Sin el trabajo de los profesionales, de todos, esto hubiera sido imposible. Ha habido mucho esfuerzo detrás, mucho compromiso. Y esto es algo que va a quedar después de la crisis.

La situación comenzó a mejorar en junio, pero las medidas de seguridad contra el covid han tenido que seguir ahí. ¿Cómo es ahora el día a día en el hospital?

–Ahora la situación es diferente, porque a pesar de que sigue siendo un problema muy grave y que debemos tomar con mucha seriedad, tenemos más herramientas y sabemos bastante más sobre el virus. Seguimos tenido limitaciones y esto será permanente, hasta que termine la pandemia. Pero sí hemos vuelto a la normalidad en lo que respecta a la distribución habitual de las áreas del hospital. Lo que hemos hecho también, y esto es mucho más interesante, es hacer una obra y adaptar estructuralmente el edificio para lo que pueda venir. Tenemos un área que ahora está cerrada, porque no hay casos, reservada para pacientes covid y con todas las medidas de seguridad que requiere la infección. Hay también un personal que estaría asignado a esta área si fuese necesario. Además, en la unidad de subagudos, que es la que tiene una mayor entrada y salida de pacientes, hemos hecho también obra para poder disponer de unas habitaciones que permitan un aislamiento temporal para los nuevos pacientes que entren. A todos se les hace una PCR y hasta que no tenemos el resultado hay que mantenerlos aislados, porque pueden ser portadores sanos.

¿Han contabilizado casos positivos por covid-19 en esta segunda ola en el hospital?

–En este momento tenemos cuatro profesionales con PCR positiva y aislados en casa, pero se encuentran bien. Y el último paciente que negativizó el virus lo hizo el 8 de mayo. Afortunadamente, llevamos varios meses sin casos aquí.

Todo un éxito, viendo lo que ha pasado en recursos como las residencias de mayores.

–Esto habla por una parte de que se han tomado las medidas adecuadas y de que los profesionales que han estado aquí han actuado con responsabilidad, pero también hay una dosis de buena suerte. Cuando ha habido un caso sospechoso se ha aislado, se han tomado las medidas... Y por suerte, hasta ahora al menos nos va acompañando esa fortuna de que no ha ocurrido nada que escape a los controles que hemos puesto. Pero también asumimos que puede pasar y no habría que vivir eso como un fracaso. Hay que tener en cuenta que esto es un espacio sanitario, no residencial. Y los controles son más estrictos.

Se han escuchado durante este tiempo opiniones contradictorias sobre el efecto de la pandemia en la salud mental de la población. Se auguraba una avalancha de depresiones y de cuadros de ansiedad, pero también se ha dicho que finalmente ésta no se ha producido.

–Esto depende del punto que se tome para definir qué es un problema de salud mental y qué es un problema de estar en el mundo y enfrentarte a ello. Buena parte de esa contradicción tiene que ver con este enfoque. Y otra puede tener que ver con la calidad de los datos. Esto es un problema del mundo de ahora y uno de los desafíos que tenemos en el mundo de la salud mental. Tenemos una gran cantidad de información y, además, muy mala. Hay dos aspectos que hay que diferenciar de forma clara. Muy a grandes rasgos, todo lo que tiene que ver con los aspectos patológicos, con lo que podemos llamar enfermedades mentales, y por otra parte, el sufrimiento psicológico, el que tiene que ver con las respuestas emocionales. Mucha gente entiende esto último como una enfermedad mental, y de hecho se suele escuchar eso de que estoy deprimido. Pero lo que realmente está esa persona es triste. Los profesionales procuramos diferenciar esto, porque siempre hablamos del problema que tiene la psiquiatrización del sufrimiento de la vida cotidiana, el que tiene que ver con estar en el mundo. Porque esto muchas veces conlleva que la gente que lo sufre busque soluciones inadecuadas. Claro que tú puedes ayudar con un ansiolítico o una terapia a una persona que está triste para que sufra menos, pero también corres el riesgo de que se genere una sensación de falta de responsabilidad en ese proceso. Aunque sintomáticamente lo alivies, estructuralmente lo empeoras.

¿La actividad ha crecido durante este tiempo en sus consultas?

–Está claro que hay un aumento de cuadros de ansiedad, de dificultad y de sufrimiento, que los ha vivido casi cualquier persona. Pero que esa carga de dolor, de angustia, se transforme en una enfermedad mental, no tiene por qué suceder necesariamente. Si se me pregunta qué ha pasado con las esquizofrenias o con el trastorno bipolar durante estos meses, diré que no ha habido cambios. Es posible que algunas de estas enfermedades hayan cambiado su temática expresiva. Es decir, que si alguien antes tenía un delirio con los marcianos, ahora puede tenerlo con infectarse del covid. Pero el número global de consultas nuevas que hemos tenido de marzo a agosto con este tipo de diagnósticos, los trastornos mentales graves, paradójicamente ha sido menor. Es posible que haya sido más por un problema de dificultad de acceso al sistema, de no querer salir... Es una cuestión que ahora tenemos que analizar, porque ahora no sabemos la razón.

¿Tiene datos más concretos?

–En las redes de Gipuzkoa y Bizkaia, las consultas de trastorno mental grave han bajado alrededor de un 30%. Y en nuestro caso, cerca de un 50%.

¿Cómo cree que saldremos, como sociedad, de esta crisis?

–Hay un sufrimiento patente, y meramente de sentido común. Pero es algo muy relevante ver nuestra capacidad de adaptación, la resiliencia, a todo esto que estamos viviendo. Es fascinante. Nos hemos adaptado de manera muy notable. Y por esto tengo la convicción de que saldremos psicológica, emocional y socialmente reforzados de esta situación. Ojalá no hubiéramos tenido que pasarla, pero creo que vamos a crecer como sociedad. Siempre ha pasado históricamente con las grandes pandemias, que han venido acompañadas de un grado de cohesión social importante. Vamos a poder vivir una etapa de fortalecimiento, al menos en lo que respecta a lo emocional.

A día de hoy, ¿le preocupa algún sector de la población en concreto? Hay especialistas que han puesto el foco, por ejemplo, en el empeoramiento de la salud mental de las personas mayores.

–Obviamente, en una situación de sufrimiento en la comunidad, cualquier factor de vulnerabilidad o cualquier grupo que sea más vulnerable se va a ver afectado. La vulnerabilidad de la gente mayor es física, comunitaria, social... la que impone la soledad... Fundamentalmente, el sufrimiento emocional que hemos tenido pasa por la angustia y por la soledad. Esa soledad nos afecta a todos, pero en estos grupos de edad, entre la gente mayor, es más importante. Pero la vulnerabilidad también está dada en otros aspectos entre los adolescentes, en otros aspectos en los niños, en otros en las personas que tienen enfermedades mentales graves y crónicas.Nadie se está librando.

"Este hospital rehabilita y la pandemia está interfiriendo de forma notable en el tratamiento"

"El último paciente del hospital que negativizó el virus lo hizo el 8 de mayo. Llevamos meses sin casos"

"Tengo la convicción de que saldremos psicológica, emocional y socialmente reforzados de esta situación"