Oion suspende las fiestas pero no los recuerdos

El Katxi asoma para despedirse

Oion suspende las fiestas en pleno brote de covid-19, pero no los recuerdos. Así lo apunta el alcalde, Eduardo Terroba: "hace cinco meses iniciamos una escalada peligrosa hacia un pico más alto que el del León Dormido".

20.08.2020 | 22:46
El Katxi se asomó en enero a la torre de la iglesia de Oion, pero se despidió rápidamente con un agur, hasta el año que viene. La pandemia del coronavirus no hace posible que se celebren las fiestas de Acción de Gracias, arraigadas a las jotas, txarangas, verbenas del kiosko de la plaza, degustaciones, danzas, cabezudos y toros de fuego.

El Katxi no volará este año desde la torre de la parroquia. A los oyoneses les quedará el consuelo de haberle visto aparecer en las fiestas de San Vicente y San Anastasio, cuando todo apuntaba a que en nuestro país iban a cambiar muchas cosas a costa de la pandemia que se avecinaba.

Pero lo importante ahora es cuidarse y El Katxi, Juan José Ordoyo, sabe lo que es importante: cuidarse y volver al año que viene con más ganas y sin sobresaltos, porque él es un símbolo de la alegría y de la convivencia y así lo han entendido todos aquellos que han tenido la suerte de asumir a ese personaje, "el señor Benito, su hijo y ahora yo", comentaba Ordoyo. Para él y su familia es un verdadero honor representarlo, porque "es un personaje muy querido y más por el tema de los niños. Es de agradecer, porque ves las caras, las ilusiones que tienen y te emociona ver cómo lo disfrutan".

No hay fiestas de Acción de Gracias, pero el Ayuntamiento no ha querido dejar de estar presente con el programa de las no fiestas, por los siempre interesantes artículos que dejan constancia de los avatares del año transcurrido desde las anteriores fiestas, así como de los trabajos de investigación que publican los estudiosos de Oion, como Manuel González, que este año se centra en El vivir de la villa de Oion en 1718.

También era de esperar el mensaje institucional del alcalde, Eduardo Terroba. Contextualizando el momento que vive Oion, recuerda que "hace cinco meses iniciamos una escalada peligrosa hacia un pico más alto que el del León Dormido. Una montaña que, a medida que la subíamos, iba creciendo en altura y peligro". Apunta que "el que dirigía la escalada era un virus desconocido, frío, cruel y destructor. Sin haber sido invitado, se presentó en nuestras casas y pueblos de forma inesperada, pesada, desagradable y mortal". Señala que es un "año duro el que nos está tocando vivir. Más duro para las personas que han perdido a sus seres queridos". E insiste en que "la responsabilidad de que esto termine de la mejor manera posible depende de todos y todas. Las autoridades sanitarias llevan la batuta. Nos recuerdan hasta la saciedad lo que debemos hacer. Tres palabras resumen nuestro comportamiento: higiene, mascarilla y distancia".

Por eso se han suspendido las fiestas, pero no los recuerdos. Y en estos días, todos recordarán las del año pasado cuando se comenzaron a concentrar las cuadrillas para acudir a la plaza del Ayuntamiento para disfrutar del descenso del Katxi desde la torre, a través de una larga sirga que lo lleva hasta la terraza en la plaza de San Vicente, de donde baja ya convertido en un katxi de carne y hueso. Desde allí, caminando y saludando a los convecinos, accede a la Casa Consistorial, en cuyo balcón aguardan las autoridades y la asociación galardonada cada año para ser la autora del prendido del txupinazo.