10 de febrero de 2003

Ejercicios espirituales siglo XXI. La plantilla se concentra en un Monasterio

Eran voluntarios y realizar los ejercicios era una práctica corriente en aquellos años

10.02.2021 | 00:19
Monasterio de Santa María de Bujedo (Burgos), lugar de meditación en2003 para los jugadores albiazules.

Durante la década de los años 50 del siglo pasado, los jugadores alavesistas acudieron a los llamados ejercicios espirituales que, para ellos, junto a recomendaciones clericales, organizaban sus directivos. Eran voluntarios y realizar los ejercicios era una práctica corriente en aquellos años, en los diferentes grupos de la sociedad vitoriana. Los ejercicios espirituales más conocidos eran dirigidos por jesuitas y estaban basados en las experiencias personales de San Ignacio de Loyola y que sus seguidores implementaron a lo largo de muchos años.

Los jugadores del Deportivo Alavés los realizaban recluyéndose en un centro eclesiástico a lo largo de unos seis días, solamente salían de ese retiro para ir a entrenar, en los que realizaban meditaciones, oraciones, lecturas, recibían charlas sacerdotales y asistían a la misa diaria y a su eucaristía. En algunos de estos ejercicios espirituales los albiazules estaban acompañados de futbolistas de equipos gasteiztarras, boxeadores, atletas y en alguna ocasión fueron acompañados por José María Palacios, Ogueta, el pelotari alavés más universal de todos los tiempos.

A medida que la sociedad se fue modernizando, lo ejercicios perdieron fuerza y predicamento entre la sociedad, realizándose de una manera más condensada, sin tener que estar recluidos durante varios días. Finalmente, solo fueron charlas religiosas, coloquio entre amigos los llamaban sus organizadores, a los que estaban invitados los futbolistas. Eran los nuevos ejercicios espirituales. En aquellos años cincuenta y sobre aquellos ejercicios espirituales existió una leyenda urbana que indicaba que el Deportivo Alavés, tras los ejercicios, siempre ganaba. Lo curioso es que esa leyenda se hacía realidad en muchas ocasiones y era creída por los futbolistas albiazules que acudían a cada tanda anual de ejercicios.

Nos encontramos mediada la temporada 2002-03. El Deportivo Alavés cumple su quinta temporada consecutiva en Primera División y ha vivido varios de los éxitos más resonantes de su historia: 6º puesto final en el Campeonato de Liga (1999-00), dos clasificaciones para disputar la Copa de la UEFA (Europa League) (1999-00 y 2001-02) y subcampeón de la Copa de la UEFA (16 de mayo de 2001). Pero en esta campaña el equipo no carbura como en las anteriores. El domingo 9 de febrero pierde frente al Racing (2-0) en los Campos de Sport de El Sardinero, sentándose en el banquillo racinguista un tal Dmitry Piterman. La clasificación empieza a apretar y tras la derrota en tierras cántabras, el colchón sobre el descenso es tan sólo de tres puntos. Al día siguiente, 10 de febrero, los jugadores albiazules comienzan una mini concentración en el Monasterio cisterciense de Santa María de Bujedo (Burgos), situado cerca de Pancorbo, a 9 kilómetros de Miranda de Ebro, patria chica del entonces presidente Gonzalo Antón, padre de la idea.

El monasterio es dirigido por los Hermanos de La Salle que, adaptándose a la modernidad y para sacar un rendimiento económico, lo han reconvertido en un centro terapéutico de convivencia paras grupos y ejecutivos de empresas, que es precisamente lo que busca el presidente albiazul, intranquilo ante la aparente falta de cohesión en la plantilla. Durante dos días la plantilla recibe charlas, pasea, se relaja y tiene tiempo para pensar y meditar. Esta especie de ejercicios espirituales del Siglo XXI finalizan el martes 11 de febrero a la tarde y para seguir ratificando la leyenda urbana de los años cincuenta, el Deportivo Alavés en su primer partido tras su estancia en Bujedo vence al Villarreal (1- 0). Tres puntos que dan momentáneo oxígeno a los albiazules, que al final de temporada descienden a Segunda.

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los datos

Miguel Ibarra, futbolista albiazul entre

1951-52 y 59-60:

"Lo pasábamos bien. Era muy sano estar allí y, siendo voluntarios, acudía toda la plantilla. Lo más gracioso es que íbamos, estábamos una semana, salíamos a jugar y les ganábamos a todos 3-0 o 4-0. Era curioso".

 

Arbaizar, albiazul entre 1953-54 y 57-58:

"Nos venían muy bien el realizarlos en todos los aspectos. Estábamos una semana concentrados en habitaciones individuales y sólo nos movíamos para ir a entrenar a Mendizorroza. Salíamos con la mente liberada de preocupaciones".