“Todos los que me paran por la calle me dicen que iban con el Alavés en aquella final”
El delantero de Silla recuerda las grandes noches europeas con club babazorro, las cuales son difíciles de olvidar
Han pasado 25 años, pero Javi Moreno los lleva como si fueran días. El delantero que marcó dos goles en la final de la Copa de la UEFA de Dortmund e hizo soñar a toda la afición babazorra conserva los recuerdos de aquella noche con una nitidez que el tiempo no ha logrado empañar. Fue el 16 de mayo de 2001. El Deportivo Alavés plantó cara al todopoderoso Liverpool durante 117 minutos ante la mirada asombrada de medio continente. No hubo Copa, pero sí historia. De la que no caduca. El de Silla, uno de los protagonistas de aquella gesta irrepetible, repasa ahora, un cuarto de siglo después, lo que significó defender al Glorioso en la noche más grande de su historia.
“Tras la final, pedí perdón a Johan Cruyff al recibir la medalla en el palco por ganar a su hijo”
¿Siente que han pasado 25 años de aquella gran final de la UEFA?
Para nada. Mi sensación es que fue ayer cuando estábamos en Dortmund luchando de tú a tú con el Liverpool, aunque la realidad sea otra. Fue tan emocionante lo que vivimos allí que los recuerdos son nítidos aún, difíciles de olvidar.
¿Ha vuelto a ver repetida la final alguna vez en todos estos años?
Me costó hacerlo, la verdad. No fue hasta la pandemia, que me encontré el partido en Teledeporte, cuando realmente me senté y vi el partido entero. Y, pese a cómo acabó, me trajo muy buenos recuerdos. Además, aprecié cosas de las que en su día no me di cuenta sobre el césped de Dortmund.
¿Qué es lo primero que se le viene a la cabeza cuando piensa en aquella final?
Que hicimos algo histórico. Muy grande. Que un club tan humilde como era y es el Alavés llegue a una final europea tiene mucho mérito. Y más todavía si tenemos en cuenta cómo se compitió aquel día contra un gigante como el Liverpool. Estuvimos muy cerca de traernos la copa a Vitoria.
¿Cómo estaba aquel vestuario en los días previos a la gran cita?
Para nosotros todo aquello era novedad. Ninguno de los que formábamos aquella plantilla habíamos jugado una final, y menos aún una europea. Más allá de eso, lo que más teníamos eran ganas. Queríamos que llegase ya el partido, con la mente puesta en dejarnos todo por nuestra gente y hacer historia.
Dijo hace tiempo que, en la víspera, no dejó a sus compañeros echar la siesta.
(Ríe) Así fue, sí. Estaba muy emocionado, no entendía cómo, en vez de disfrutar del momento, de estar allí, algunos preferían dormir a tan pocas horas de una final ante el Liverpool. Luego, a la noche, sí que les dejé tranquilos. Ahí tocaba descansar para llegar frescos.
“Al marcar el 3-3, yo tenía claro que podíamos ganar la final; éramos un equipo sin miedo alguno”
Profundizando un poco más en el partido, ¿cómo le afectó al equipo el mal inicio?
No tan mal como podía parecer en las gradas o por televisión. Creo que al comienzo fuimos demasiados respetuosos con el Liverpool y lo pagamos muy caro. Una vez le perdimos ese respeto, que no miedo, y competimos de tú a tú, ya se vio que la final estuvo abierta hasta el final. En ningún momento nos vimos vencidos, ni con el 2-0 ni con el 3-1.
¿Qué les dijo Mané al descanso? El paso por los vestuarios fue el punto de inflexión.
Lo mismo. Nos dijo que estábamos vivos, que podíamos levantar la final. Y tenía razón, estábamos enteros. Corrigió un par de cosas a nivel táctico, que llevamos a cabo, y en la segunda parte fuimos más valientes. Se vio a ese Alavés que habíamos sido siempre, lo que nos llevó a empatar dos veces el partido.
¿Le mareó mucho Contra en el primero de sus dos goles (3-2)?
Lo hizo, lo hizo; pero ya le conocía de sobra. Cosmin era un especialista en esos recortes, aguantó genial y puso un gran centro que pude rematar perfectamente y marcar. Mareó más a los defensas del Liverpool que a mí.
“No me gustó, pero entendí que Mané me cambiara por Pablo en el minuto 60”
Poco después volvió a marcar, de falta (3-3). Siempre ha admitido que no le quiso pegar así, pero lo que igual sí que tenía claro antes de lanzar es que la iba a meter.
Hombre, cuando vi a qué distancia estaba la falta, por mi cabeza solo pasó que el balón iba a acabar dentro de la portería. Y sí, no le pegué como quería, pero así es el fútbol. Muchas veces no hace falta que todo salga como te gustaría para que la cosa acabe bien.
Ya con el 3-3 en el marcador del Westfalenstadion, en pleno éxtasis, imagino que se vieron capaces de llevarse la final.
Por supuesto. En ese momento, después de mi segundo gol, éramos un equipo sin miedo alguno, que iba hacia adelante con todo. Pero sí es cierto que el 4-3 nos hizo daño. Nos obligó a ir de nuevo a contracorriente, aunque tuvimos la fortuna del gol de Jordi en un córner (4-4) para jugar la prórroga.
Siempre le preguntan por esto, pero ¿entendió que Mané le cambiara en el minuto 60?
Lo entendí, sí. Y tácticamente tuvo sentido. Al final, lo que el míster quiso metiendo a Pablo fue reforzar el centro del campo y calmar el partido, que estaba loco. No voy a negar que yo, en ese momento, estaba muy a gusto en el campo y me veía capaz de volver a marcar, pero son decisiones que toma el entrenador y que hay que aceptar. Aunque no me gustó que me quitara, como es lógico, sí que lo entendí.
“Me costó volver a ver la final, no lo hice hasta la pandemia; me trajo buenos recuerdos”
Vivir la final en el banquillo fue mucho peor que sobre el césped, supongo.
Y tanto, porque no podía hacer nada. Grité y animé a mis compañeros como un loco, pero poco más. Desde el banquillo, la sensación es de impotencia.
¿Cómo encajó el gol de oro?
Yo, cuando vi que todo el banquillo del Liverpool saltó a celebrar el gol de Geli, no supe qué estaba ocurriendo. No me acordaba que ahí se acababa el partido; todavía faltaban unos minutos para poder empatar. Pero Raúl Gañán, que estaba a mi lado, me recordó que no.
¿Cuánto le costó superar ese varapalo?
Los futbolistas siempre intentamos olvidar lo más rápido posible. Sí que es verdad que fue un palo muy duro, sobre todo, por la manera en la que se perdió. Y en la cena posterior a la final, por ejemplo, estuvimos todos muy apagados. Pero bueno, al día siguiente ya empezamos a ser de nuevo nosotros mismos y valorar lo que, pese a la derrota, había sido una experiencia formidable.
“Mi sensación es que fue ayer cuando estábamos en Dortmund luchando tú a tú con el Liverpool”
Imagino que el buen recibimiento de la afición, que os aclamó como campeones, también ayudó a ello.
Claro, pero no nos sorprendió. La afición siempre estuvo con nosotros, desde el primer día, y la acogida en Vitoria no fue más que otro de esos gestos que la hacen tan grande. Increíble cómo nos llevaron en volandas.
El Alavés es de los pocos subcampeones a los que se recuerda, eso habla muy bien de la gesta que lograron.
Está claro. Es que ahora, con el paso de los años, es todavía más fácil valorar lo que consiguió aquel Alavés. Nos cargamos a gigantes como el Inter de Milán por el camino y estuvimos a punto de ganar también al Liverpool.
¿Le siguen parando por la calle después de tantos años?
Sí, sí. Todavía hay gente que me reconoce y que me recuerda aquella final de Dortmund. Siempre me dicen lo mismo, que todo el país iba con el Alavés aquel día. Y no solo en España, también en muchos sitios de Europa.
“Mané tenía mucho crédito, pero jugar con tres centrales me sorprendió”
El Rayo, uno de vuestros rivales en ese camino glorioso, está cerca de una final europea, ¿ve al Glorioso repitiendo algo así en el futuro?
Nunca se sabe. Ojalá podamos volver a verlo, pero se tienen que alinear muchas cosas. En nuestro caso, la clave estuvo en formar un grupo espectacular, plagado de buenas personas. Éramos amigos, y eso nos permitió no solo llegar a la final de la UEFA, sino rendir también igual de bien en Liga y en Copa. l