El Deportivo Alavés no es un club que acostumbre a desembolsar grandes cifras en fichajes. La tendencia de los últimos años lo confirma: desde Mendizorroza prefieren apostar por oportunidades de mercado, perfiles todavía por explotar o cesiones estratégicas. Por ello, cuando el pasado verano se desembolsaron seis millones de euros por Lucas Boyé, la operación sorprendió. Esos números, inusuales en las oficinas del Paseo de Cervantes, evidenciaba algo: que el club tenía muy claro lo que estaba haciendo.

La operación se cerró con el dinero obtenido por la venta al Estrasburgo de Joaquín Panichelli, que iba a ser una de las puntas de lanza del nuevo proyecto albiazul, pero a quien finalmente no se pudo retener. Y, para cubrir una pérdida tan importante, no valía con un sustituto cualquiera. Hacían falta más certezas que incógnitas, más todavía habiendo perdido a otro hombre importante de la delantera como Kike García.

Y el elegido fue Boyé, aunque su llegada no estuvo exenta de dudas. El ariete argentino llegó a Vitoria-Gasteiz arrastrando una lesión de rodilla del Granada y le costó varias semanas sumarse al equipo. Ahora bien, cuando lo hizo, no hubo marcha atrás. El de San Gregorio fue indiscutible desde el principio con Eduardo Coudet y todo apunta a que lo va a seguir siendo con Quique Sánchez Flores en esta recta final de su primera temporada como babazorro –firmó hasta 2029–.

MÁXIMO ARTILLERO EN LIGA

A falta de nueve jornadas para el final, Boyé acumula nueve goles con el Alavés, todos ellos en LALIGA, lo que le convierte en el máximo goleador albiazul en el campeonato doméstico. Y esa cifra, además, ha hecho que esta campaña sea ya la mejor a nivel individual para él en la máxima categoría. Aún puede ir a más, pero en el Elche y en el Granada se quedó siempre en siete o seis dianas.

En cuanto a participación, ha disputado 23 partidos en Liga, siendo titular en 19 de ellos. Los pocos partidos que se ha perdido han sido por lesión o sanción. De Balaídos, sin ir más lejos, también salió tocado. Por eso Sánchez Flores le sumó a la revolución de cambios del descanso. De estar en óptimas posiciones, hubiera jugado más minutos ante el Celta. Se espera, eso sí, que llegue bien al derbi contra Osasuna.

Pero lo que hace verdaderamente valioso a Boyé va más allá de los goles. Su aportación al juego colectivo es, si cabe, igual o más determinante que lo que aporta de cara a puerta. El de San Gregorio tiene una capacidad especial para hacer jugar al equipo: se asocia bien, arrastra marcajes, abre espacios, aporta de espaldas, gana duelos y aparece en zonas del campo que no son habituales para un nueve clásico. Sus compañeros siempre le buscan sobre el verde.

UNA DUPLA INCÓMODA

Gran parte del rendimiento de Boyé tiene que ver con la sociedad que ha construido junto a Toni Martínez. El murciano, que pasa por su mejor momento como babazorro, se ha convertido en su complemento perfecto. Pese a parecer dos atacantes de perfil similar, han sabido encajar sus características y no estorbarse sobre el césped.

Toni Martínez celebra uno de sus dos goles ante el Celta. Alavés

El argentino aparece más en las transiciones en tres cuartos, recogiendo también segundas jugadas y dinamizando el juego; y Toni acostumbra a merodear más el área, aunque aportando también con su incansable pelea por cada balón, sobre todo, en los desplazamientos en largo. Es una amenaza aérea constante. Y, para los defensores rivales, enfrentarse a los dos a la vez es una pesadilla. Su carácter no da tregua en ningún momento. Son batallas constantes.

CLAVE PARA LA PERMANENCIA

Así pues, el nivel mostrado por Boyé hasta el momento está fuera de toda duda. Se esperaba mucho de él dada la importante inversión para sacarlo del Granada, y está cumpliendo con las expectativas. Ahora bien, el trabajo no está terminado. Restan nueve jornadas y la permanencia no está asegurada. El Alavés necesita que mantenga el nivel y siga aportando goles para certificar el objetivo de mantenerse en Primera División por cuarto curso consecutivo.

Lucas Boyé celebra su segundo y definitivo tanto en el empate ante el Girona. Jorge Muñoz

De conseguirlo, Boyé rompería su mala racha de descensos –bajó tanto con el Elche como el Granada– y seguiría siendo una figura clave del proyecto el próximo ejercicio. Al contar con contrato hasta 2029, visto lo visto hasta ahora, todo hace pensar que los seis millones pagados por él se van a quedar cortos.