El de este domingo en Balaídos será el tercer partido de Quique Sánchez Flores al frente del Deportivo Alavés, y en ninguno de ellos repetirá línea defensiva.
Lesiones, sanciones y la inhabilitación de Facundo Garcés reactivada han hecho de la zaga babazorra un rompecabezas que se recompone cada semana, obligando al entrenador madrileño a improvisar soluciones con los mimbres disponibles.
El escenario, por conocido, no deja de ser preocupante, menos si la fortuna no se pone del lado del Glorioso en esta recta final del campeonato. Los albiazules llegarán a Vigo con el descenso a solo dos puntos, inmersos en una dinámica de resultados que no termina de salir del bache y con un calendario exigente. Asaltar el feudo celeste sería un golpe de autoridad, pero los de Giráldez no lo pondrán fácil.
Y la secuencia desde la llegada de Quique al banquillo del Paseo de Cervantes ilustra un problema ya existente con Eduardo Coudet y que no se solucionó en el mercado invernal.
En su estreno, la derrota en Mestalla, no pudo contar con Víctor Parada por sanción y perdió a Carlos Protesoni a la media hora por una lesión. Ville Koski, llegado en enero, tampoco parecía todavía en condiciones de competir.
Días después, frente al Villarreal, la situación no mejoró. Pacheco se quedó fuera tras la expulsión ante el Valencia, Protesoni seguía en la enfermería y Nahuel Tenaglia tuvo que retirarse durante el encuentro por una sobrecarga, dejando a Sánchez Flores sin más remedio que echar mano de Carlos Ballestero, jugador del filial que tuvo que improvisar como central pese a ser un hombre de banda.
Esto último, precisamente, fue uno de los hechos curiosos del duelo ante la escuadra grogueta. Sánchez Flores formó una línea de cinco atrás sin ningún central natural integrándola.
Lo más parecido sería Tenaglia, Parada también puede ocupar ese lugar como segunda posición, pero fueron todos laterales reconvertidos. Algo que, eso sí, no hizo que el rendimiento en ese aspecto se viera perjudicado.
Ahora, para la exigente cita en Balaídos, la rueda sigue girando sin piedad. Pacheco regresa tras cumplir su partido de sanción, lo cual es una noticia positiva, pero justo se cae Yusi, este por acumulación de tarjetas.
Y ver de vuelta a Protesoni en la convocatoria sería una sorpresa. En definitiva, la ecuación defensiva vuelve a cambiar, impidiendo al técnico alavesista dar continuidad a un mismo once.
SEIS PIEZAS
Así pues, con seis defensores disponibles para cinco puestos –sin contar a los del filial que seguro se sumarán–, lo más probable es que Quique meta a Pacheco como central zurdo, mueva a Parada al carril de esa banda y mantenga a Tenaglia y Jonny también en el núcleo y a Ángel Pérez en la derecha. En el banquillo tendría que esperar su oportunidad Koski, que debe ir sumando minutos poco a poco.
En ese escenario, el problema sigue siendo la posibilidad de que se dé algún contratiempo sobre el césped de Balaídos, lo que dejaría a Sánchez Flores con un margen de maniobra muy pequeño. Y tal limitación genera un segundo problema que va más allá de la alineación de cada domingo: la acumulación de minutos. Con tan pocos efectivos disponibles, las rotaciones son prácticamente imposibles.
Jonny, Tenaglia y Pacheco están absorbiendo una carga de minutos enorme, sin apenas respiro, lo que eleva el riesgo de lesiones musculares en el tramo más exigente del calendario.
Se trata de un círculo vicioso del que resulta muy difícil escapar cuando el mercado ya está cerrado y la plantilla es la que es. Se arriesgó no fichando un segundo central en enero y el tiempo ha demostrado el error.
Nada de esto tendría tal dimensión si Quique pudiera contar con Facundo Garcés, pero apostar por él fue un riesgo que asumió el Alavés y que ahora no le queda otra que asumir.
Que el TAS haya reactivado su sanción ha sido un mazazo que ha condicionado por completo la planificación defensiva, obligando a soluciones forzadas. Pero en el club afincado en el Paseo de Cervantes sabían que podía ocurrir.