Hubo un momento, no tan lejano, en el que el Deportivo Alavés fue sinónimo de solidez. Antonio Sivera compartía el trofeo Zamora de LALIGA con Jan Oblak y Thibaut Courtois, con solo diez goles encajados en once jornadas, y el conjunto babazorro se presentaba como uno de los bloques más difíciles de batir de la élite. Por desgracia, poco queda de ese equipo hoy, en la recta final de la temporada.
La realidad que dejó el derbi del sábado es otra muy distinta. El Athletic, que se impuso 2-4 en Mendizorroza, encontró la manera de remontar dos veces cuando el Glorioso se había puesto por delante. Cuatro goles en contra, dos más que los tres que los albiazules fueron capaces de anotar a lo largo de la tarde, certificaron el peor resultado posible en un partido que el equipo tenía la necesidad de ganar.
Y lo que más inquieta no es solo el marcador, sino la forma. Los bilbaínos, en los tantos encajados, condujeron el balón a su antojo cerca y dentro del área albiazul, sin encontrar la resistencia que debería ofrecer una defensa que se juega la vida. Porque esa es la realidad del Alavés una temporada más, y la fragilidad defensiva de los últimos meses es su principal amenaza.
Solo Sevilla, Levante y Oviedo han encajado más goles esta campaña, con 55 y 54, frente a los 53 del conjunto gasteiztarra. Y el dato que más asusta: 18 jornadas consecutivas sin dejar la portería a cero en Liga. Casi cinco meses seguidos en los que ningún partido ha terminado sin que el rival marcara al menos un tanto. Una racha que, en la recta final de otro ejercicio al límite del precipicio, pesa como una enorme losa.
Esta situación no se le escapa a los propios jugadores. Antonio Blanco, capitán y uno de los hombres más importantes del equipo, fundamental una temporada más y goleador contra el Athletic, fue tajante en sus declaraciones al término del derbi: "Nos tiene que doler que nos metan goles. Es imposible que sigamos en Primera División si nos meten cuatro goles en cada partido".
La pregunta, sin embargo, es si el problema tiene solución en tan poco tiempo. Las miradas apuntan inevitablemente al dibujo táctico que ha establecido Quique Sánchez Flores desde su llegada al banquillo. La línea de cinco defensas que propone el técnico madrileño no está funcionando a nivel defensivo, aunque sí ha dado algo más de juego en ataque, y uno de los motivos podría ser la elección de las piezas.
Los tres centrales de esa retaguardia son Nahuel Tenaglia, Víctor Parada y Jonny Otto, tres futbolistas cuya posición natural es el lateral. Si bien pueden actuar ahí, ninguno de los ellos lo hacen con total comodidad y, cuando el rival llega con velocidad o con físico, las costuras se abren con una facilidad cuando menos preocupante.
Mientras tanto, en el banquillo aguardan Jon Pacheco y Ville Koski, dos jugadores que sí son centrales y cuya participación ha sido testimonial en los últimos meses. La incógnita, entonces, es si Quique apostará por ellos en los cuatro compromisos que quedan, para tratar de cortar la sangría en defensa, o si seguirá fiel a lo mostrado hasta ahora. Lo que parece descartado es un cambio de sistema, visto lo mucho que ha insistido el técnico madrileño en el 5-3-2 desde su llegada al Paseo de Cervantes.
SIVERA, CON POCAS OPCIONES
Sivera, en cualquier caso, poco puede hacer ante esta situación. El portero alicantino está vendido en casi todos los goles que encaja el Alavés; muy pocos se atreven a poner en duda que es uno de los integrantes más fiables del vestuario babazorro. No es su rendimiento el que ha caído; es el sistema defensivo que tiene delante el que se ha ido desmoronando jornada tras jornada.
El derbi del sábado fue, en ese sentido, un resumen perfecto de lo que está pasando. El Glorioso demostró que tiene capacidad para hacer daño arriba, pero no supo mantener el resultado cuando llegó el momento de defender. Los goles del Athletic se dieron con demasiada facilidad, especialmente los de Nico Williams, que sentenció la remontada con un doblete en los minutos finales.
Con cuatro jornadas por delante y en zona de descenso, el Alavés no puede seguir regalando goles. La permanencia pasa, necesariamente, por recuperar algo de la solidez que tuvo en el arranque de la temporada. Si no, de poco servirá el buen momento de Toni Martínez, a quien nunca se le había visto tan bien en Mendizorroza, ni los esfuerzos de otros futbolistas en el área rival. Pocos equipos sobreviven en Primera División encajando así, y tentar a la suerte no es lo más recomendable en estos momentos.