Las mejores sensaciones que ofreció el Deportivo Alavés en La Cerámica, comparadas con las de hace unos días contra el Real Oviedo, no evitaron una nueva derrota a domicilio. Tras una buena primera mitad, los babazorros se vinieron abajo cual castillo de naipes en la segunda, fruto de un golazo de Moleiro al que, ya con todo a favor, le siguieron los de Gerard Moreno y Mikautadze. Toni marcó el del honor al final (3-1).
Solo tres novedades, pero importantes todas ellas, introdujo Eduardo Coudet en su once para el duelo en La Cerámica. En ese equipo titular irrumpieron Víctor Parada, Jon Guridi y Carlos Vicente en lugar de Yusi, Denis Suárez y Calebe. Lo más llamativo, eso sí, fue el banquillo, con solo siete futbolistas -dos de ellos del filial- por el gran número de bajas con el que se presentaron los gasteiztarras a la cita.
El Alavés empezó fuerte, fruto de una veloz triangulación iniciada por Guridi que acabó con remate de Toni, de escorpión, a centro de Vicente. Esa vía, la apertura a la banda izquierda, fue la más explotada por los babazorros durante la primera mitad. Y, aunque no dio resultado a nivel goleador, sí exigió al Villarreal en labores defensivas. Se echaba en falta tener ideas en ataque.
Esas buenas sensaciones nada más arrancar, además, se mantuvieron con el paso de los minutos. El Glorioso mandó en el juego, imponiendo su ritmo, y no dejó correr a los amarillos. No estuvieron nada cómodos los pupilos de Marcelino García, erráticos en las transiciones y, en consecuencia, incapaces de intimidar a Sivera. El único que pudo hacerlo fue Mikautadze, en un disparo desviado desde la frontal.
En el Alavés, tras una primera mitad bastante cómoda pese a estar sobre un escenario difícil, hubo que destacar a Pablo Ibáñez y Guridi, aparte de al ya citado Vicente. El navarro fue omnipresente tanto en ataque como en defensa y el de Azpeitia habilitó la mayoría de las transiciones. Logró, precisamente, solucionar esos problemas que hubo ante el Oviedo para conectar la medular y la delantera.
En la línea de otras actuaciones de esta temporada, solo faltó que el último pase le llegara en buenas condiciones a Toni. Ahí, claro está, también influyó el acierto de la zaga groguet. No hubo errores por parte del Villarreal en ese sentido. Tampoco el balón parado dio demasiados frutos, y eso que el Glorioso dispuso de varias acciones para probarlo. Asaltar La Cerámica no iba a ser tarea sencilla.
DERRUMBE TRAS EL DESCANSO
Así se vio nada más comenzar la segunda parte. Sin errores de los albiazules, el Villarreal tomó ventaja en el electrónico gracias a Moleiro (1-0, min. 49). Su derechazo desde la frontal, que encima tocó en el palo, fue imparable para Sivera. Un auténtico golazo. Ya por detrás, los babazorros tuvieron que luchar contra la estadística: en lo que iba de campaña, nunca había culminado una remontada.
Algo todavía más complicado seis minutos después, cuando Gerard Moreno marcó el segundo: balón suelto en la media luna, tras gran parada de Sivera, que no desaprovechó el ariete amarillo (2-0, min. 55). Y el Alavés se desvaneció a partir de ese momento. Si bien buscaron la meta de Júnior, más con corazón que con cabeza, los babazorros no dieron la sensación de poder meterse de lleno en el encuentro.
El Villarreal, además, no bajó ni mucho menos el pie del acelerador. Más bien todo lo contrario. Visto que el Glorioso arriesgaba, los groguets castigaron una y otra vez al contragolpe. Mikautadze marcó el tercero (3-0, min. 75) y tuvo el cuarto. Los cambios de Coudet tampoco dieron mucho rédito: Yusi (Jonny), Guevara (Ibáñez), Abde (Guridi) y Mañas (Aleñá) fueron los elegidos como revulsivos.
El Alavés, eso sí, no bajó los brazos y luchó hasta el final. Toni encontró el premio a su trabajo marcando el gol del honor (3-1, min. 85) y Abde pudo meter el miedo en el cuerpo a los locales en la prolongación, pero su remate se marchó desviado por poco. Se desconectaron más de lo debido los de Marcelino en la recta final del partido.