Hace 200 años, Santa Joaquina de Vedruna plantó la semilla de una educación que sigue transformando vidas en Vitoria y más allá. Desde la fundación de la Congregación de las Hermanas Carmelitas de la Caridad Vedruna en 1826, los colegios Niño Jesús y Carmelitas Sagrado Corazón han formado generaciones de alumnos, transmitiendo valores, cercanía y compromiso social. Hoy, este bicentenario no solo celebra su historia, sino también la influencia duradera de su pedagogía del amor, que sigue guiando la educación en aulas y hogares.

Quienes han compartido su visión sobre este hito son personas muy vinculadas a la Congregación y a la educación en Vitoria: las hermanas Inés García y Juana M. Santesteban, miembros de la comisión del bicentenario; Darío Nasilli, director del Colegio Niño Jesús; y Nieves Maya, de Carmelitas Sagrado Corazón.

Hace 200 años, Santa Joaquina de Vedruna plantó la semilla de una educación que sigue transformando vidas en Vitoria y más allá

Todos ellos coinciden en destacar la importancia histórica y educativa de estos centros y en subrayar la continuidad del legado de Santa Joaquina de Vedruna. Para conmemorar estos 200 años de historia y compromiso, los colegios han organizado una celebración conjunta que refleja tanto la tradición como la actualidad de su labor.

Hoy, 1 de marzo, se celebrará una misa de acción de gracias en la Catedral Nueva de Vitoria, un acto solemne abierto a toda la comunidad educativa, incluidos exalumnos, familias y personal docente. Más adelante, el 23 de mayo, el Colegio Niño Jesús acogerá un acto institucional de carácter más laico, diseñado para reunir a la comunidad educativa actual y pasada, poniendo en valor la trayectoria de ambos colegios y su influencia en la ciudad. Con estas actividades, los centros no solo celebran su historia, sino que refuerzan su papel como espacios de formación integral, basados en valores de cercanía, cariño y educación en libertad.

EL ORIGEN

La historia de los colegios Vedruna en Vitoria se enmarca en un proyecto educativo que comenzó hace dos siglos en Vic, Barcelona, con la fundación de la Congregación de las Hermanas Carmelitas de la Caridad Vedruna. Desde entonces, su labor se ha extendido por todo el mundo, llegando a América, Asia, África y Europa, siempre con el mismo hilo conductor: trabajar por quienes más lo necesitan, especialmente en educación y sanidad.

"Hoy, este bicentenario no solo celebra su historia, sino también la influencia duradera de su pedagogía del amor, que sigue guiando la educación en aulas y hogares"

En el Estado nacional, existen más de 73 colegios Vedruna, distribuidos por distintas comunidades autónomas. Este crecimiento refleja la capacidad de la Congregación de adaptarse a cada sociedad en la que se establece, respetando sus valores y construyendo desde ellos.

Los colegios de Vitoria, con más de 150 años de historia el Niño Jesús y más de 130 Carmelitas Sagrado Corazón, se han convertido en referentes locales, educando generación tras generación y dejando una huella profunda en la vida de la ciudad y en la sociedad en general.

Los colegios Vedruna de Vitoria han dejado una huella profunda en generaciones de alumnos y familias. Como recuerdan los miembros de la comisión del bicentenario, “han educado generaciones y generaciones de ciudadanos y ciudadanas de Vitoria-Gasteiz.

Su legado sigue vivo hoy gracias a las Hermanas y a los Laicos Vedruna, que hacen realidad sus principios en colegios, hospitales y en el trabajo cotidiano de cada uno de ellos

Lo que ha supuesto dejar una impronta en la ciudad puesto que todos los años han salido de nuestros colegios un mínimo de 150 personas que han participado y participan en la vida activa de la ciudad, en particular, y de la sociedad, en general, mejorándolas”.

Esta labor educativa no solo se ha centrado en los contenidos académicos, “sino en formar personas responsables, capaces de convivir y de contribuir a la construcción de un mundo mejor”: “Nuestro objetivo ha sido educar en la libertad para contar en sociedad con personas responsables, que valoran el trabajo bien hecho, que han aprendido a estar, a convivir con los demás, desde el cariño y la alegría, que se implican en la construcción de un mundo mejor desde los valores del Evangelio”.

Además, los antiguos alumnos valoran especialmente la cercanía y el compromiso del profesorado: “Ellos valoran el trato del profesorado, su implicación y que lo que han aprendido les ha servido para el éxito en estudios posteriores y para la vida en general. Es muy significativo el porcentaje de antiguos alumnos que vuelven al Colegio para solicitar plaza para sus hijos o hijas”. Todo esto refleja que, como afirman los directivos, “aportamos al mundo buenas personas”, un legado que sigue vivo a través de la pedagogía Vedruna y de los valores transmitidos durante generaciones.

EJE DE IDENTIDAD

La figura de Santa Joaquina de Vedruna sigue siendo el eje de la identidad de los colegios Vedruna. Según los entrevistados, ella fue “una mujer que nació en el seno de una familia acomodada de Barcelona. Desde niña experimentó su vocación religiosa, aunque siguiendo las orientaciones de sus padres, se casó, tuvo 9 hijos y, cuando quedó viuda, se replanteó la posibilidad de ser monja. Cuando comentó sus inquietudes con su padre espiritual, siguiendo sus indicaciones, fundó una nueva Congregación”.

Su vida refleja la combinación de experiencia personal y compromiso religioso: “En Joaquina de Vedruna tenemos a una persona que ha pasado por los diferentes estados civiles y que conoce perfectamente las alegrías y preocupaciones de ser hija, hermana, esposa, madre, abuela y monja.

“Nuestro objetivo ha sido educar en la libertad para contar en sociedad con personas responsables, que valoran el trabajo bien hecho, que han aprendido a estar, a convivir con los demás, desde el cariño y la alegría"

Nos encontramos con alguien que puede orientarnos desde la propia experiencia en cualquiera de los momentos o caminos en los que nos encontremos en la vida”. Su legado sigue vivo hoy gracias a las Hermanas y a los Laicos Vedruna, que hacen realidad sus principios en “colegios, hospitales y en el trabajo cotidiano de cada uno de ellos”. Este ejemplo se traduce en la pedagogía diaria: “La pedagogía Vedruna es la pedagogía del amor.

La cercanía, la familiaridad, el cariño, el cuidado de lo emocional está en la base del proyecto educativo Vedruna”. Desde sus palabras, se evidencia que la educación va más allá de los contenidos académicos, poniendo siempre en el centro la formación humana y afectiva de cada alumno.