Fase 2 de los entrenamientos en grupos de 10 jugadores

Ibaia recobra el sonido

El Alavés avanza en su preparación con su primera sesión dividida en tres grupos

18.05.2020 | 16:57
Vitoria – Una semana después de reabrir sus puertas a la actividad con los entrenamientos individuales, Ibaia ha vivido este lunes un nuevo paso a la normalidad cuando los jugadores del Deportivo Alavés se dividieron en tres grupos de trabajo –dos de diez futbolistas y otro más de nueve– para encarar su primera sesión colectiva después de que desde el Ministerio de Sanidad se diese el sábado, a golpe de boletín oficial, vía libre a una nueva fase, la tercera según el protocolo de LaLiga, en el día a día de los clubes, con el objetivo de reiniciar la competición el próximo 12 de junio.



Si el lunes anterior los futbolistas volvieron a pisar el césped tras casi dos meses sin hacerlo, la ciudad deportiva José Luis Compañón ha recobrado esta mañana el sonido propio de un entrenamiento. Los gritos, las bromas, las órdenes, los lamentos, las quejas... Un nuevo paso hacia la deseada normalidad.


 
La novedad del trabajo en grupos reducidos, en este caso usando solo el campo principal de Ibaia, ha variado la rutina de las llegadas a la ciudad deportiva, que no fueron tan espaciadas entre sí como hace una semana. Eso sí, el protocolo antes de acceder al aparcamiento ha sido idéntico, con los jugadores, ataviados con mascarillas y guantes como es preceptivo, sometidos a un examen de temperatura y recibiendo instrucciones y su botella de agua personalizada en la puerta.
 
Roberto, Ximo Navarro, Laguardia, Magallán, Javi López, Fejsa, Ismael, Borja Sainz, Rioja y Lucas Pérez han sido los encargados de inaugurar esta fase de trabajo en pequeños colectivos. Ya vestidos con la ropa de entrenamiento desde sus domicilios, se han cambiado las zapatillas por las botas al borde del césped, junto a la pared del edificio principal de Ibaia. La viva imagen que les podía recordar aquellos años en los que le pegaban patadas a un balón a la salida de clase en el patio del colegio. Y es que, al menos por el momento, los vestuarios se mantienen cerrados para que no exista un contacto directo en dicho espacio de dimensiones reducidas.


 
El deseado contacto con los compañeros ha tenido como primer episodio un rondo para entrar en calor. Intenso, además. Porque, aunque los gestos de fatiga en muchos momentos dejaban claro que el retorno tras un parón tan largo está siendo duro, no le faltó al entrenamiento su exigencia, aumentada con el creciente calor según avanzaba la matinal. "¡Actitud, actitud, actitud!", reclamaba José Antonio Morga, el preparador físico encargado de llevar la voz cantante en toda la sesión.
 
Eso sí, para voces, la de Lucas Pérez. Con su acento inconfundible, en el silencio del entorno era imposible no escuchar claramente cada palabra del coruñés. Ese otro sonido del fútbol que a partir de ahora se oirá más claramente con los estadios vacíos y su correspondiente eco. Hiperactivo en la palabra –cuando no estaba gastando una broma se lamentaba por un fallo o reclamaba un pase más preciso–, el gallego se mostró también voraz de cara a la portería en los ejercicios de combinación, salida de balón, centros laterales y remates que siguieron al calentamiento.


 
Mientras el primer grupo completaba esta parte del entrenamiento, al margen del campo aguardaba ya el segundo. Hasta que no acabaron los ejercicios con balón y todos los esféricos fueron desinfectados como marca el protocolo –para velar por el cumplimiento del mismo recorre la instalación en todo momento el observador de LaLiga, un fijo en el paisaje desde antes de que arranquen las sesiones y hasta más allá de que finalicen–, los nueve siguientes futbolistas en salir a escena no entraron a un césped que habían pisado cuando sus compañeros finiquitaron su trabajo con un ejercicio físico final de carrera.
 
Cincuenta minutos después de saltar al verde, el grupo que inauguró el nuevo tramo del protocolo de trabajo de LaLiga procedía a finiquitar la sesión con el cambio de calzado, de nuevo en el exterior de los vestuarios. Mientras, el sonido del balón, de los compañeros y de los entrenamientos seguía inundando Ibaia, donde la paz se ha roto ya tras muchas semanas de silencio. 

 

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