"Temo que el Gobierno no haga lo suficiente por un ciudadano español que Israel puede condenar a muerte"
El pasado lunes aterrizó Salim Malla, miembro de la flotilla que partió a Gaza y uno de los detenidos por Israel. Pasó dos días en “un campo de concentración”, aislado
Tras partir desde Barcelona junto a otras decenas de embarcaciones repletas de ayuda humanitaria, las fuerzas armadas de Israel interceptaron y asaltaron, en aguas internacionales, el barco del artista y profesor gasteiztarra Salim Malla. Ya descansado y aún sin asimilar lo vivido en los dos días de aislamiento en pleno barco militar israelí, Malla recuerda que aún hay dos activistas en tierra sionista corriendo grave peligro.
¿Cómo se encuentra ahora?
Estoy físicamente cansado. Imagino que será más tarde cuando nos golpee el aspecto psicológico. Lo que nos ha pasado a nosotros no es ni una pequeña muestra de lo que vive el pueblo palestino.
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¿Era de esperar el asalto y la posterior detención?
Evidentemente sabíamos a dónde íbamos: a una zona conflictiva tomada por un Estado genocida. Lo que no contemplábamos era que ese mismo estado nos interceptaría en aguas del Mediterráneo, a escasas 60 millas de Creta, Grecia.
Era tripulante de una de las casi 60 embarcaciones que se dirigían a Gaza.
Una flotilla siempre lleva dos o tres barcos en cabeza, que son los que hay que seguir. Se les llama barcos madre. Yo iba en el Romántica, madre de esta flotilla. No recibimos ningún aviso de nadie, porque fuimos nosotros los primeros en ser interceptados.
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Asalto israelí
¿Cómo operó Israel para asaltarles?
Lo hicieron como siempre, de noche. Te pillan de imprevisto, evidentemente. Ya habíamos empezado a reconocer drones sobrevolándonos, pero en alta mar y tan oscuro es complicado identificar movimientos extraños. A mí, personalmente, me pilló en la cama porque esa noche no me tocaba estar de guardia. Entró un compañero y fue claro: “Nos interceptan”.
A partir de ese momento, es detenido.
En cuanto salí del camarote ya tenía varios láseres rondando por mi cabeza y cuerpo. Los soldados nos gritaban que mantuviéramos las manos en alto y no dejaban movernos. Una vez te tienen así, con las manos sobre la cabeza y arrodillado, se dedican a romper absolutamente todo lo que hay en el barco. Luego, antes de llevarte a su buque militar, dejan que cojas tus pertenencias, medicamentos, lo que sea. Obviamente, ya no están. Ya lo han destrozado todo.
Debe ser impactante para un profesor universitario y artista encontrarse a soldados apuntándole con armas en plena mar.
Vas preparado para lo que viene, por algo entrenamos antes de ir. Pero lo que me encontré fue a adolescentes, niños y niñas con armas. Les veía los ojos y sabía que eran muy jóvenes. Temes que se les pueda ir de las manos. A un compañero, por ejemplo, le llegaron a romper seis costillas.
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"Campo de concentración"
Desde su embarcación os trasladaron a un barco militar.
Destrozaron el motor de nuestro buque y nos desplazaron, sin chalecos, a través de unas lanchas rápidas, a un barco de guerra. El proceso fue el mismo: nos arrodillaron al entrar, con las manos en la cabeza y mirando al suelo. Iban llegando más y más compañeros, que venían de otras embarcaciones también destrozadas. Por el camino, uno a uno, y sin chaquetas, nos cachearon y quitaron lo poco que aún conservábamos. Luego, nos sentaron en una mesa, y después de preguntarnos el nombre, nos pusieron una pulsera con un número. A partir de ahí, nos metieron en un recinto formado por contenedores de carga.
¿Cómo fueron las 48 horas ahí?
La distribución de los seis contenedores creaba como una placita en el medio. Dentro de uno de ellos nos dejaron un montón de espumas de obra para aislamiento, que usamos para intentar dormir. El recinto estaba custodiado por soldados apuntándonos, desde la altura, en todo momento. Además tenían un gran megáfono, para no dejarnos dormir. Nos privaron del sueño. Cada dos horas nos hacían salir y formarnos. Había quien se resistía, y otros que directamente no podían porque tenían 76 años. A esos, les pegaban una paliza. Parecía un campo de concentración.
¿Pasó las 48 horas en ese recinto?
Cuando intentaba dormir en esas espumas, escuché mi nombre. Cuando salí a la plaza, me encontré a un soldado con un trabuco gigante. Me sacó para afuera del recinto y me aisló en un camarote. Al cabo de muchas horas, llegaron dos compañeros: uno con el hombro dislocado y otro con una conmoción cerebral.
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Inacción
¿Echasteis en falta la ayuda de Europa?
Las autoridades griegas no hicieron absolutamente nada. Es más, sabían que el barco israelí se encontraba a escasas millas de su costa y mira que no era precisamente pequeño. El Gobierno griego se limitó a monitorear. Por otro lado, Europa, con su política de fronteras, tampoco actuó. Y qué decir del Gobierno de España, que no nos asistió nada ni durante la travesía ni después de ser liberados.
¿Quién estuvo a la altura en vuestra repatriación?
Después de liberarnos, en el aeropuerto de Creta, las embajadas nos estaban esperando. La delegación española solamente nos fichó y apuntó nuestros nombres. Nada más. La embajada turca ya tenía los vuelos gestionados para los ciudadanos que quisieran volver al país. Lo tenían todo muy preparado, en el aeropuerto nos recibieron como héroes, nos proporcionaron asistencia médica y estaban preparando ya la declaración que posteriormente querían elevar a la Corte Penal Internacional.
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¿Se encargó el Gobierno de España de vuestra repatriación?
En el avión que iba a dirigirse a Turquía había mucho sitio libre. Fue el gobierno turco quien organizó los vuelos con su aerolínea. Nos comentaron que si queríamos podíamos entrar, que el trayecto de después hasta casa sería más fácil desde suelo turco.Efectivamente. Los que se quedaron en Creta se tuvieron que buscar la vida a través de la delegación vasca.
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Dos vidas en peligro
Saif Abukeshek, activista palestino-español, y Thiago Ávila, brasileño, siguen detenidos en suelo israelí. ¿Teme que esa inacción del Gobierno tenga consecuencias?
Me preocupa mucho el estado de los dos. No podemos olvidar que Saif es de nacionalidad palestina también, y que Israel aprobó la pena de muerte a lo que considerarían como terroristas. Me da miedo que el Gobierno no haga lo suficiente por un ciudadano español que corre serio riesgo.
La flotilla parece que va a volver a partir a Gaza. ¿Cómo se puede colaborar desde Euskal Herria?
El genocidio se puede combatir desde muchas esferas y maneras. Es la población quien tiene que actuar y presionar a los gobiernos.
Ha comentado que “el genocidio se puede combatir desde aquí”.
Tenemos la herramienta del boicot. Hay que señalar a las empresas que tenemos aquí que colaboran y participan en el genocidio. La empresa CAF permite que con sus trenes, se desplacen los colonos, por ejemplo. Creo que no podemos callar. Debemos movilizarnos.
¿También por Saif y Thiago?
Sin duda. Lo esencial ahora mismo es que liberen a los dos. Será la presión popular quien lo consiga.