El Amurrio puso la guinda al pastel el pasado 25 de abril al certificar su ascenso a Tercera Federación tras una magnífica temporada. Después de cuatro años compitiendo en División de Honor, los dirigidos por Antton Vivanco e Iker Mansilla lograron el tanto decisivo en el descuento ante el Iru Bat para sellar un regreso muy esperado y confirmar el exitoso cambio de rumbo emprendido por el club del Valle de Ayala.

Un éxito que adquiere aún más valor si se recuerda la delicada situación que atravesaba el Amurrio apenas cuatro temporadas atrás. La llegada de Laurentz Ibarrola a la presidencia en 2022 supuso un punto de inflexión, apostando por un cambio profundo en la dirección y en la estrategia. 

Para ello, decidió rodearse de figuras clave dentro del club como Pedro Astorga, vicepresidente y directivo desde hace 19 años, y quien define al Amurrio como “su vida”.

“En la temporada del descenso –la 2021–22– yo dimití como directivo, pero Laurentz quiso contar conmigo para el nuevo proyecto. Veníamos de una mala gestión y pasamos a un nuevo modelo, con gente de la casa y un presidente joven que podía enganchar”, recuerda Astorga.

Vuelta a los orígenes

La nueva directiva liderada por Laurentz Ibarrola “cogió el toro por los cuernos” para dar “un giro radical a la estrategia”. Tal y como explica Astorga, el club dejó atrás una etapa en la que dependía de jugadores de fuera. “Fue una fórmula que funcionó en los años 90, cuando llegamos a jugar liguillas de ascenso a Segunda y Copa del Rey contra el Atlético de Madrid, pero eso ya no nos convenía”.

La decisión de “volver al origen del club” y construir un bloque desde cero con gente de la casa fue clara desde el inicio. Un proceso que implicaba cambiar los cimientos de la entidad y que, en un inicio, no resultó sencillo. Sin embargo, no se trataba de una apuesta desesperada por ascender, sino de recuperar el vínculo con el pueblo.

“Los mayores no iban y los jóvenes no se identificaban porque no conocían a los jugadores. Ahora la gente vuelve a sentir el club como suyo”, señala Astorga.

Con el paso de las temporadas, esa idea se transformó en una realidad. El Amurrio volvió a enganchar a su gente, apoyándose en una plantilla con un fuerte arraigo local: 15 jugadores del propio municipio, otros de localidades cercanas como Luyando, Arceniega o Llodio, y únicamente tres futbolistas de fuera de la zona, procedentes de Vitoria y Sopelana.

Una decisión crucial

Antes del inicio de la temporada, la directiva tuvo que tomar una decisión que acabaría siendo determinante. Fiel a su nueva filosofía, apostaron por el talento interno también en el banquillo.

“Teníamos la opción de traer a un entrenador más experimentado de fuera, pero decidimos hacer promoción interna, valorando lo que teníamos dentro del club. Subimos al tándem del juvenil. Son dos chicos jóvenes que funcionan como un equipo y sin jerarquías”, explica Astorga.

Ese tándem lo forman Antton Vivanco e Iker Mansilla, amigos desde pequeños. “Somos de la misma cuadrilla y siempre hemos estado ligados al fútbol. Un día surgió la oportunidad de entrenar en Amurrio y decidimos hacerlo juntos hace ya cuatro años”, recuerda Vivanco.

Para Mansilla, la decisión fue natural: “Veía muy positivo juntarnos. Compartimos lo bueno y lo malo, y nuestras formas de ver el fútbol se complementan. Eso nos permite abarcar más y generar confianza en el vestuario”.

Antton Vivanco e Iker Mansilla, los técnicos responsables del éxito. Amurrio

Antes de dar el salto al primer equipo, ambos ya habían demostrado su capacidad en la cantera. Dirigieron al cadete y posteriormente al juvenil, con el que lograron el ascenso a División de Honor en la temporada 2023–24. En la 2024–25 firmaron otra excelente campaña, finalizando segundos y disputando la fase de ascenso a Liga Vasca.

Cuando recibieron la oportunidad de hacerse cargo del primer equipo, la afrontaron con “una motivación brutal y muchas ganas de trabajar”, según Vivanco. Su buena sintonía y la ausencia de egos reforzaron aún más su propuesta. “Nos complementamos muy bien”, subrayan.

Mientras Vivanco se define como un técnico “más analítico”, Mansilla destaca por su “capacidad en la gestión de grupo”, aunque ambos coinciden en que pueden asumir los roles del otro, algo que consideran clave para el equilibrio del equipo.

De las dudas al ascenso

El trayecto hacia el ascenso no fue sencillo. El inicio de temporada estuvo marcado por una plaga de lesiones que afectó a jugadores importantes. “Hubo varias bajas por diferentes causas de pilares del equipo”, recuerda Mansilla.

Esta situación puso a prueba el modelo del equipo, basado en la rotación y la implicación de toda la plantilla. “Han generado una competencia interna sana; no hay un once titular fijo, y eso nos permitió superar una racha de 11 lesionados en la primera vuelta”, explica Astorga.

Un joven aficionado ayalés porta una bandera del Amurrio. Amurrio

Con ese contexto, el objetivo inicial fue prudente: evitar el descenso. Sin embargo, el equipo fue creciendo con el paso de las jornadas. “Cuando dejamos de pensar en objetivos grandes y nos centramos en competir cada partido, no paramos de ir hacia arriba”, señala Mansilla.

El cambio fue evidente en una segunda vuelta extraordinaria: 14 victorias consecutivas y solo dos goles encajados. La culminación llegó el 25 de abril, en el duelo directo ante el Iru Bat, su perseguidor más cercano para el ascenso directo.

“Ellos eran el mejor equipo como local. Sabíamos que habría un gran ambiente y mucha gente apoyándonos. Ganar allí, ante tantos aficionados desplazados desde casa, le dio todavía más valor”, rememora Vivanco sobre aquel partido.

El encuentro fue igualado y con pocas ocasiones, pero el gol en el descuento de Xabi Hernández desató la euforia y certificó el ascenso a falta de tres jornadas para el final de liga.

Ahora, con el equipo ya en Tercera Federación, queda por definir el futuro del tándem en el banquillo. “Aún tenemos que hablar con el presidente. La intención es seguir, pero no está cerrado”, afirma Mansilla. Desde la directiva, Astorga también es claro: “Queremos que continúen. Creo que lo harán, pero hay que sentarse a hablar”.

El ascenso del Amurrio no es solo un éxito deportivo, sino la confirmación de que un proyecto basado en la identidad, la cercanía y la apuesta por lo propio puede devolver a un club su esencia. Más allá de la categoría, el verdadero logro ha sido reconstruir el vínculo con su gente y demostrar que, cuando equipo y pueblo caminan juntos, los objetivos dejan de ser un sueño para convertirse en realidad.