La responsable de Alimentación, Desarrollo Rural, Agricultura y Pesca en el gabinete de Imanol Pradales ve un sector primario con futuro y oportunidades, aunque necesitado de una profunda “transformación” que ya han iniciado sus jóvenes. 

Por si había poca incertidumbre, la guerra en Oriente Medio ha quebrado la mínima estabilidad que existía a nivel global. ¿Cómo va a impactar esta crisis en el campo alavés?

Los costes fijos de producción son el gasóleo y los fertilizantes en un porcentaje muy elevado, por lo que el impacto lógicamente va a ser grande. Hay explotaciones que ya tenían comprados ambos y a estas les va a afectar menos si esto no se prolonga, pero se espera una afección grande. Esta semana se han convalidado las ayudas del Ministerio a ambos productos, que tienen una buena valoración, pero si las diferencias entre los costes habituales y los que tenemos ahora son tan elevadas y el conflicto se prolonga se van a quedar cortas sin duda alguna, en tiempo y en cantidad.

¿Cuáles son los sectores que están en una posición más delicada si el conflicto se perpertúa?

El pesquero es uno de los sectores al que la escalada de precios impacta más directamente, pero en un ámbito más cercano el cereal también va a verse afectado, porque el tractor se utiliza mucho en la agricultura extensiva y producciones como las de trigo van ya ajustadas en costes. Este año se prevé una producción mundial de cereal similar a la del pasado, pero hay un riesgo si no se da una subida del precio de los alimentos que significa inflación y que los estados van a intentar contener. Veremos cómo evoluciona todo y lo que dura esta situación. 

“Si las diferencias entre los costes habituales y los de ahora son tan elevadas y la guerra sigue, las ayudas se van a quedar cortas sin duda”

A las puertas de la aplicación provisional del acuerdo de Mercosur, ¿el sector agroganadero va a tener las medidas compensatorias que usted ha defendido públicamente?

Queda por ver cómo queda toda la ratificación, porque falta algún país por validarlo, pero el acuerdo incorpora unas salvaguardas y unas medidas de control para hacer un seguimiento detallado y continuado del efecto del mercado internacional en nuestras producciones. Y, en su caso, modificar los aranceles o incluso parar los acuerdos y retornar a la situación inicial, como con la carne de vacuno. Hay productos incluso que tienen una reducción arancelaria progresiva. Dicho esto, hay que estar muy encima de dicho seguimiento porque si llegamos tarde vamos a perder sector. Hay que tener una relación directa con él para ver cómo le incide este acuerdo más que esperar a los informes, que son semestrales, por lo que los efectos acumulativos de las posibles pérdidas de producción empiezan a verse seis meses después de producirse. Podemos hacer ese seguimiento y esa valoración permanente. 

Ha llamado a la calma, pero el malestar ha sido patente con las tractoradas y el sector ha pintado muy negro su futuro. 

Efectivamente, es un factor más que se suma a una acumulación de crisis y problemas climatológicos que se han dado estos cinco últimos años y aumentan la inseguridad del sector. Pero seguimos pidiendo calma. El Gobierno Vasco está acompañando y hay que ver cómo evoluciona esta situación, porque a lo mejor ahora creemos que el sector va a tener un gran perjuicio pero en cuatro días se puede dar la vuelta con la inflación y la percepción económica cambia. No están solos, estamos haciendo un seguimiento detallado e iremos trabajando con ellos para ver dónde hace falta meter medidas extraordinarias. 

Amaia Barredo, en las inmediaciones del Parlamento Vasco. Jorge Muñoz

¿Hay relevo generacional en el sector primario alavés o la explotación tradicional está en riesgo?

Las previsiones son malas, porque somos una población envejecida, en el campo más, y estos próximos años va a haber muchas jubilaciones. Pero el sector agroalimentario es estratégico, y lo digo porque alimenta a la humanidad y va a existir siempre. El tema es cómo nos preparamos para abordar el futuro, y el sector tiene que afrontar ahora una transición que debemos hacer de la mano de la gente joven, con más digitalización y productos que generen valor añadido. Yo no soy pesimista en este sentido, pero es verdad que no es fácil incorporarse al sector por la fuerte inversión que requiere, las necesidades de suelo, los retos climatológicos o esta geopolítica que no da seguridad. Pero pido racionalidad porque el sector tiene futuro y hay muchas oportunidades.

Para lograr ese objetivo es clave fijar población en el campo, pero usted ha mostrado su preocupación por los conflictos derivados de la llegada de urbanitas a los pueblos. ¿Cómo se hace conciliable este fenómeno con la actividad agraria?

Para fijar habitantes en la zona rural hay que poner sobre la mesa actividades económicas que les permitan vivir del territorio, porque si no vamos a crear pueblos-dormitorio que luego lo tienen mucho más difícil para contar con servicios y vida. E, indudablemente, un porcentaje de la población de estos pueblos tiene que vivir del territorio, por lo que pedimos tolerancia, convivencia y respeto. Y eso lo tienen que trabajar, sobre todo, nuestros responsables institucionales locales.

“El sector tiene que afrontar una transición que debemos hacer de la mano de la gente joven y con productos que generen más valor añadido”

¿Ambas vidas son compatibles?

Son perfectamente compatibles y es muy necesario que lo sean. Al final, el campo y su entorno lo mantiene el sector agrario. Tenemos un porcentaje de población muy bajo en las zonas rurales, de alrededor del 12%, pero gestiona más del 92% del territorio. Y si vamos perdiendo población que trabaje el suelo, perderemos también la calidad del paisaje. Hay que respetar e incluso ayudar. Y ayudar también se hace consumiendo producto local, porque también genera actividad económica en el entorno.

El vino, sector “prioritario” para su área esta legislatura, ha registrado unos últimos datos de ventas otra vez a la baja. ¿Preocupada?

Es verdad que los datos no acompañan a la evolución del consumo y los mercados, pero nos estamos manteniendo bien en el exterior y hay que seguir trabajando este ámbito. Trabajamos un producto diferencial, singular, y esto es lo que tenemos que vender en los mercados internacionales: producciones distintas, de alta calidad y adaptadas a las nuevas necesidades, con una I+D muy importante. Se está trabajando mucho en el posicionamiento del territorio, porque Álava es a veces una gran desconocida. Las bodegas también lo están haciendo. Y esto se va a sumar a las inversiones que estamos haciendo en EDA, que nos van a ayudar a nivel internacional.

Canadá, México... ¿qué mercado está despuntando más para Rioja Alavesa?

Canadá es un mercado que está llamando a las puertas por su nueva relación con Estados Unidos. Lógicamente era un consumidor de producto americano y ahora está buscando otros proveedores. Es un mercado que crece con dos dígitos en ventas y en el que estamos poniendo el foco. Pero Japón y México también siguen creciendo. Y este año hacemos un aterrizaje en Seúl, empezando a abrir Corea como mercado. Algunas bodegas ya están empezando a trabajar y trabajan allí y vamos a intentar acompañarlas reforzando la promoción. Toda esta línea arranca ahora. De aquí a final de año vamos a estar en muchos países.

“Los datos de ventas del vino no acompañan, pero nos estamos manteniendo bien en el exterior y hay que seguir trabajando este ámbito”

La creación de una denominación propia para Rioja Alavesa, o esa diferenciación dentro del Rioja, ¿sigue siendo una vía abierta?

Tras la resolución judicial que cerró el proceso de Viñedos de Álava y las reuniones que hemos mantenido este último año, el sector quiere hacer ahora una apuesta por diferenciar la zona dentro de la Denominación de Origen (DOC) Rioja. Estamos dibujando una propuesta de marketing para diferenciar los vinos de zona dentro del etiquetado y el packaging de la DOC para que la zona coja un valor, porque el mercado también nos está diciendo que quiere vinos de pueblo, singulares. Y ahí se abre una diversificación de oferta que Rioja Alavesa tiene.

El nuevo Plan de la Patata ha sido uno de sus grandes anuncios recientes. ¿Ha perdido Álava ese histórico apelativo de ‘patatera’?

Lo estaba perdiendo indudablemente, porque ha pasado de tener 5.000 hectáreas en producción a las en torno a 1.000 que hay ahora. Y no porque sea un cultivo que no da rentabilidad, porque en estos momentos es de los más rentables que tenemos. Pero tiene unos riesgos y unos inconvenientes: necesita mucha mano de obra, que es escasa, y también inversión, atención y dedicación, porque un problema sanitario lo tumba. Tiene más riesgos y por ello ha ido disminuyendo en pro de otros cultivos más cómodos. Pero es verdad que ahí hay un nicho de mercado importante y oportunidades, un mercado en crecimiento para la patata de siembra, con una demanda muy relevante, y puede ser una alternativa a futuro para Álava. 

¿Cómo ha reaccionado el sector?

Desde que sacamos el plan ha habido una reacción positiva. Hay peticiones de maquinaria de alta innovación para cosechar de forma más ágil y rápida, hay también peticiones de inversión para nuevos almacenes de frío y una incorporación de jóvenes al cultivo. También, gente que ya está haciendo patata y va a doblar sus superficies. Vamos a ver cómo va la cosecha y si todo esto se materializa, pero por las peticiones de ayudas que tenemos vemos que el plan va a ser un acicate.

Han aprobado también unas ayudas extraordinarias a la remolacha. ¿Qué salud tiene este cultivo que sin duda ha vivido tiempos mejores?

Sí, la remolacha es ahora una alternativa muy cuestionada como cultivo. Los clientes son pocos y, por otra parte, la normativa medioambiental ha ido reduciendo en Europa las materias activas autorizadas para evitar plagas y enfermedades y, a la larga, tener productividades mejores. Por eso el sector se queja de que compite en peores condiciones que otros países donde ese catálogo de fitosanitarios es mucho más amplio y tiene dificultades para ser una alternativa. 

¿Cuándo comenzará la vacunación del ganado alavés contra la dermatosis nodular contagiosa (DNC)?

A día de hoy, lo que hay es una propuesta de ampliación de la zona de vacunación para que entre también Álava, porque tenemos mucho pasto comunal, un territorio que interactúa mucho con los vecinos y, además, somos entrada y salida del arco atlántico a Europa. Todavía no hay nada ratificado, se está analizando, y el Ministerio tiene que validarlo aún con la Comisión Europea. Pero si nos autorizan la ampliación sería una muy buena noticia porque al sector le da mucha seguridad la vacunación.

¿Cómo se imagina el sector primario alavés de aquí a una década?

Yo me lo imagino joven y muy digitalizado, con drones que van a tener un papel clave en la monitorización de los cultivos y la identificación de problemas sanitarios. Veo un campo muy de acuerdo a lo que el joven pide ahora, porque es digital de nacimiento y no ve otra forma de trabajar Y veo un campo apostando por cultivos de más valor. Álava no puede seguir siendo tan cerealista. No podemos apostar por cultivos únicos y tenemos que diversificar de la mano de esa digitalización y la innovación. Hay que alimentar a una población que sigue creciendo en el mundo. Y la agricultura, por mucho que haya continentes más competitivos produciendo, producen volumen. Nosotros tenemos que producir calidad y encontrar el hueco ahí.

¿Han identificado cultivos alternativos que puedan dar ese impulso?

El territorio tiene posibilidades porque, por ejemplo, la misma maquinaria de la que estamos dotando al sector para la patata podría trabajar en recoger cebolla, que ahora es un producto con una alta demanda y que podría ser una alternativa. La horticultura extensiva también, pero hay que cambiar los hábitos y eso significa que el sector tiene que estar dispuesto a dar un salto cualitativo importante en qué producir. Estamos más acostumbrados a hacer cultivos extensivos que otros más intensivos o de corto ciclo que requieren mucho más trabajo y dedicación permanente. Pero de la mano de Neiker estamos haciendo toda la valoración de los costes de explotación para presentarle al sector qué alternativas podría tener.

Amaia Barredo, durante su encuentro con NOTICIAS DE ÁLAVA Jorge Muñoz

¿Será un campo con más mujeres?

Este 2026 es el Año Internacional de la Mujer Agricultora y vamos a organizar todos los meses un evento para empoderarlas y recordar que en el campo aún estamos por debajo de la media de titularidad empresarial respecto a otras actividades. Estamos en alrededor de un 30% en Euskadi, pero la tasa en Álava está por debajo, en un 19%. El territorio tiene un reto ahí y vamos a decirles a las mujeres que son igual de capaces que los hombres para dirigir y gestionar una explotación, porque ya trabajan y están ahí, solo que no se las ve. El porcentaje sube, pero en Álava está costando más.

¿Será compatible la vida en el campo con la necesidad de implantar tantas instalaciones de renovables?

Las tenemos que hacer compatibles, sin duda alguna. Gracias al crecimiento que el Estado español ha tenido en renovables, parece que vamos a sufrir menos que otros en este ámbito ahora con la Guerra del Golfo. Pero el despliegue debe ser ordenado y lo que no puede ser es que las renovables ocupen los mejores suelos que tenemos y espacios con un impacto paisajístico y ambiental grande. El Gobierno ya está trabajando en el PTS y esperemos tener en breve ese mapa para discutir si estamos todos de acuerdo.