El corazón trabaja en silencio cada segundo del día y, sin embargo, pocas veces le dedicamos la atención que merece. Pero cuando algo falla dentro de él, la vida se frena.
Las enfermedades cardiovasculares siguen siendo una de las primeras causas de muerte en nuestro entorno, aunque muchas de ellas pueden prevenirse, frenarse o tratarse con éxito si se detectan a tiempo. Una visita al cardiólogo no debería asociarse únicamente a un episodio grave o a una urgencia.
A veces basta con una consulta programada para aclarar dudas, ajustar hábitos o descubrir un problema que estaba avanzando en silencio. “La cardiología tiene un papel esencial en la calidad de vida de las personas. Nuestro objetivo es adelantarnos a las complicaciones, no llegar cuando ya es tarde”, explica Elene Sáez de Buruaga, cardióloga del Hospital Vithas Vitoria, experta en arritmias, quién subraya que “una arritmia se trata de una alteración del ritmo cardiaco normal haciendo que el corazón pueda latir demasiado rápido o de forma insuficiente”.
SEÑALES DE ALERTA
En este contexto, la experta de Vithas Vitoria señala que “una opresión en el pecho al subir unas escaleras, un cansancio mayor del habitual, palpitaciones, dificultad para respirar con esfuerzos mínimos, hinchazón persistente en piernas y tobillos o mareos que se repiten sin motivo claro. Hay síntomas que el cuerpo utiliza para pedir ayuda. Aunque a veces estas señales pueden relacionarse con el estrés o con una temporada de más agotamiento, conviene no ignorarlas porque puede haber una patología cardíaca detrás”.
Muchos pacientes llegan al Servicio de Cardiología del Hospital Vithas Vitoria pensando que “era un resfriado o simplemente estoy ‘mal por la edad’”, afirma el doctor Juan Carlos Astorga, especialista en hemodinámica e intervencionismo, también miembro del Servicio de Cardiología de Vithas.
Pero el corazón también se expresa y nos avisa. La hipertensión, el colesterol alto, la diabetes, el tabaquismo, la obesidad, el sedentarismo y los antecedentes familiares directos son factores de riesgo que elevan la probabilidad de desarrollar una enfermedad cardíaca.
DIAGNÓSTICOS CON TRATAMIENTO
Para comprender qué ocurre, el Servicio de Cardiología de Vithas Vitoria dispone de un amplio abanico de pruebas. Algunas, como el electrocardiograma, son rápidas y permiten identificar alteraciones del ritmo cardíaco. Otras, como la ecocardiografía, permiten ver en tiempo real cómo se contrae el corazón, si existe alguna válvula que no funciona bien o si el músculo ha perdido fuerza.
Las pruebas de esfuerzo ayudan a observar cómo reacciona el corazón ante la actividad física y los registros Holter permiten estudiar el ritmo cardíaco durante uno o varios días completos; o incluso años cuando el Holter es implantado bajo la piel.
También existe la posibilidad de realizar un estudio electrofisiológico que consiste en colocar unos catéteres a través de la vena femoral (de la ingle) en zonas específicas del corazón para estudiar la electricidad cardiaca y detectar arritmias que pueden precisar tratamientos específicos como el implante de un marcapasos o una ablación, que consiste en eliminar zonas determinantes para la generación de ciertas arritmias mediante la aplicación de energía generalmente térmica directamente en el músculo cardíaco.
Además, hay casos en los que es necesario observar de forma directa el interior de las arterias coronarias, sobre todo cuando se sospecha que una obstrucción puede estar comprometiendo el flujo sanguíneo al corazón.
En ese punto entra en juego una técnica que ha transformado la cardiología: el cateterismo. El doctor Astorga lo explica de forma sencilla: “Podemos ver si una arteria está estrechada y valorar su gravedad en tiempo real”.
En el Servicio de Cardiología de Vithas Vitoria, si es necesario durante el diagnóstico, en ese mismo momento actúan para recuperar el riego del corazón. Mediante un catéter que se introduce habitualmente por la muñeca o por la ingle, guiado bajo imagen radiológica, se llega hasta las arterias coronarias. Si se detecta una obstrucción, se puede realizar una angioplastia y colocar un stent, una pequeña malla que mantiene la arteria abierta y permite que la sangre vuelva a circular con normalidad.
TRATAMIENTOS CON AGRESIONES MÍNIMAS PARA EL ORGANISMO
El Dr. Juan Beteré trabaja también en el campo de los procedimientos de hemodinámica mínimamente invasiva, un enfoque que permite tratar problemas de forma muy precisa con una agresión mínima para el organismo.
“La recuperación suele ser más rápida, el paciente siente menos dolor y puede volver antes a su día a día”, destaca. Hoy en día, muchas patologías cardiovasculares se pueden resolver sin necesidad de cirugía abierta, reduciendo notablemente los riesgos y ayudando a que la experiencia del paciente sea más cómoda y segura”.
Los doctores Sáez de Buruaga, Beteré y Astorga se han sumado al Servicio de Cardiología de Vithas Vitoria con la convicción de que los pacientes merecen un servicio especializado capaz de dar respuesta tanto a las patologías más comunes como a las más complejas.
TECNOLOGÍA AVANZADA EN PLENO CENTRO DE VITORIA
“Lo importante es que cada persona sienta que su caso se estudia con rigor y que hay un plan claro para cuidarla”, resume el director del Hospital Vithas Vitoria, Álvaro Delgado. “El trabajo en equipo –con neumología, enfermería, medicina interna, urgencias, cirugía general o rehabilitación– permite una atención coordinada cuando se requiere una actuación más global”, añade.
El Hospital Vithas Vitoria cuenta además con tecnología avanzada para diagnóstico y monitorización, con UCI y urgencias 24 horas, lo que garantiza seguridad en situaciones delicadas. Estar situado en pleno centro de Vitoria-Gasteiz también facilita el acceso a quienes necesitan revisiones frecuentes.
Prestar atención a las señales, consultar ante la duda, asumir que el corazón también necesita revisiones… Todo ello es una inversión en salud, bienestar y autonomía. Escuchar a tiempo lo que el corazón intenta decir puede marcar una gran diferencia en la vida de cualquier persona.
Porque poder caminar sin ahogos, subir escaleras sin miedo, dormir con tranquilidad y seguir disfrutando de la vida depende, en gran medida, de que ese órgano incansable siga funcionando como debe.