Hay lugares que se sienten nada más entrar, donde el tiempo parece ir un poco más despacio y donde comprar fruta vuelve a tener sentido y no de una manera automática. Sabor Campestre es uno de ellos.
Una frutería donde la fruta sabe a fruta, donde cada cliente importa y donde el trato personal sigue siendo la base de todo de este pequeño oasis de color y salud en la Avenida Gasteiz, 33.
En Sabor Campestre la fruta de temporada es la protagonista. Fruta recién llegada de entornos cercanos y en su punto justo. Piezas que han sido seleccionadas de la tierra a mano y con mimo de aquellos que saben que luego el cliente lo disfrutará en su casa.
Aquí no hay prisas ni productos elegidos al azar. Hay conocimiento, oficio y respeto por lo que se vende y por quien lo hace.
Y él es Jeysson Llanos, que llegó desde Colombia con tan solo 17 años y un espíritu emprendedor que nunca ha abandonado. Desde muy joven supo que quería construir algo propio.
“Cada mañana seleccionamos lo mejor de la huerta tradicional, pero también exploramos las tendencias que llegan de otros rincones del mundo"
Así, durante más de dos décadas ha aprendido el oficio desde dentro: comprar bien, conocer la fruta, hablar con proveedores, entender al cliente y valorar la importancia de la calidad por encima de todo.
Hace cuatro años decidió dar un paso valiente y hacerse cargo de un negocio por el que pocos apostaban. Él sí creyó. Y el tiempo le ha dado la razón.
Además de esa calidad innegable, en la frutería de Jeysson saben que, hoy más que nunca, buscar productos nuevos puede ser todo un reto. Y ellos lo aceptan. En este lugar de confianza uno puede venir no solo a “hacer la compra”, sino a descubrir sabores nuevos, aprender y disfrutar.
“Cada mañana seleccionamos lo mejor de la huerta tradicional, pero también exploramos las tendencias que llegan de otros rincones del mundo para que nuestros clientes tengan siempre algo distinto que probar”, nos comenta Jeysson.
Les apasiona estar a la vanguardia de lo nuevo sin perder lo de siempre. Por eso, junto a las manzanas de toda la vida o esas naranjas dulces que nunca fallan, encontrarás frutas tropicales o exóticas, piezas que quizá no conocías pero que pueden convertirse en tus favoritas.
Y no te preocupes si no sabes cómo elegirlas o cómo comerlas: ahí entran ellos para asesorarte en todo momento.
“Nos encanta ver cómo la gente descubre nuevos sabores y vuelve a por más. Porque no se trata solo de vender fruta: se trata de acompañarles, de hacer que disfruten, se lleven exactamente lo que necesitan y que cada visita sea una pequeña experiencia”, nos cuenta al otro lado del mostrador.
Más información
Sabor Campestre
Avenida Gasteiz, 33 (Mercado Gasteiz)
Horario: L -V: 8:30 a 14 — 17:00 - 20:00 Sábados 8:30 a 14
Reparto a domicilio: 622 423 056
Instagram: @frutassaborcampestre
Facebook: frutas sabor campestre
Todo esfuerzo tiene su recompensa… y eso los clientes lo valoran
Hoy Sabor Campestre es el reflejo de ese esfuerzo constante, de muchos madrugones y de una forma de trabajar honesta. Jeysson no está solo.
A su lado están Sandra y Esteban, parte fundamental del día a día, formando un equipo cercano que cuida cada detalle y que trata a la clientela como lo que es: una gran familia, a la que cuidan incluso con el reparto a domicilio totalmente gratis.
Porque ese es otro de los grandes valores de Sabor Campestre: el trato personal, ese que ya no se encuentra en todas partes. Aquí hay personas atendiendo a personas con unas frutas que nacen cerca. Y es que saber de dónde viene lo que comes también es una forma de comer mejor.
Estos días, además, Sabor Campestre sorprende con un emotivo belén hecho de fruta y verdura. Un detalle que resume perfectamente su filosofía: creatividad, cercanía y amor por el producto.
Un símbolo del trabajo bien hecho y de lo gratificante que es ver cómo, tras tantos años de esfuerzo, la clientela responde y valora lo que hay detrás de cada mostrador.
Pero esto no se detiene, Sabor Campestre sigue mirando al futuro, con nuevos proyectos en mente y la misma ilusión del primer día. Porque cuando el trabajo se hace con corazón, la fruta sabe mejor… y la confianza dura muchos años.