Eduardo Arroyo: "Los edificios buenos deben tener una dosis de rebeldía"

Eduardo Arroyo es un arquitecto que rompe moldes y a quien no se le puede achacar un estilo determinado en sus edificios

31.08.2020 | 11:34
Arroyo es un arquitecto de categoría internacional.

Le gusta la arquitectura rebelde, la que no se inclina ante la ortodoxia imperante. Ríe cuando habla de Bilbao, la ciudad en la que nació y a la que vuelve una y otra vez, aunque sea de visita. Se fue a estudiar Arquitectura a Madrid y luego a viajar por medio mundo. Sus edificios están aquí y allá, y han sido protagonistas de algunos programas de televisión. Su arquitectura no deja indiferente a nadie. Es cristal y metal porque le gustan los elementos muertos. No es un hombre muy convencional, sino uno al que le gustaba el Bilbao potente y poderoso de los 80, una ciudad a la que se le podían aplicar muchos adjetivos, pero no el de bonita. Hoy sí que lo es, y "a pesar de que ha perdido su personalidad, ha ganado en amabilidad", señala Arroyo. Le gusta el buceo y por eso lamenta profundamente que Madrid, el lugar en el que reside, no tenga mar. A lo largo de sus más de treinta años de profesión sus trabajos han sido galardonados en 44 ocasiones. Ninguna de sus obras se parece a otra, pero hay algo en ellas que las une para siempre. El estudio que dirige, No.Mad, es hoy pura vanguardia.

Es usted uno de los arquitectos con mayor proyección internacional del momento€
Eso es mucho decir. Terminé la carrera y durante diez años viví fuera, después volví, me ofrecieron dar clases y estuve en la docencia hasta 2012. Fueron momentos bonitos con los que todo empezó.

Se fue muy pronto de Bilbao.
Fui a la Escuela de Madrid a estudiar Arquitectura, pero toda mi familia está aquí, en Bilbao, y soy el único fugado, ja, ja, ja€ Mis hermanos trabajan aquí y están todos insertados en Bilbao.

¿No era Bilbao un buen sitio para ejercer la arquitectura?
Nunca diría eso, pero intuí algo cuando estaba estudiando Arquitectura y aparecía la modernidad. A finales de los 80 me parecía que Bilbao estaba en una época muy neoclásica y redibujando la estética tradicional, porque se buscaba aquella estética de los caseríos. Y pensé: Esto no va conmigo.

¿Por qué no iba con usted esa estética que conocía desde niño?
Yo predecía un mundo moderno, contemporáneo, avanzado... Me fui fuera y no volví.

¿No echa de menos su ciudad?
Todos los días, y cada vez que vengo a Bilbao me siento muy bien. Yo hacía barquitos ahí abajo, en el parque de Doña Casilda, con las hojas de los magnolios. Tengo muchos amigos aquí, pero la vida te lleva por otros espacios y eso está bien. Mi mujer es noruega, con lo que se me han diversificado los lugares. Yo nací en Bilbao, pero era otra ciudad; esta no es la ciudad en la que viví hasta que me fui a estudiar fuera.

¿Le gustaba más la de antes?
No sé si debemos hablar de eso. Digamos que nací viendo cómo se botaban los barcos en el astillero Euskalduna. Bilbao tenía una estética salvaje, nada que ver con lo que es ahora. ¿Cómo definiría la ciudad que es ahora?

¿Cómo una ciudad que puede estar en cualquier otra parte del mundo?
Se podría decir que sí. Es más genérica.

¿Ha perdido personalidad?
No sé si sería correcto decirlo de esa forma.

Correcto puede, pero no va a gustar.
Yo tenía un profesor en la Escuela de Arquitectura que nos hacía escribir una lista de ciudades masculinas y femeninas. Supongo que Bilbao era muy masculina, frente a Donostia que era mucho más femenina. Bilbao podríamos decir que era como un chicazo. Ahora tiene un punto más sensual, más femenino, más amable.

¿Pero?
Está muy bien como ciudad, y también tengo que reconocer que cuando era niño e iba a coger el autobús del cole había charcos que tenían azufre.

Definamos su estilo de arquitectura.
Un crítico alemán dijo que mis trabajos no tenían un estilo definido. Y tenía razón. Todos los edificios que salen de mi estudio son diferentes, pero todo el mundo los reconoce. Hay algo que los une, algo que tiene que ver con lo que no se ve, con la genética más que con el diseño.

¿No es un poco contradictorio?
Nosotros no diseñamos edificios, van apareciendo a través de procesos de trabajo. Hay algo en la manera en la que los hacemos que los une a todos en la misma familia. Lo bueno es que no nos pueden adscribir a una caja. No se pueden utilizar los clichés de: Usted hace cocina mediterránea, usted moderna, usted cocina vasca€ He puesto el símil de la cocina porque también entra en esos encasillamientos. Quizá por eso, nuestras creaciones nos hacen un poco peculiares en el panorama de la arquitectura actual.

Hizo incluso un proyecto de museo Guggenheim para Finlandia.
Sí, pero el edificio no está hecho. Presentamos un proyecto precioso para la bahía de Helsinki, pero al final se anuló. Tenemos un montón de proyectos lanzados por el mundo y todos son diferentes.

¿No siente la tentación de la repetición? Suele dar seguridad si ha habido éxito.
El día que haga una cosa parecida a la que ya he hecho antes colgaré los guantes.

¿No es eso muy drástico?
Es algo que tengo muy claro. Tengo como regla experimentar, investigar, y cuando deje de hacerlo, lo que digo: colgaré los guantes.

Pero sí que tiene materiales recurrentes: metal y cristal.
Me gustan mucho los materiales que están muertos. No uso nunca madera, es algo muy nórdico y está muy de moda ahora, pero a mí no me gusta.

Aunque el cristal y el metal pueden resultar elementos muy fríos.
Eso es un prejuicio que tiene la población. Ahora mismo estamos tú y yo tomando un café y tenemos delante una cristalera [la cafetería del Museo Bellas Artes]. Este cristal nos permite ver los árboles, y si se hubiera utilizado madera no los veríamos. El cristal y el metal tienen más capacidades arquitectónicas para relacionarte con el paisaje, para crear atmósferas que envuelvan a la gente de una manera mucho más natural. Me gustan el vidrio y el acero, elementos que tienen muchas propiedades que nos ayudan a crear cosas nuevas.

Edificios curvos, sinuosos, con pocas líneas rectas...
Me gustan los edificios que aparecen, no me gusta diseñar cajas. No creo que la arquitectura sea algo apriorístico. Me gusta que los edificios vayan apareciendo del diálogo con el entorno en el que estás. Cuando surgen de esta manera, tienen formas que no habían sido definidas a priori.

¿Por qué no cree en los edificios apriorísticos?
Porque no me gusta lo que está diseñado sin tener en cuenta que hay que hablar con el entorno, con el lugar donde se van edificar.

Si tuviera que elegir, ¿más Frank Gehry que Moneo?
Sin duda alguna. Es un gran experimentador e investigador, con todos los errores que eso genera. La experimentación te puede hacer fallar más veces, a no ser que seas un genio.

¿Quizá por eso hay más tendencia de diseñar al estilo de Moneo que al de Gehry?
No lo sé. El punto este, entre comillas, jesuita, de estar todo el día con el cilicio puesto, controlándote en la arquitectura, creo que te resta capacidades como creador. Tú mismo te estás poniendo barreras y límites. Moneo es un gran arquitecto, pero te he respondido directamente a la pregunta que me has hecho. Y sí, más Gehry que Moneo.

Cuando se levantó el Guggenheim en Bilbao las reacciones fueron muy intensas: no había nada a medias y era un sí o un no a ese edificio. ¿Cree usted que la ciudad se ha simbolizado a través de la obra de Gehry?
Los edificios muy buenos tienen que tener una dosis de rebeldía. El Guggenheim es un ejemplo de esa rebeldía, de no estar dentro de lo apriorístico, de lo que se esperaba de un edificio como museo.

¿Rebeldía?
Sí. En la arquitectura la rebeldía es algo fundamental. Estar obedeciendo al presente te quita capacidad de crear el futuro y pierdes la capacidad de evolucionar. Hay que recordar que cuando se construyó el Guggenheim no estaba ni hecho Abandoibarra. Aterrizó como un motor. Siempre entendí que era una obra apoteósica. Verlo ahí solo, aún entre lo que quedaba de los astilleros€

Ahora todo está urbanizado, y sin embargo, Frank Gehry ha dicho en alguna ocasión que el diseño de su edificio nunca estuvo pensado para un lugar tan bonito y sí para un entorno más industrial y duro.
Pienso que Abandoibarra es un proyecto fracasado.

Eso tampoco va a gustar.
Seguro, pero es que nace de dos polos muy interesantes, el Palacio Euskalduna y el Guggenheim, y creo que se podía haber creado una ciudad más cercana a la ría. Sigue habiendo barreras, sigue estando ese centro comercial terrible. No se ha resuelto muy bien la continuidad de Bilbao a la proximidad de la ría. Tanto el Euskalduna como el Guggenheim fueron dos apuestas importantísimas a nivel de arquitectura, de técnica, de tecnología€ pero Abandoibarra no.

¿Por qué se tiende a que las ciudades se parezcan entre sí?
Por el miedo que tienen quienes las gestionan, los políticos y los urbanistas de ayuntamientos e instituciones diversas. Yo conozco a muchos y puedo hablar de todo esto.

Pero está obligado a trabajar con ellos.
Exacto. Sé cómo respiran y cómo funcionan. Cela decía que el miedo es de mala educación, y yo pienso que es un tema de cultura avanzada. Cuando alguien tiene responsabilidad política sobre algo, tiende a frenar. Tiene que haber políticos muy grandes para que una ciudad sea diferente y tenga su estilo, y las hay: Copenhague, Ámsterdam, Tirana€ Son ciudades experimento con alcaldes muy tirados para delante.

Iñaki Azkuna también era bastante así.
Sí. Creo que en algún momento fue un tipo bastante valiente, pero tenía alrededor un equipo más miedoso. Las ciudades acaban pareciéndose porque las decisiones son consensuadas y pactadas, y casi todos los pactos tienden al punto medio. Y he dicho punto medio, no mediocridad.

Pero la mediocridad suele estar en el punto medio.
Yo no he dicho eso, yo hablo de punto medio y no de mediocridad, y de que ese es el motivo por el que muchas ciudades pueden llegar a parecerse entre sí, sobre todo si acaban aterrizando en ellas arquitectos que son especialistas en ese punto medio.

Supongo que entre sus planes nunca estuvo opositar para ser un funcionario de la arquitectura.
No, nunca estuvo en mi pensamiento. Con todos mis respetos a mis compañeros que trabajan en ayuntamientos y otros organismos, pienso que es un trabajo tremendamente restringido. Yo entiendo la arquitectura como un ejercicio vital de libertad. Estar en medio del concejal de turno que te presiona, de la opinión de los demás, de las ingenierías€ No digo que te conviertan en una marioneta, pero sí en alguien con muy poca capacidad de decisión.

Para mí, la capacidad de decisión es lo que rige mi trabajo.
Y viajar habrá tenido gran influencia en su forma de concebir la arquitectura.
Por supuesto. Alguien dijo que viajar era el camino más corto hacia uno mismo a través de los demás. El que viaja llega a conocerse mejor, y eso te ayuda a crear. Viajando ves la parte que nos diferencia como seres humanos.

¿Impregnan esas diferencias?
Sí, por supuesto, las acabas trayendo de vuelta. Conocer lo diferente te hace trabajar de otra manera, te ayuda a crear, a evolucionar.

Pero la mayoría de las sociedades son muy endogámicas: buscar amigos y pareja en el entorno más próximo, vivir en las proximidades donde has nacido, defensa a ultranza de las costumbres€ ¿Somos poco aventureros?
Si hablamos de estadística, diría que sí. Siempre acabas relacionándote con gente como tú.

¿Y a usted le gusta la aventura?
En todos los sentidos, pero quizá porque tengo amigos aventureros. Conozco a ingenieros que son muy aventureros, alrededor tengo a gente que se aventura mucho.

¿Por qué es arquitecto?
No tengo ni idea. Mi padre aún me recuerda que con tres años le dije que quería ser arquitecto.

¡Qué precocidad!
Ja, ja, ja€ Sí, y como no soy religioso quiero creer que puede ser algún tipo de reencarnación. Seguro que soy la reencarnación de alguien que dijo que tenía que volver por aquí porque le quedaban cosas por hacer. Siempre me ha gustado mucho montar cosas, y cuando era pequeño jugaba con los Tentes que había entonces. En mi oficina sigo haciendo maquetas, llevo 32 años trabajando y la gente alucina diciendo: El jefe se ha puesto a hacer una maqueta. Me gusta ser un fabricador.

¿Qué relación tiene que haber entre la utilidad de la arquitectura y el arte?
La utilidad es el primer escalón de la arquitectura. Sin utilidad no hay arquitectura, pero si solo hay utilidad se convierte en una arquitectura que no trasciende en cuanto a significado y es solo un mero objeto funcional. La arquitectura es algo que trasciende a la mera construcción. Es como la tortilla de patatas: coges huevo, aceite y patatas, y sale una cosa que nada tiene que ver con los ingredientes, pero trasciende.

¿Diferencia entre lo anodino y lo bello?
Puede ser. Cuando tú entras en un sitio y dices: Joder, esto está bien, este lugar tiene algo€ Esa sensación que no sabemos muy bien qué es, esa información que está escondida, pero que hace que un edificio sea bueno y no un montón de ladrillos colocados uno encima de otro, eso es lo que hace que tú te sientas bien. La meta de la arquitectura es crear un entorno que proteja la vida de la persona que la está usando sin estar pendiente de la espectacularidad, pero sí notando que hay una atmósfera determinada que le hace decir: Esto está bien.

Tendemos a proteger la conservación de todas las construcciones hechas con anterioridad y a enfadarnos cuando alguien mete una excavadora por medio. ¿Hay que proteger todas las edificaciones basándonos en su antigüedad?
No, pero sí hay que tener una cultura del valor de la historia. Se tendría que aprender en el colegio, no en la universidad, a distinguir qué cosas merece la pena conservar. Ese árbol que está ahí sí que merece la pena ser conservado, pero el edificio que está en aquella esquina a lo mejor no, y aunque sea del año 30 no tiene por qué ser bueno. La historia dota a los edificios de una especie de galones y ya no se tocan; eso es un error gravísimo. De hecho, hay muchas ciudades históricas en las que parte de su mala arquitectura es un centro turístico y nadie se atreve a tocar nada.

Es que eso va en contra de la política conservacionista de muchos ciudadanos.
Porque no nos atrevemos a tocar nada, y no porque sea histórico, sino por el miedo a que venga algún arquitecto moderno y haga algo peor. Tampoco tenemos la cultura de la modernidad.

¿No le sería a usted más cómodo y rentable ser un poco más convencional?
Lo has clavado, totalmente de acuerdo. Es más cómodo y más rentable. ¿Qué quieres que te diga? Desde ese punto de vista tienes razón, pero no, no quiero ser convencional. Es cómodo, vives mejor, tienes menos disgustos, y probablemente ganes más dinero. Creo que hay personas que venimos a este mundo con determinada energía. Intentar cambiar las cosas te genera muchos enemigos y bastante oposición.

Aunque sea un tópico, ¿cuál era su edificio favorito de Bilbao?
Adoraba el edificio del tigre [está situado en la ribera de Deusto], aunque después lo remodelaron. No tenía en Bilbao ningún sitio favorito, aunque sí una atmósfera favorita, un ambiente que me gustaba. Eso de caminar por el Campo Volantín, donde vivían mis abuelos, era algo muy especial. Ahora hago ese paseo y solo pienso en que es bonito. Ya no tiene esa atmósfera poderosa que me atraía tanto. Solo es bonito, pero bonito no es el grado extremo de las cosas.

Muchos piensan que Bilbao ha perdido su personalidad.
Sí. Ha perdido personalidad y ha ganado amabilidad. Los que tenemos una edad y hemos vivido aquel otro Bilbao echamos de menos algunas cosas. La ciudad tenía una fuerza visual muy poderosa. Esa ría sucia tenía una fuerza bestial. También voy a decir que me sigue encantando pasear por Bilbao cuando vengo de Madrid a ver a mi padre y al resto de mi familia, y siempre que paso por aquí voy al Guggenheim.

¿Qué más aficiones tiene?
Me hice instructor de buceo hace mucho tiempo y he buceado por todo el planeta.

Algo que no puede hacer en Madrid.
Entre otras cosas. Si algo odio de Madrid, y es lo único, es que no tiene mar. También toco un poco el saxofón. Creo que la música tiene una relación increíble con las matemáticas y la geometría. Te metes en otro mundo cuando estás escuchando o tocando música.

¿Le gusta el jazz?
Por supuesto. Coltrane me parece una bestia. Es una de esas personas que vienen al mundo para cambiarlo, esa gente de la que te hablaba antes.

¿Hay muchos arquitectos rebeldes?
Ahora mismo, no. Creo que se ha producido una especie de domesticación de la profesión. Tal vez es que somos muchos y hay mucho miedo. Es una profesión muy golpeada. Se ve mucha arquitectura espectacular en el instante, pero que no aguanta ni un viaje de diez segundos.

¿Hay alguna ciudad a la que considere arquitectónicamente perfecta?
Las que han sabido entender que cada momento en la historia tiene una determinada importancia en la arquitectura. Por ejemplo, Ámsterdam ha sabido entender muy bien que la modernidad un día será historia. Oslo también es una ciudad que está aprendiendo a entender la historia como algo que va hacia adelante y no hacia atrás. 

PERSONAL
Edad: 56 años.
Lugar de nacimiento: Bilbao.
Formación: Es arquitecto por la Escuela de Arquitectura de Madrid y doctor en Filosofía. En 1988 fundó su estudio NO.MAD en Ámsterdam. Desde 1996 tiene su sede principal en Madrid. Ha sido profesor de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura en Madrid, ha dado conferencias y cursos en diferentes países y tiene 44 premios internacionales, el Europan entre ellos. 
Obras:  Se pueden citar entre ellas el Estadio de Lasesarre (Barakaldo), la casa Levene (San Lorenzo del Escorial, Madrid), la Guardería de Sondika, la Plaza Desierto de Barakaldo, el Banco Arquia (Bilbao), la casa Zafra-Uceda (Aranjuez) o la Universidad de Económicas de Viena, fundamental en su carrera. Asimismo ha realizado los cortometrajes Paisajes de bolsillo y Yellow fever.