ilo Djukanovic ha vuelto a ganar las elecciones en Montenegro, aunque con una precaria mayoría relativa. Es algo que viene haciendo ininterrumpidamente desde hace 30 años, con lo que es el político europeo actual que lleva más años en el poder.

Sus enemigos aseguran que los triunfos electorales de Djukanovic son fruto de alianzas mafiosas y fraudes políticos. Y si lo aseguran, no lo han podido demostrar aún; en cambio es evidente que el líder montenegrino es un mago del pragmatismo€ y, también, del pasteleo político. Toda su biografía es un compendio de ambas cosas.

Porque ya en 1991, cuando Montenegro era aún una república de la extinta Yugoslavia, Djukanovic llegó a los 29 años de edad a la presidencia del pequeño territorio (14.000 km2 , 640.000 habitantes) de la mano de Milosevic, el político yugoslavo que desencadenó la peor guerra balcánica de finales del siglo XX y que acabó con la desaparición de Yugoslavia.

El pragmatismo de Djukanovic le hizo ser fiel a Milosevic en la paz y en la guerra -las tropas serbias atacaron Dubrovnic desde tierras montenegrinas-, pero en cuanto ese perdió la guerra, se desdijo de la alianza con Belgrado y con el comunismo para hacerse entusiasta paladín de la democracia, las potencias occidentales y la Unión Europea.

Para el presidente montenegrino eso no supuso ningún sacrificio. Lo suyo era el oportunismo y el pactismo, no las ideologías ni las fidelidades numantinas. Desde que empezó -a los 23 años- a brujulear en la política, Djukanovic se ha atenido sólo a dos principios : ir por el mundo de alianza en alianza (hasta el extremo de que en los 30 años de poder no presidió ni un solo Gobierno de un solo partido) y aliarse siempre con los ganadores.

Cuando quebró el comunismo soviético, Djukanovic se apresuró a fundar su partido socialista ("Partido Democrático de los Socialistas") para seguir mandando con los mandatarios comunistas de antes, pero bajo una etiqueta democrática. No fue un invento suyo; lo hicieron todos los gerifaltes comunistas de la Europa Central y del Este, pero Djukanovic lo hizo con menos ideología que ninguno de sus colegas excomunistas y con más éxito que todos ellos.

En lo ético, también ha sido muy parecido a sus colegas comunistas convertidos a la democracia por mor del poder: para enriquecerse él, sus aliados y unos pocos compatriotas más, toleró con entusiasmo que Montenegro se erigiera en la gran plataforma del contrabando de tabaco. Y cuando este negoció menguó y los rivales políticos nacionales y los dirigentes occidentales le reprocharon la ilegalidad, Djokovic se justificó diciendo que en realidad "€Montenegro solo fue un eslabón del tránsito de los cigarrillos€"

Todos estos aspectos de la biografía del presidente montenegrino explican su auge y sus éxitos, pero no bastan para entender su eternización en el poder. Esto último lo hace la oposición política montenegrina. Esta ha sido de un nivel deplorable. Prueba de ello es el líder opositor Nebojsa Medojevic, quien declaró en una ocasión que la epidemia de covid-19 "€es fruto de una maquinación de George Soros y Bill Gates€" y que el candidato demócrata a la presidencia estadounidense -Joe Biden- era en realidad "€ el hombre de los pedófilos de la América más retrógada€".