La vuelta de Javier Vizcaino

Socialdemócratas todos (o lo que toque)

19.10.2021 | 00:35
Al fondo, el difunto Pérez Rubalcaba, que fue el que instigó la expulsión de Sánchez. Foto Efe

Pelillos a la mar – En las facultades de politología se estudiará "lo de Sánchez". Aquel tipo de la camisa deslumbrantemente blanca y la sonrisa profidén cuya profundidad intelectual no parecía dar más que para un selfi es ahora el líder indiscutido del partido más veterano de la escena política española. Oigan, que hasta el mismísimo Felipe Equis Copito de Nieve González Márquez ha bajado la testuz ante él y le ha rendido pleitesía. Ese abrazo del sábado también daría para una tesina en las aulas que mentaba arriba. No solo se echaban pelillos a la mar de las discrepancias recientes. Se le arrojaba otro manto de cal viva a cierto pasado que no entra en las exigencias de dignidad, reparación y justicia. Memoria Democrática, sí, pero muy selectiva. Como aperitivo, dos días atrás el partido celebrante había impedido la comparecencia de Corcuera –solo faltó él en Valencia– para aclarar el asesinato de un cartero en la oleada de paquetes bomba enviados a militantes de la izquierda abertzale. En tiempos de Felipe, sí.

Perdón y poder – En aquellos días de guerras sucias ya estaba por allá el difunto Alfredo Pérez Rubalcaba en el papel de negador de todo. El cálido, casi tórrido, homenaje que se le rindió en el 40 congreso al gran seguidor de Rasputín también resulta muy digno de mención. No se olvide que fue Don Alfredo el que movió los hilos para sacar fuera de Ferraz al Sánchez del "No es no" a Rajoy. Todo olvidado. Tanto, que otro de los grandes golpes de efecto haya sido el perdón al traidor de los traidores, Antonio Hernando, que fue quien en última instancia acuchilló a su señorito y hasta defendió en las Cortes la abstención que valió la permanencia de Rajoy en Moncloa. El perdón es signo de magnificencia y de poder. Sobre todo, cuando las afrentas tienen unos cuantos años. A los otros, a los recién caídos, los anteayer fieles escuderos como Ábalos o Iván Redondo, todo el desprecio.

Todos a la orden – El resumen es que en Valencia ha empezado un nuevo cuento. El principio inspirador es de Alfonso Guerra, otro que ha vuelto al redil: el que se mueve no sale en la foto. Los maledicentes dirán que hay mucho cabreo por lo bajini, pero pongan micros a ver quién pía. Hasta los versos sueltos como Page, Vara o Lambán ejercerán de tales siguiendo el libreto que les escriba Bolaños, el nuevo brazo ejecutor del jefe. Como el resto de los barones y las baronesas, harán lo que se les mande y serán lo que se les diga. Ahora mismo, según el último parte y hasta nueva orden, les toca ejercer de socialdemócratas. Y no hay más que hablar.

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