La maraña mediática

Operación Regreso del Emérito

09.10.2021 | 00:56
Mural satírico sobre el emérito en Valencia. Foto: Europa Press

Inocente y punto – La Fiscalía no ha dicho que el Emérito es inocente. Únicamente, que no hay forma de meterle mano. Da lo mismo. En Diestralandia la especie que corre es que se ha probado que está limpio como una patena. Lean al editorialista de ABC: "Pero mientras se concluye que no delinquió, lo cual es relevante como lección a tanto inquisidor de salón con su propia cocina sucia, no tiene sentido que en España haya aún quien siga tratándolo como a un delincuente".

Daño "irreparable" – También El Mundo editorializa por ahí, como si habláramos del más santo varón del orbe: "Las pesquisas se han mantenido abiertas más tiempo del necesario, provocando un desgaste irreparable a la imagen de Don Juan Carlos. Hasta el punto de que el rey emérito, debido a la presión de cierta opinión pública, se vio forzado a abandonar el país e instalarse en Emiratos Árabes, para vergonzoso regocijo de varios miembros del Gobierno".

Que vuelva – La moraleja de todo este cuento de hadas es que el destierro de Su Campechanidad no puede durar un día más. Tal cual lo exige Luis Ventoso desde el recién nacido diario El Debate: "No está a la altura de una nación de la categoría de España mantener a una persona que tanto hizo por la prosperidad del país y sus libertades sometida a una suerte de destierro, apartado lejos al cobijo de la gracia de los soberanos árabes. Que vuelva el Rey".

Está muy mayor – Al enumerar las razones para la vuelta del huésped de los jeques, el cortesano feroz Alfonso Ussía busca tocarnos la fibra sensible: "Tiene 83 años, que es una edad de riesgo, y me asusta pensar en las malas conciencias que devastarán a muchos si, por causas naturales, el destino le condena a no volver a España. Las lágrimas de la mala conciencia son las más amargas". Pobrecito.

Y dos huevos fritos – El premio al servilismo se lo lleva Miquel Giménez, autor de una pieza salivera titulada Se le echa de menos, Señor. Después de lisonjas sin cuento, el desparrame final es una invitación a comer. Literalmente, como van a leer: "Y sepa que tiene en mi casa unos huevos fritos con un chorizo fetén cuando quiera. Que se le quiere y se le echa en falta". Así está el patio cortesano.

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