En Italia no puede empezarse la jornada sin tomarse un café (o dos). Así que mi guía, Elena Pettinicchio, me invita a entrar en el más famoso e histórico café de la ciudad de Lecco. Allí saboreamos un delicioso caffè espresso, no servido por George Clooney, pero sí por un artista local cafetero mucho más experto que el actor hollywoodense. Lo demuestra el hecho de que el lugar esté abarrotado de gente que entra y sale constantemente saludándote como si te conociera de toda la vida: Buona giornatta, se escucha una y otra vez. Pero para redondear el rito hay que degustar un exquisito pasticcino. ¿A quién amarga un dulce si olvidó su última analítica?
La jovial, divertida e ilustrada guía (se cuelga de mi brazo como si fuéramos ya viejos amigos) me muestra el punto neurálgico de la ciudad: la plaza donde se yergue el icónico campanario que se divisa desde cualquier punto urbano. Pasear por Lecco es muy relajante y familiar. Te da la sensación de que te vas a encontrar amigos en cada esquina. Todos sonríen a un extranjero. Nos encaminamos al pequeño centro histórico por Vía Cavour, atravesando tiendas que huelen a trattorías, a quesos, a vino, a embutidos, a café, a dulces y ¡cómo no! a reconocidas boutiques de sofisticada moda, hasta llegar a la coquetona y animada Piazza Garibaldi. Ahí destaca el Teatro Social, con una de las mejores acústicas del país.
Elena me señala sotto voce, como en secreto, una pequeña esquina de la plaza llamada Cantone di Bali. Rincón donde antes se detenía mucha gente a chismorrear las cosas que pasaban en la ciudad. Tendencia que se habrá ido extinguiendo con harto tuiteo y wasapeo como hay en la actualidad.
Palacios y museos
Lecco conserva la muralla y el foso que rodeaban el burgo medieval. En su núcleo urbano pueden visitarse muchos monumentos e iglesias, así como palacios como el de Belgiojoso o el de Don Rodrigo. También museos como el Arqueológico, el de Historia, y el de Ciencias Naturales y Planetario. Sin olvidar el Museo del famoso escritor Alexander Manzoni. A espaldas de la ciudad, un teleférico nos conduce a los Piani d´ Erna, balcón de 1.329 metros de altura, que ofrece un fantástico panorama de la urbe, del lago, y de las majestuosas montañas que protegen a Lecco del turismo masivo.
El lago Como
Si hay algo que nadie debería perderse en este lugar es la excursión denominada Lake Como Food Tours, con este nombre en inglés –cosas del marketing– para viajar hasta la otra orilla del Lago Garlate mediante un rápido vaporetto.
Tras un paseo por las antiguas callejuelas del viejo pueblo, se va ascendiendo por una colina hasta llegar a la hacienda Il Ronco Agriturismo, de Laura Sanvito. Ubicada en medio de un entorno natural, es también un pequeño albergue, y produce aceite de oliva virgen extra, frutas, verduras, mermeladas, pan y un sinfín de productos de su propia granja de animales. Allí es donde descubrimos los sumamente apetitosos productos gastronómicos locales.
Los aperitivos no defraudan. Acompañados de excelentes vinos blancos, tintos y espumosos, degustamos diversos embutidos caseros típicos de la región. Y, más tarde, nos reunimos en torno a una mesa común, donde saboreamos en plena naturaleza y con sugerentes vistas al lago, el delicioso menú preparado por Laura Sanvito. Es imposible visitar Lecco y no disfrutar de esta experiencia al buen gusto, al aire libre, en medio de un microclima mediterráneo, y rodeado de viejos amigos.