Las prisas no acostumbran a ser buenas compañeras. Y menos, cuando se trata de dar responder a los requerimientos de la Justicia o las fuerzas encargadas de velar por el orden público. Ante tal tesitura parece lógico pensar antes de actuar, ya que, de invertir el orden de ambas acciones, el resultado suele ser desalentador. Para muestra un botón.

Los registros facilitados por la Policía Local de la capital alavesa a DIARIO DE NOTICIAS DE ÁLAVA dan fe de las desventuras de un joven que, a lo largo de una mañana aciaga (la del pasado miércoles), acabó hasta en dos ocasiones en el interior de un coche patrulla de la guardia urbana. En ambos casos, detenido.

La primera vez, para responder a una requisitoria. La segunda y, para sorpresa de los agentes encargados de su arresto, por la celeridad con la que recayó en el delito tras abandonar los juzgados, ya que, por prisas o por andar con el tiempo justo, decidió hurtar una bicicleta justo frente a la sede judicial para desplazarse por la ciudad. Genio y figura. El relato policial, ocurrido esta misma semana, aún se comenta en la comisaría de Aguirrelanda. No es para menos.

Primer arresto en el barrio de Sansomendi

Los agentes recuerdan que, a través de un mandato judicial, efectivos del cuerpo se desplazaron a primera hora de la mañana hasta la ubicación conocida del protagonista de esta historia. En el barrio de Sansomendi, los policías dieron con el citado a las 7.30 horas.

Lo detuvieron por requisitoria judicial y lo encaminaron hacia el Palacio de Justicia para cumplir con lo dispuesto por el magistrado encargado de emitir la orden correspondiente. Hasta ahí, nada ajeno a la normalidad.

Segundo arresto junto a la calle Diputación

No obstante, con el paso de las horas, la filiación del detenido a primera hora volvió a emitirse en las comunicaciones policiales. Justo antes de comer, a las 12.45 horas del mismo día, otros efectivos de la Policía Local informaron de la detención del mismo individuo. En esta ocasión, lo fue tras ser sorprendido con una bicicleta ajena en las inmediaciones de la calle Diputación.

Fue allí y entonces cuando los agentes que le dieron el alto descubrieron que la bicicleta que manejaba, valorada en alrededor de 1.400 euros, no era suya.

El vehículo había sido sustraído frente a los juzgados gasteiztarras una vez que el finalmente arrestado fuera puesto en libertad tras cumplir con el juez que firmó sla requisitoria. Tras comprobar los hechos, el citado fue arrestado y puesto nuevamente a disposición judicial.