Solatsu es un espacio eco-turístico totalmente rehabilitado, actualizado y en funcionamiento desde octubre de 2025. Dos son sus grandes objetivos: el primero, el de su recuperación integral, ya es una realidad; el segundo está forjándose: la difusión de su valor patrimonial, enseñando al público la memoria de esta antigua tejera y el modo de vida ligado a ella.

En Euskal Herria se pueden contabilizar una docena de tejeras con forma y huella reconocible, pero ninguna está devuelta a la vida como la que nos ocupa de San Agustín de Elorrio. En Bizkaia destaca también la memoria y restos de la tejera de Terlegiz, en Kortezubi, las de Izartza, en Orozko, y las de Nieva y Villanueva, en Ispaster-Elexalde. 

Recreación de la forma de trabajo de la tejera. M. Sagüés

La presencia material de estas tejeras en el ámbito natural e histórico desde Bizkaia a Navarra nos cuenta cómo nuestros caseríos, sencillos, religiosos o nobles, se nutrían de tejas, ladrillos y materiales de barro cocido. Solatsu es un testimonio que enseña y habla de este oficio de la teja, de jerga y de patrimonio. Un oficio que va desde la búsqueda, selección y extracción de la tierra, pasando por las mezclas con el agua, el moldeo en función de cada producto, el secado y cocción, hasta el transporte del material creado para ser colocado en la techumbre de destino. En definitiva, se trata de conocer el proceso productivo para comprender mejor a los protagonistas y sus manufacturas.

Cronología

La documentación más antigua data la construcción de esta tejera en el año 1700. En el conjunto de Euskadi y Navarra durante esas centurias estuvieron en funcionamiento medio millar de tejeras o tejerías de pura manufactura artesanal. Fueron desapareciendo en el primer tercio del siglo XX cuando el progreso industrial fue adaptando la mecanización en la elaboración de tejas, ladrillos, baldosas…

Explicando el proceso de colocación y secado de las tejas. M.S.

La telleria elorriarra prestó un gran servicio a la villa, bien reconocida por su caserío, entre el que destacan hasta 20 históricos y fornidos palacios. Estos, fueros nobles casonas que tomaron asiento desde la fundación de Elorrio en 1356. La villa contó en su mayor esplendor con tres tejeras: La propia de Solatsu y las de Lequerica y de Mendilibaso. La de Solatsu fue la más importante y longeva en el tiempo y en la actualidad posee la condición de ser la única recuperada de la vieja Vasconia. Además, también es singular por ser en origen la única que fue propiedad de la Iglesia. En el año 1769 esta tejera se alude en un documento como “a Casa Thegeria propia de la iglesia de San Agustin”. Ese mismo año de 1769, la iglesia de San Agustín sufrió un incendio de consideración, motivo por el cual hubo que afrontar una reconstrucción. Consta que pocos años después, en 1785, la iglesia arrenda la tejera a Marcos Balenciaga por un período de nueve años bajo una serie de curiosas condiciones, entre las que sobresale el que “deberá entregar gratis un carro de teja a la fábrica de la iglesia…”. Se deduce que eran tejas para recomponer las maltrechas cubiertas de la nave y torre del templo.

En 1834, en plena Primera Guerra Carlista, el Ayuntamiento solicita la enajenación del lugar de Solatsu, cosa que consigue pocos años después. El 8 de junio 1878 consta como fecha en la que el Ayuntamiento de Elorrio vende la tejera a 54 vecinos por el precio de 5.400 reales.

Ane Miren Arriaga muestra el trabajo de moldeado. M.S.

La producción rentable por estos vecinos se extendió durante casi seis décadas, hasta 1936, año de comienzo de la Guerra Civil Española.

En 1949, los 54 propietarios intentaron retomar la explotación, pero la industrialización y la entrada en funcionamiento de las tejeras mecanizadas lo hicieron imposible, volviendo a relegar a la tejera al abandono.

Poco después figura como arrendataria y habitante del lugar la familia Arregi Arrieta. El padre, Rafael Arregi Abarrategi, de modo muy puntual siguió trabajando el ladrillo como elemento necesario para calentar la chapa de la cocina y los dormitorios. Este contrato de arrendamiento del caserío finalizó en 1970, aunque los Arregi Arrieta continuaron utilizando la sencilla tejavana para almacenar la hierba cortada en sus campas. El abandono habitacional y la plantación de pinos terminaron por arruinar el lugar.

+ info

  • Barrio San Agustín, 50 - Elorrio, Bizkaia
  • Teléfono: 634 73 52 92
  • www.solatsu.com
  • Horarios de visitas: 10:00 /13:00/16:00. Concertar.
  • Idiomas: Castellano, euskera, inglés, portugués y francés.

En 1983 la tejera, ya caída en desgracia y olvido, fue adquirida por Juan Ugarriza y Juan María Zubia. Mediante algún trabajo de limpieza y trueques de terrenos con vecinos de San Agustín, el lugar quedó parcelado.

Finalmente, en 2017, Unai Ugarriza Ugalde decidió comprar el caserío y la tejera de Solatsu de San Agustín de Etxebarria. Una adquisición emocional, pero convertida pronto en un reto: un proyecto de investigación, reconstrucción y puesta valor de este tesoro perdido. Hoy, Solastu es un proyecto global hecho realidad que incluye visitas guiadas a la tejera y su entorno, y talleres inmersivos para escolares, familias y grupos, dando a conocer este elemento de patrimonio preindustrial tan esencial en nuestras vidas.

Imagen antigua de la tejera, en la exposición interior. M.S.

Las visitas

La visita guiada a la tejera y exposición de Solatsu se convierte en una cautivadora experiencia, como si de un museo vivo se tratara. Ane Miren Arriaga, responsable de las visitas guiadas, explica el proceso de manufactura de la principal protagonista: la teja; su producción, el oficio en su más íntima esencia; su simbología y significado; su calado en tradiciones y rituales, su tan rotunda, como necesaria funcionalidad como techumbre de la mismísima vida. Esta actividad nos permite viajar al pasado mientras recorremos el hábitat natural e industrial donde antiguamente los tejeros creaban unas tejas que aún, en gran cantidad, siguen protegiendo el caserío de la villa de Elorrio, incluidos sus templos y palacios.

Materiales para los talleres. M.S.

La visita tiene una duración de hora y media, y además de la contemplación y explicación de decenas de elementos museísticos, el visitante puede poner en práctica la elaboración de una teja con las materias primas y las herramientas originales de la propia tejería.

La visita termina con un interesante vídeo sobre los últimos tejeros que todavía viven de esta industria en pueblos de la provincia de Salamanca.

Visitas y talleres

Solastu ofrece a los centros educativos visitas con actividades adaptadas y prácticas para alumnos de entre 5 y 15 años de edad. Patrimonio que se toca, es uno de los lemas de Solastu. Otro es: Aprende, crea y llévate tu propia tejita a casa, con el que cada niño o joven puede moldear la arcilla con sus manos y con las herramientas originales.

La matriarca: iglesia de San Agustín

San Agustín es una iglesia muy antigua que fue reconstruida a fondo en varias ocasiones. Fue edificada a principios del siglo XI. La iglesia actual es de estilo gótico vasco y destaca el grosor de sus muros, de más de un metro, y su sobresaliente torre barroca de finales del siglo XVII.

En su interior se puede contemplar un magnífico retablo plateresco. Sus mayores transformaciones discurrieron durante los siglos XV, XVII y XVIII, por lo que es probable que la propia iglesia mandara montar esta tejera a su vera, en la ribera derecha del río Ibaizabal y a un paso de varias canteras de arcilla ya existentes; y las tejas resultantes tuvieran como destino principal las mejoras y ampliaciones de San Agustín.

Carro de tejas con la iglesia al fondo. M.S.

Cabe recordar que en 1630 la villa de Elorrio anexionó a San Agustín, pasando a ser uno de sus barrios. Hasta entonces perteneció a la Merindad de Durango. La iglesia ya había concentrado en torno a ella a distintas estancias y caseríos hasta alcanzar un núcleo poblacional denominado como anteiglesia. Así, cuando se construyó la tejera de Solatsu, en propiedad y al cobijo de la esbelta y singular iglesia, San Agustín y las casas aledañas ya estaban circunscritas en el término municipal de Elorrio.

Desde un principio, San Agustín, como empresa, cedió la tejera a los mejores arrendatarios para su explotación. En sus últimos años la fábrica, ya en propiedad del consistorio, también funcionó como cooperativa, en cuya nómina hubo hasta 54 familias. La tejera sirvió material para las construcciones de Elorrio y de otros asentamientos cercanos hasta el comienzo de la Guerra Civil Española (1936).

Recuperación, romanticismo y esfuerzo

Casi nueve décadas después se ha logrado recuperar el espacio con titánico esfuerzo. Una iniciativa trabajada a fondo durante ocho años (2017-2025), con más raíces de generoso romanticismo que de siembra económica. Se ha puesto en valor esta tejera desde muchos puntos de vista: arquitectónico, social, cultural, turístico… Solatsu es una recuperación y suma cultural para Elorrio y una maravillosa experiencia para todos los visitantes de otros puntos geográficos. 

Los trabajadores, ninguneados

Los trabajadores y trabajadoras de las tejerías no estuvieron bien vistos durante los tres siglos en las que existieron. Era un oficio indigno, poco honroso, sucio, muy rudo, y lo hacían gentes humildes llegadas de otras partes. Eran cuadrillas formadas por un maestro tejero, un par de oficiales y un variado, en número, peonaje. Se alojaban en una casa aledaña a la tejera. Su estancia o temporada se prolongaba durante los meses de mejor tiempo, de marzo a octubre.

A Solatsu vinieron trabajadores desde Asturias y también algunos de Iparralde. Incluso, los tejeros y tejeras crearon un lenguaje gremial que se conoció como xiriga, que conectó y sumó expresiones al euskera. El trato social, sin duda, no correspondió a la importancia del producto manufacturado. Las tejas eran el remate imprescindible e insustituible de cualquier proyecto de vivienda o fábrica de aquella época; sus obreros, no fueron bien reconocidos, al contrario, fueron ninguneados.

​La teja fue un signo de propiedad. En este sentido cabe recordar el gesto principal en las Fiestas de la Magdalena en Bermeo, en la isla de Izaro, donde el alcalde de Bermeo lanza una teja como símbolo de posesión de la isla mientras pronuncia la histórica frase: “Honaino heltzen dira Bermeoko itugiñak”.

Se pueden descubrir y disfrutar estas y otras cuestiones similares dando un paseo por Solatsu. El objetivo, en palabras de Ane Miren Arriaga, es “ofrecer una experiencia a la gente, a las familias, a los grupos; no sólo en la tejera, sino también en Elorrio; … que conozcan y recuerden su historia y patrimonio”