Gema R. Neira no es un nombre conocido para el gran público, pero como creadora, guionista y productora ejecutiva está detrás de series de las que ha oído hablar todo el mundo, como Fariña y El caso Asunta. Asegura que en esta industria “hay muchos éxitos, pero también muchos fracasos”, aunque ella se siente “profundamente afortunada” con su carrera. 

Neira es directora de Desarrollo de Bambú Producciones, compañía fundada en 2007 y de la que han salido títulos como Gran Hotel, Velvet, En el corredor de la muerte, Nacho y La viuda negra, que ha firmado ya sea como cocreadora o coguionista. Con Las chicas del cable se convirtieron en los primeros en producir en España para Netflix y con Manual para señoritas Neira estuvo al frente del proyecto. “Con ellos hemos sentido un respeto hacia el creador importantísimo. Nos dejan hacer nuestro trabajo, que eso a veces es complicado”, afirma.

Señala que en los últimos años las series han cogido un peso que permite que se valoren “de otra manera”, aunque para ella “lo que tiene sentido es elegir en función de la historia”. “Hay historias que se cuentan mejor en una película y otras en una serie, esa es la única diferencia”, remarca Neira, que ha recibido reconocimientos como la Medalla de Honor de la SGAE y el premio Talento de la Academia de la Televisión.

Cree que la experiencia no da el don de vaticinar qué serie va a funcionar o no. “El público siempre te sorprende. Muchas veces depende del momento en el que llegues. A lo mejor, una serie llega demasiado pronto o demasiado tarde para el momento social que se está viviendo”, señala. 

Ficcionar el crimen

Algunas de sus historias son de época, escribe para mujeres muchos papeles protagonistas y también se ha adentrado en el 'true crime', género con tan buenos resultados de audiencia en todo el mundo. “Intentamos ser muy respetuosos y documentarnos muy bien sobre lo que vamos a hacer. De hecho, tenemos millones de asesores de cosas superespecíficas; del proceso judicial, policial, todo está superdocumentado”, remarca.

“No nos sirve simplemente que haya un caso de un asesinato que llame mucho la atención. Lo importante es que, a través de eso hablemos de algo. Por ejemplo, en El caso Asunta nos interesaba mucho el trasvase de información entre la justicia y los medios, y cómo afectaba una cosa a la otra. Y hablar también de paternidad desde muchos puntos de vista”, añade.

Puntualiza que “lo primero es respetar a las víctimas. Lo importante para nosotros es tener un motivo para hablar de eso y no estar nunca del lado de quien ha cometido el crimen”. 

Suele contestar que, de las series que ha creado, su favorita es “la próxima. Lo que hice ya está hecho, ya no me interesa. La búsqueda siempre es explorar narrativas diferentes o temas que no hemos tocado o puntos de vista distintos”, explica esta showrunner, que no puede decir cuáles de sus proyectos pasados no pondría ahora en marcha. “Seguramente los haría todos desde otro lugar”, apostilla.