Los expertos echaban las campanas al vuelo con la inmunidad de rebaño y se las prometían felices. Porque al principio de la pandemia se convirtió en un mantra; había que llegar al 70% o al 80% de personas inmunizadas para acabar con la pesadilla de la pandemia. Y ahora que el 91% de la población vasca está vacunada, -un porcentaje similar en el Estado-, el virus no solo no se ha detenido, sino que ha cobrado otra vez fuerza.

¿La explicación? Pues que en la ecuación ha entrado un factor extra, las nuevas variantes, que convierten la inmunidad de grupo en una meta prácticamente inalcanzable. Además hay que añadir otro elemento que no se había tenido en cuenta, el de los niños menores de 12 años, los principales vectores de la pandemia en este momento. Y es que mientras no se les vacune a ellos, esta protección colectiva seguirá siendo una utopía.

Decididamente, la inmunidad colectiva ha resultado un cálculo fallido. Y resulta imposible predecir cuántas personas deben estar vacunadas en cada país para llegar a ese punto. “¿70%? ¿80%? ¿90%? Lo sabremos cuando prácticamente no haya infecciones nuevas y esto permanezca así”, indica la doctora Carissa Etienne, directora de la Organización Panamericana de la Salud (OPS).

Premisa errónea

Pere-Joan Cardona, investigador del Servicio de Microbiología del Hospital Germans Trias i Pujol de Badalona lo explica fácilmente. “Lo que sucede es que partimos de una premisa un poco errónea. Que se supone que la vacuna actual detiene la transmisión... y estamos viendo que no es así”, reflexiona el científico.

Lo único que se ha conseguido es un escudo, una manera de disminuir considerablemente el riesgo de infección, pero sobre todo el de hospitalización y el de muerte por covid-19. Sin embargo, la vacuna absolutamente eficaz contra el contagio no ha sido hallada todavía.

Volviendo a hacer números. Dado que la vacuna no tiene una efectividad absoluta del 100%, sino del 80 o 85%, se necesitaría al menos al 97% de la población inmunizada, ya sea mediante la vacuna o por infección natural. Fenómeno imposible sin los pequeños de la casa sin inyección.

Y eso que la inmunidad de grupo ha funcionado muchas veces, con epidemias como la viruela, el sarampión o la difteria. Es una fórmula clásica que se ha utilizado para el control de muchas infecciones y que calcula el porcentaje de población que debería estar vacunada para parar la transmisión. No obstante, el coronavirus ha vuelto a derribar otro mito y ha demostrado que esa fórmula no es suficiente con el SARS-Cov-2 ya que todavía no se ha hallado la solución para detener su transmisibilidad.

Por eso, ahora los expertos aportan otra visión. Para que la inmunidad de rebaño funcionara, tanto la inmunización natural, a través de la infección, como la artificial, a través de las vacunas, tendrían que bloquear la transmisión. Así una persona curada o vacunada no podría contagiarse ni contagiar. Y eso no sucede.

El covid ha vuelto así a dinamitar la doctrina que funcionaba y era que, a más inmunizados, menos probabilidad de transmisión y menos cadena de contagios. De esta forma, si la inmensa mayoría de la población contaba con anticuerpos contra el virus, el patógeno se encontraría con muchas más barreras para su expansión y para alcanzar a los no inmunizados. Un nuevo error.

Además planea otra gran incógnita y es que, casi doce meses después de iniciar una campaña global de vacunación, la mayor de la historia, seguimos sin saber cuánto dura esa inmunidad. Y se desconoce tanto, para los que han pasado la infección como para las personas vacunadas.

Las variantes entran en escena

La incidencia de las nuevas variantes también ha ido cambiando el guion sobre la marcha. “No hay modelos matemáticos específicos pero con las variantes anteriores a la delta se hablaba de inmunidad comunitaria con alrededor del 70%. Pero con delta, ya se estimó que la inmunidad de rebaño por vacunación se alcanzaría cuando el 80% de la población tuviera las dos dosis”, se aclara.

De hecho, las nuevas variantes hicieron que la transmisión y la incidencia se disparase, porque han resultado más contagiosas que el virus original procedente de Wuhan. Es el caso de la mutación ómicron que parece ser mucho más contagiosa que sus coetáneas. No hay que olvidar que las variantes aparecen precisamente porque hay poblaciones que no tienen anticuerpos neutralizantes generados por las vacunas.

Eso también explicaría por qué hay países europeos que rondan el 70% de vacunados cuya situación es crítica. Alemania, por ejemplo, se sitúa exactamente en ese porcentaje y ha estado batiendo récords de contagios.

Lo peor de todo es que los augurios no son optimistas. En un artículo científico en la revista especializada, The Lancet, el doctor Jesús Rodríguez Baño, jefe de enfermedades infecciosas del Hospital Virgen de la Macarena de Sevilla precisa que “no conocemos la proporción exacta de la población que necesita ser inmune para alcanzar la inmunidad colectiva, ya que necesitamos comprender mejor la duración y la protección de la transmisión generada tanto por la vacunación como por el covid-19 anterior infección”.

astrazeneca

Trombos. Este antídoto ha traído de cabeza a la UE después de que la EMA hablase sobre los casos inusuales de tromboembolismos en varios vacunados con el fármaco.

Polémica. Fue una piedra más en el camino de este medicamento polémico en la UE desde que la farmacéutica cerró su contrato con Bruselas.

janssen

Monodosis. La vacuna monodosis de la farmacéutica Johnson & Johnson se perfilaba como la panacea de la pandemia por necesitar solo una inyección.

Revacunación. Sin embargo, estudios posteriores certificaron que su eficacia era más reducida que las otras vacunas existentes en el mercado y obligó a la revacunación.

moderna

Efectividad. Según los ensayos, las vacunas Pfizer y Moderna han demostrado una efectividad de más del 90% para prevenir el covid-19.

Sin daños colaterales. A pesar de algunas de las dudas suscitadas, los beneficios de este antídoto continúan superando el riesgo extremadamente raro de miocarditis.

Pfizer

I+D. Se trata de una vacuna que ha acreditado plenamente su efectividad y es, además, la que más investigada está y cuyos efectos secundarios han sido mejor descritos.

La primera infantil. Pfizer además dispone del primer suero pediátrico que se aplicará ya este mes de diciembre a los niños entre 5 y 11 años.