Uno de los hábitos más extendidos entre la población es echarse la siesta. Normalmente, después de comer, o a media tarde, muchas personas apuestan por dormir durante un tiempo para poder recuperarse del día. Aun así, todavía hay detalles que no se conocen sobre esta costumbre.
David Callejo, médico y divulgador, analiza cuáles son los beneficios que tiene en la salud el echar la siesta, y si realmente es tan sano para el cuerpo como realmente se cree, analizando todos los aspectos clave que a veces pasan desapercibidos.
¿Mito o realidad?
En palabras de David Callejo, “toda la vida la siesta ha sido sana y ahora vemos noticias de que aumenta el riesgo de ictus, de infarto o que incluso engorda”, en referencia a recientes investigaciones, pues hay estudios que hablan de los riesgos de este hábito “a corto y largo plazo”.
“A corto plazo, una mala siesta puede hacer que te despiertes más cansado y desorientado de lo que te acostaste”, cuenta, mientras que, “a largo plazo, la siesta puede aumentar el riesgo de ictus, de infarto y de mortalidad”.
Aun así, el sanitario indica que también tiene un lado bueno porque, a corto plazo, la siesta aumenta la memoria y la concentración, al mismo tiempo que a largo plazo baja el riesgo de infarto y de mortalidad.
Saliendo de dudas
Ante esta situación, es normal no tener muy claro cómo actuar a la hora de dormir. Por lo tanto, David Callejo expone tres cuestiones para saber qué actuar al respecto: cuánto, cuándo y por qué.
El sanitario explica que las siestas de menos de 30 a 40 minutos son las que tienen beneficios a corto y largo plazo. Por su parte, aquellas de más de una hora son las que tienen riesgos para tu salud.
Asimismo, recomienda que las siestas sean, en la medida de lo posible, entre las 13:00 y las 16:00. De lo contrario, más tarde empeorarán el sueño nocturno y la salud.
También añade que la necesidad de echarse siestas largas a diario puede ser una señal de que algo no funciona bien en el cuerpo.
Y, por último, un buen truco para echar siestas cortas es tomar un café antes de la siesta, porque esta bebida tarda unos 20-30 minutos en hacer efecto, justo cuando te tienes que despertar de la siesta.
Mantener una buena rutina
Dejando a un lado echarse la siesta o no, lo cierto es que mantener una rutina de sueño consistente es fundamental para mejorar la calidad del descanso.
Porque, ir a la cama y despertarse a la misma hora a diario, incluso los fines de semana, ayuda a regular el reloj biológico. Por ende, facilita la conciliación del sueño y mejora su calidad a largo plazo.
Y no solo eso: para disfrutar de un sueño de calidad, es clave adoptar hábitos saludables antes de acostarse.
Evitar las pantallas, leer un libro relajante, practicar ejercicios de relajación y crear un ambiente propicio para el sueño son buenas estrategias.
Estos hábitos mejoran la calidad del sueño y contribuyen al bienestar general y a la salud física y mental. Por lo que incorporarlos en la rutina diaria puede marcar una gran diferencia en cómo se siente y funciona a lo largo del día.