Si algo tienen en común todos nuestros territorios son sus joyas arquitectónicas, pues no hace falta seguir ninguna religión para maravillarnos con las ermitas, santuarios, iglesias y catedrales que se extienden a nuestro alrededor y cada vez cosechan más turistas que se acercan para observarlas, adentrarse en ellas y maravillarse con sus retablos, figuras y santos. 

Es por eso que en esta ocasión les proponemos un tour por algunas de las ermitas más conocidas, otras que podríamos calificar como joyas ocultas esperando ser descubiertas, todo para ayudarles a planificar una ruta en la que encontrarán muchos puntos en los que detenerse.  

Araba

Empezamos parándonos en territorio alavés, donde hay muchas ermitas en honor a muchos santos y santas. En el Valle de Ayala, sin ir más lejos, encontramos San Roque como uno de los grandes santos, y ahí podemos ir a la ermita que encontraremos en Llodio muy cerquita del Ayuntamiento, su plaza y su avenida principal.

Para encontrarla tenemos que dirigirnos hacia la cuesta de San Roque y, en una explanada entre árboles encontraremos la ermita en la que, en agosto durante las fiestas patronales, la Cofradía de San Roque celebra su tradicional misa y asamblea, y la esperada procesión.

Ermita de San Roque, en Llodio DFA

Algo similar sucede en el vecino municipio de Amurrio, donde con motivo de las fiestas en agosto el santo sale de la iglesia del pueblo y acude en procesión hacia la ermita que se encuentra a las afueras, donde se celebra además una feria, concursos gastronómicos, etc.

Y saliendo del Valle de Ayala y dirigiéndonos a Iruraiz Gauna, encontramos San Vítor, una ermita en honor a este santo en la que se conserva, recuerdan desde Auñamendi Eusko Entziklopedia, el relicario de San Vítor, “pieza barroca de plata de hacia 1616, de taller vitoriano, cabeza del santo por la que se filtra el agua para la bendición de los campos. Goza de gran predicamento en la Llanada, zonas navarras limítrofes, e incluso en la Montaña alavesa”.

San Vítor. Eloy Corres

Bizkaia

Damos el salto y viajamos a territorio vizcaino, donde nos esperan dos ermitas que combinan lo mejor de nuestros dos mundos, el mar y la montaña. Por supuesto tenemos que hacer una parada de rigor en Gaztelugatxe, aunque ya les adelantamos que no es la original. Y es que, debido a diferentes acontecimientos como batallas o incendios, la iglesia ha tenido que ser reconstruida en múltiples ocasiones.

Desde la Diputación de Bizkaia nos recuerdan cómo se cree que la primera ermita fue construida en el siglo IX, para convertirse en convento durante el siglo XII. Esta tuvo también un objetivo defensivo, “protegiendo el poder del señorío de Bizkaia.

Entre otros hechos históricos, el rey de Castilla Alfonso XI sitió Gaztelugatxe en 1334 persiguiendo a Juan Núñez de Lara. Este último se hizo fuerte en el peñón junto a otros caballeros vizcainos, resistiendo durante más de un mes los ataques”.

Gaztelugatxe. Deia

Y de ahí nos vamos a Santa Catalina, en Mundaka, una ermita que data del siglo XIX. Es un lugar “privilegiado por la belleza del entorno y su situación estratégica justo en la entrada de la ría” dominando cualquier movimiento de entrada y salida.

Es un edificio de transición entre el gótico y el renacimiento, recuerdan desde el consistorio, y sus murallas son antiguos restos de un fortín de la misma época. “Durante su historia y debido a su lejanía del núcleo urbano ha tenido diversos usos como lugar de reuniones de la cofradía de pescadores y lugar de cuarentena para enfermos de epidemias”, cuentan.

Santa Catalina. Imanol Fradua

Gipuzkoa

Seguimos nuestro camino hacia Gipuzkoa, donde nos esperan dos legendarias ermitas. Empezamos, por supuesto, en La Antigua de Zumarraga, considerada como la catedral de las ermitas vascas. Se cree que la iglesia se construyó sobre un antiguo fuerte defensivo del siglo XII, y los primeros indicios datan del año 1366.

Además, fue parroquia de Zumarraga hasta 1576. Y no está exenta de leyendas. Tal y como nos cuentan desde Turismo de Euskadi, una de las historias asegura que los gentiles veían cómo los cristianos intentaban construir esta iglesia.

“A sabiendas de que eso suponía el fin de su ser, lanzaban piedras gigantes desde la sierra de Aizkorri para poder destruirla, pero no consiguieron su objetivo, y los lugareños emplearon esas piedras para terminar la iglesia”, cuentan.

La Antigua. Asier Zaldua

Y cerramos el repaso guipuzcoano en Azkoitia, en la ermita de San Martín, donde podremos recorrer parte de la historia del municipio.

San Martín. Jabi Leon

Navarra

Ponemos el punto final a este repaso acercándonos a territorio navarro, donde son muchas las ermitas que podemos recorrer. Pero nos hemos quedado con tres muy especiales. Empezamos en la Santísima Trinidad, de Mendaur, a la que muchos suben cada año con motivo de la festividad de la Santísima Trinidad. 

La Santísima Trinidad. Ondikol

También tenemos San Pedro, en Elizondo; y Nuestra señora de Muskilda, en Ochagavía. “A 1.025 metros de altura, una talla gótica de la Virgen con el Niño espera a todo aquel que se adentra en el santuario de Nuestra Señora de Muskilda. Se trata de una ermita románica del siglo XII (y restaurada a mediados del s. XVII) construida en la cima del monte Muskilda, a cuatro kilómetros de Ochagavía”, cuentan desde Turismo rural de Navarra.

Nuestra Señora de Muskilda. Oskar Montero