Síguenos en redes sociales:

Antonio MaestrePeriodista, escritor y documentalista

“Movimientos como los de Rufián se basan en liderazgos etéreos, ya se ha bajado el suflé”

El tertuliano acaba de publicar ‘Me crie como un fascista’, un ensayo sobre el auge de la ultraderecha en el que bucea en su infancia y adolescencia

“Movimientos como los de Rufián se basan en liderazgos etéreos, ya se ha bajado el suflé”Borja Guerrero

Antonio Maestre (Getafe, 1979) ha publicado recientemente Me crie como un fascista, un ensayo en el que, partiendo de una revisión crítica del contexto en el que vivió su infancia y adolescencia, analiza las razones del auge de la extrema derecha. Su escritura ha coincidido con un período de profunda depresión, consecuencia de un prolongado acoso, más allá incluso de las redes sociales, al que ha sido sometido por sus posicionamientos públicos en su faceta de analista político en diversos medios de comunicación. En plena reconstrucción emocional, el periodista desgrana las claves de su último libro y las vincula a cuestiones de actualidad, como la prioridad nacional de PP y Vox o los problemas de la izquierda para hacer causa común frente al fascismo.

¿En qué punto se encuentra dentro de ese proceso de reconstrucción personal al que hace referencia en el epílogo de su último libro?

Sigo en él. Cuando pasas por una depresión, por un proceso psicológico, farmacológico y de revisión personal por cuestiones emocionales y políticas, no se acaba nunca. Sigue y sabes que seguirá contigo siempre.

"Todo momento de auge feminista viene acompañado de otro de reacción machista. Pensar que esta vez iba a ser diferente, creo que no es real"

En este ensayo explica que el auge de movimientos fascistas viene propiciado en parte por el peso que ha ido ganando el feminismo en todos los ámbitos de la sociedad. ¿Funcionan como vasos comunicantes?

Todo momento de auge feminista viene acompañado de otro de reacción machista. Pensar que esta vez iba a ser diferente, creo que no es real. Ha habido un momento feminista y venimos de otro, sin estar ya en su punto más álgido, de supremacismo masculino.

Habla de microfascismos, lo que recuerda al concepto de los micromachismos. ¿El que tenga ese nivel de penetración en las conductas cotidianas de cada ciudadano de a pie hace más temible al fascismo?

Claro. Esos comportamientos asociados al género humano, a su socialización, como la humillación al diferente, la burla, el desprecio, el sometimiento de los colectivos más vulnerables o la indiferencia ante lo que les pasa, acaban haciendo asumibles esas ideas en la sociedad, hacen que no reaccionemos ante ese tipo de actitudes y vayan ganando espacio. Al final, todos lo hacemos de manera natural.

Poniendo un caso extremo, es algo parecido a lo que ha ocurrido con la percepción del genocidio de Gaza.

Es normal que ocurra, por una cuestión de salud mental llega un momento en el que tienes que mirar a otro lado, aunque solo sea por supervivencia. Es imposible estar sometido constantemente a esa barbarie todos los días, a todas horas, viéndolo, porque te genera impotencia y daño. Miras a otro lado y poco a poco se acaba metabolizando. Cuando se habla del nazismo y nos preguntamos cómo pudo pasar, pues pasa así, poco a poco.

"En ningún caso se puede justificar, por muy mal que te vaya, que la salida sea ir contra los colectivos más vulnerables. La injusticia nunca puede ser la salida"

Preocupa la atracción que tiene la ultraderecha para los hombres jóvenes, que en un alto porcentaje declaran sentirse discriminados frente a las mujeres. ¿Cómo les salvamos haciendo que abracen el feminismo, al que usted se refiere como algo liberador para el hombre?

La mejor manera es activar la empatía. Si no son capaces de ver en qué les ayuda a ellos, al menos que vean cómo sufren las mujeres que les rodean. Que hablen con ellas y sepan ver dónde está el dolor, cómo esos comportamientos que ellos tienen les afectan. Que cualquier hombre, de la edad que sea, pregunte a sus hermanas, a sus novias o a sus madres por episodios de agresiones o abusos sexuales en el pasado. Es muy difícil que alguna te diga que no tuvo ninguno. Si de verdad quieres a la gente que está alrededor, no puedes querer para ellas eso.

Deja claro que, aunque por nuestra educación patriarcal hay predisposición a asimilar actitudes fascistas, el seguir esa vía o desviarse de ella es una opción personal y libre.

Siempre es una opción personal y libre. En ningún caso se puede justificar, por muy mal que te vaya, que la salida sea ir contra los colectivos más vulnerables. La injusticia nunca puede ser la salida. La salida, desde la izquierda, debe ser la justicia social, la empatía y la camaradería.

Remarca que parte del éxito del fascismo está en el manejo de las emociones. Entre ellas cita el resentimiento y el miedo como “gasolina para capitalizar el odio”. ¿El concepto de prioridad nacional va por ahí?

Así es, es el concepto que Timothy Snyder llamaba saldopopulismo: sé que estás en una situación difícil y no te garantizo que mejores, pero sí que aquellos que odias van a estar peor que tú. Dentro de ese mundo en el que hay poco que repartir, aquellos van a tener menos. Eso, cuando existen pulsiones de resentimiento, de miedo, de ira… tiene la capacidad de prender.

Reflexiona en el libro sobre la adopción por parte de la izquierda de formas de actuar propias de ese mundo totalitario, como la de humillar a quien disiente y hacerlo con más virulencia que al adversario de derechas. ¿No es ese un pecado original desde que la izquierda es izquierda?

Es algo consustancial al intento por lograr el poder. Pero las dinámicas digitales han fomentado el esencialismo y el punitivismo, que son dos dinámicas tremendamente tóxicas y funcionales al discurso irracional y fascista de nuestro tiempo, porque buscan destruir la diferencia. Creo que esas dinámicas, tanto en la izquierda como en algunos aspectos del feminismo, son los dos grandes errores estratégicos de nuestro tiempo.

Retornando a la actualidad, ¿qué visos de éxito ve en movimientos como los de Rufián para amalgamar fuerzas, precisamente con la idea de frenar el auge del fascismo?

Ninguno, no veo ninguna posibilidad en todos esos movimientos. Primero, porque están hechos desde arriba, sin ninguna idea fundamental ni capacidad orgánica, ni siquiera contando con las estructuras de los partidos propios de los que forman parte. Están basados en la espuma, en liderazgos etéreos, liderazgos de redes sociales que no tienen nada debajo y que no sirven ni para un momento. Son tan espumosos que ya se han pasado. ¿Cuánto tiempo ha pasado desde que presentaron el programa? ¿Dos meses y medio? Y ya se ha bajado el suflé… Las cosas, en la izquierda especialmente, no funcionan así. Necesitan un poco más de estructura, unos cimientos más sólidos y esto es completamente espumoso.

"Estamos y tenemos que estar resentidos. Si ese resentimiento lo canalizamos bien hacia quien produce el daño, puede tener capacidad transformadora"

Pese a todo lo amenazante que describe en el libro, también emite señales para la esperanza. Recuerda que el resentimiento, tan peligroso en manos del fascismo, puede ser un elemento movilizador para progresar. ¿Cómo le damos vuelta al calcetín?

Hay un lema de la izquierda de toda la vida: organiza tu ira. La gente siente miedo, ira, odio, resentimiento… Lo que puedes hacer es darle un sentido propositivo y positivo a esas emociones. Y en eso fallan muchas veces los movimientos progresistas. Solo buscan racionalidad, huyendo de la emocionalidad, cuando no son conscientes de que la gente va a sentir. Y hay gente que está resentida, a lo mejor con muchísima razón, porque las clases populares tienen motivo para estar resentidas históricamente. Estamos y tenemos que estar resentidos. Si ese resentimiento lo canalizamos bien hacia quien produce el daño, hacia los movimientos extractivistas, hacia el capital, los rentistas, hacia aquellos que nos están haciendo la vida más difícil, puede tener capacidad transformadora. Pues hagámoslo.