Guerra despiadada entre Sánchez y la derecha con la tragedia ferroviaria de fondo
El presidente español denuncia la “irresponsabilidad” de Feijoo al lanzar acusaciones “falsas”. Junts califica de caos la gestión
Se trataba de debatir en el Congreso sobre las causas y responsabilidades de la tragedia ferroviaria de Adamuz y Gelida a partir de una comparecencia de Pedro Sánchez, donde también incluía a modo ómnibus su agenda internacional. Sencillamente fue una fatídica disculpa. La sesión se convirtió en una desbordante trifulca política donde los dos frentes ideológicos apretaron los dientes más que nunca. Al calor de los resultados de Aragón, con las dudas sobre el futuro de Extremadura y la tractorada colapsando el centro de Madrid, no se necesitaba más gasolina para avivar el fuego de una dialéctica agresiva, plagada de descalificaciones y reducida a un mano a mano entre Pedro Sánchez y la derecha. Y como invitados, el duro alegato de Junts contra los gobiernos español y de Illa y la apelación de Rufián y Patxi López a combatir el “miedo” que se avecina con el entendimiento entre PP y Vox.
Sorprendió, de entrada, que el presidente, muy compungido, redujera a 29 minutos toda su primera comparecencia, sin una alusión al panorama internacional como estaba previsto. Fue intencionado. Lo dejó para la ronda de réplicas, pero lo liquidó en dos folios sin sorpresas. Criticó el secuestro de Maduro, reactivó el compromiso con Palestina y denunció la invasión del “más fuerte” en alusión a Trump. Su auténtico objetivo era reafirmar una y otra vez que su gobierno y su ministro de Transportes –a quien elogió varias veces– no tenían “responsabilidad alguna”. Sin derramar una gota de autocrítica, Sánchez detalló toda la sucesión de actuaciones seguidas tras el accidente de Córdoba con el firme propósito de eludir todo tipo de responsabilidades. De esa imputación ya se encargarían luego Feijóo, Abascal y Junts de manera implacable.
Según el presidente español, su gobierno “ha cumplido” con todos los procesos de revisión, mantenimiento y seguridad de las vías, acometiendo una inversión que triplica durante su mandato la realizada hasta 2018. Como mucho, Sánchez admitió que “quizá es el momento de elevar las exigencias de calidad en la conservación de las líneas férreas. “Nuestro sistema ferroviario no será perfecto, pero sí es seguro”, aseveró. Consciente de que se ha instalado una cierta psicosis de inseguridad, buena parte de su argumentación anterior a los ‘cuerpo a cuerpo’ dialécticos con sus rivales de la derecha, estuvo dirigida a proyectar hacia la ciudadanía la sensación de seguridad del servicio ferroviario.
Feijóo no le creyó nada. De hecho, le profetizó que “usted acabará en el banquillo”. Llegó a esta advertencia después de enumerarle “un decálogo” de irregularidades cometidas en Transportes y Adif, algunas de ellas avaladas con documentos. El líder del PP insistió en su teoría de que Sánchez no es de fiar, que “es pura soberbia” y que debe marcharse. Consciente de que no se irá, se dedicó a increpar a los partidos que apoyaron la investidura por no mostrarse beligerantes. Los aludidos convinieron en decirle luego que “está solo” y que solo tiene el apoyo de la ultraderecha.
En su respuesta, Sánchez volvió a demostrar que se faja como nadie. Fue entonces cuando tildó de “irresponsabilidad” al “líder de la oposición” por basar sus críticas en “bulos”. Hasta resopló, molesto, después de enumerar una larga retahíla de datos falsos que, a su juicio, había propagado Feijóo desde la tribuna de oradores. De esta forma enlazó con su tema favorito: que viene la derecha.
La dureza Junts
Patxi López ya le había puesto la pista de aterrizaje. El portavoz socialista fue a degüello contra Feijóo y el PP por las “pésimas” gestiones de Mazón en la dana –fue aludido en infinidad de ocasiones– o Ayuso, por las muertes de ancianos en las residencias durante el covid. Sánchez remató la embestida hasta con descalificaciones personales como las que formuló contra Abascal. Desgraciadamente para la higiene democrática, todos se acusaron mutuamente de mentir.
En el tedioso pleno, que obligó a retrasar el habitual control al gobierno de los miércoles a la sesión de tarde, sorprendió la acidez de la portavoz de Junts, Miriam Nogueras. “Ustedes son el caos”, dijo de manera lapidaria al evaluar la gestión del Gobierno Sánchez, y no solo por la crisis ferroviaria. Aprovechó su intervención para enumerar los incumplimientos que sufre Catalunya y no solo desde el pacto de la actual investidura. En este descargo también salió muy mal parado el tripartito que preside Salvador Illa, proyectando así un abierto malestar, paradójicamente en un día conde la Fiscalía y la Abogacía del Estado han coincidido en solicitar al Tribunal Constitucional que conceda la amnistía a Puigdemont.
Abierta la veda del agrio enfrentamiento entre bloques, Gabriel Rufián aprovechó su turno con su tema favorito: hacer frente a la derecha. Convertido en epicentro del rumor político por el inicio de su travesía personal en la búsqueda de una candidatura federal de izquierdas, el portavoz de ERC advirtió de las consecuencias que puede provocar una mayoría de PP y Vox. Y hubo que esperar al cierre del debate, para recuperar el motivo del debate. Fue entonces cuando Sánchez aseguró que “el Estado responde en las desgracias”.
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