Editorial

Editorial Trump de doble filo

El fin de las primeras audiencias públicas certifica motivación para el ‘impeachment’ y empieza a abrir flancos en la rotundidad de la postura del Partido Republicano con la campaña de su reelección en ciernes

17.12.2019 | 15:58

El fin de las primeras audiencias públicas certifica motivación para el ‘impeachment’ y empieza a abrir flancos en la rotundidad de la postura del Partido Republicano con la campaña de su reelección en ciernes

El final de los testimonios de la primera fase de audiencias públicas en el proceso parlamentario que parece encaminarse decididamente al impeachment (procesamiento) del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, empieza a situar al Partido Republicano frente a una disyuntiva diabólica a menos de un año para las presidenciales y con la campaña para la reelección en ciernes. Los testimonios del asesor del Consejo de Seguridad Nacional, Alexander Vidman; del embajador y la exembajadora en Ucrania, Bill Taylor y Maria Yovanovitch; y especialmente los de Gordon Sondland, embajador de Estados Unidos ante la UE, nombrado por Trump tras ser un relevante donante de su comité de nominación; y de Fiona Hill, quien fuera asesora principal del presidente sobre Rusia; certifican motivación suficiente para el procesamiento por el Congreso que la votación en la primera de sus Cámaras, la de Representantes, que dio inicio al procedimiento (232 a favor y 196 en contra) ya anunciaba. Los demócratas no tendrán problemas para razonar el envío del impeachment al Senado, donde la mayoría republicana podría rechazarlo pero no evitar los demoledores efectos que hacerlo tendría en la imagen del presidente-candidato y en la del propio partido. De ahí que los republicanos hayan cambiado de criterio y valoren ya convertir la desestimación inmediata del impeachment que desea la Casa Blanca en un proceso relativamente rápido en esa Cámara antes de que su mayoría (67 de los 100 senadores) convierta a Trump en el tercer presidente en superar el impeachment tras Andrew Johnson en 1868 y Bill Clinton en 1998. Esa posibilidad, sin embargo, puede tener doble filo para el grand old party republicano: por un lado, podría aumentar la popularidad de Trump, como ya ocurriera contra pronóstico con Clinton; por otro, metería el impeachment de lleno en la campaña y lo que pueda suceder en el Senado, pese a la mayoría republicana, no deja de presentar incógnitas ante las evidencias contra Trump. Y no tienen ni siquiera esbozada una alternativa para la Convención Nacional en Carolina del Norte en agosto mientras los demócratas parecen poder presentar otro posible rival de entidad -también para Joe Biden- en el exalcalde de Nueva York y magnate de la comunicación, Michael Bloomberg, quien acaba de registrar su candidatura.