Pese al título, esto no va de gases que vayan a sustituir al butano ni al propano. Ni siquiera al metano, tan abundante en los pedos de las vacas que un día fueron culpadas de crear el agujero de ozono. Claro: si los toreros se dedican a segar las vidas de sus maromos, ¿cómo no van a rajar sus viudas (las de los toros), rencorosas pero avispadas, una capa atmosférica indispensable para la vida humana?

Las comprendo, aunque no empatizo tanto como para dejar la leche y la carne de ternera. La tauromaquia sí, pero eso ya lo dejé hace años, si bien por aburrimiento, porque creo que -por una mera cuestión empresarial- si desaparecen las corridas desaparece el toro bravo. Y admito argumentos en contra, pero enviados al email que figura arriba (bittorp@gmail.com), por favor, a ver si Gmail, después de tantos años, deja de decirme “Bandeja de recibidos vacía ¿Desea quitar las telarañas?”. No: el que pueda teclear, que teclee. Y Dios, qué calor.

Pero divago. Más: soy el mismísimo Doctor Divago de viaje de novios por los hermosos eriales de la España una, grande y seca, en un trineo tirado por escorpiones y acompañado de una novia cadáver y la momia de Lenin. Lo que los expertos denominamos una “luna de mierda”. Voy a meter la cabeza en el congelador un par de horas y vuelvo cuando ya la tenga azul. Les dejaría con publicidad, pero tampoco les odio tanto. 

Una persona con la nevera abierta. Magnific

Vale, ya parezco un pitufo con hipertrofia, así que sigo a lo mío. Treinta y cinco grados a la sombra y subiendo. Vientos flojos aunque hostiles de componente sur. No hay dolor: los columnistas somos como la puta zarza de Moisés: ardemos sin consumirnos, a saber por qué.

Retomo: la UCO (¿quién si no?) acaba de acordarse del PP y advierte de que una empresa de Alberto González Amador, el Ken Pijolari de (oh, ah, aplausos y desmayos) Barbie Ayusostar, facturó a Quirón trabajos que le era imposible hacer por falta de medios y exceso de peso en la zona inguinal. Resumo: González Amador compra Maxwell Cremona, empresa de tratamientos de belleza de la señora de Fernando Camino, directivo de Quirón Prevención, con quien probablemente compartió la minucia de las mascarillas.

El chico rebautizó como Masterman & Whitaker (consultorías y olé) esa empresa que contaba con tres aparatos de depilar y un portátil (admitámoslo: además de grandes, el pollo los tiene cuadrados). Y como las limitaciones están para superarlas, con esos cuatro titos facturó a Quirón 4,4 millones de euros en tres años. Pero bueno, al fin y al cabo pagan los madrileños de su bolsillo porque la sanidad pública, mire usted le juro, qué agonía, etc.