A las 9.30 horas de la mañana de este sábado el termómetro ya superaba los 25 grados en Vitoria-Gasteiz, pero el calor, que ha ido subiendo a lo largo de la mañana, no ha podido con una de las citas más tradicionales de los jueves y sábados en la ciudad. Bajo el sol de primera hora y con el aviso de tormentas previsto para la jornada, decenas de comerciantes han desplegado, una vez más, sus puestos en la plaza gasteiztarra de Simón Bolívar, donde el mercado ha comenzado el día con el ritmo pausado de las primeras horas.
A esa hora todavía predominaban los paseos tranquilos entre las decenas de puestos que conforman este mercado municipal. "A partir de las doce se llena más", coinciden los vendedores habituales mientras colocaban el género y esperaban la llegada del grueso de compradores, una escena que se repite prácticamente cada jornada de mercado.
El de Simón Bolívar es uno de los mercados ambulantes más consolidados de la capital alavesa. Se celebra todos los jueves y sábados, entre las 7.30 y las 14.00 horas, y reúne un total de 78 puestos dedicados principalmente al textil, el calzado, los complementos y el equipamiento personal, aunque también tienen un importante protagonismo los productos hortofrutícolas, la alimentación artesanal, las flores y los viveros.
La subida de las temperaturas también se ha dejado notar en las compras. Las sandalias se han convertido en uno de los artículos más demandados de la mañana, varios clientes se han asomado a los puestos de calzado buscando algo más fresco para afrontar el calor intenso que se está viviendo estos primeros días de verano.
En la zona de alimentación, las primeras clientas del día se detenían frente a la frutería mientras recibían recomendaciones sobre las frutas de temporada. Melocotones, nectarinas o cerezas compartían protagonismo con otros productos frescos en una mañana en la que muchos aprovechaban para hacer la compra antes de que el calor apretara todavía más.
A pocos metros, los puestos de ropa comenzaban a atraer a los más curiosos, que repasaban percheros y mesas repletas de prendas ligeras y ofertas veraniegas, con la vista puesta en las ansiadas vacaciones.
Entre los habituales del mercado tampoco faltaba uno de sus clásicos: el puesto de plantas y frutales. Allí, junto a árboles, plantas ornamentales y flores, también encontraban espacio productos para la huerta, como cebolletas, tomates y otras hortalizas, que cada semana atraen tanto a aficionados a la jardinería como a quienes cultivan sus propios huertos.
Además del textil y los productos frescos, el mercado ofrece una amplia variedad de artículos que van desde vinos y pan artesanal hasta quesos, repostería, marroquinería o productos de temporada.
Con el paso de las horas, la plaza ha ido ganando ambiente. Los vendedores lo saben bien. Cuando el reloj aún no marca las diez de la mañana, la jornada apenas estaba empezando y el mercado ha ido recibiendo, una vez más, el bullicio que suele llegar cuando el reloj se acerca al mediodía. Aunque el calor apriete, la rutina sigue.