Las necesidades en el cuidado de la salud y la enfermedad se van adecuando a las cambiantes condiciones sociales de los seres humanos. Las modificaciones en la configuración de las familias, la precariedad en todas las esferas de la vida y variabilidad de los valores personales y colectivos sitúan a cada persona en los procesos de enfermedad de una manera diferente.
En la cultura de la aceleración en la que vivimos es difícil asumir la incertidumbre o sin más admitir que a veces no funcionan los tratamientos de las enfermedades que padecemos. Entender que aliviar, acompañar y aceptar son las grandes tareas cuando ya no hay nada que hacer. Esas tareas a menudo invisibles confieren humanidad a la asistencia sanitaria, aunque no aparezcan en los informes de actividad como las intervenciones, las pruebas diagnósticas o los tratamientos exitosos. De alguna manera se valora como un fracaso el progreso de las enfermedades sin tratamientos curativos negando así la evidencia incontestable de que nuestras vidas son finitas y que la incertidumbre nos acompaña a los seres humanos de manera inevitable.
Hasta mi jubilación aprendí mucho de los y las profesionales del Equipo de Cuidados Paliativos de la OSI Araba sobre cómo abordar el final de la vida, sobre el acompañar a los y las pacientes y sus familias y en resumen sobre cómo ejercer la medicina compasiva en tiempos en los que la vida es tan compleja. Y es que en mi opinión el trabajo de esas profesionales del cuidado y la salud es tan imprescindible para la buena vida (que por supuesto incluye la buena muerte) como la vivienda digna , la comida saludable y accesible o el calor de los hogares.
Sin embargo tengo la sensación de que los Cuidados Paliativos no son muy bien comprendidos sobre todo por los gestores de las administraciones en Araba donde a día de hoy la escasez de recursos asistenciales es un problema evidente de primer nivel. Con una población de 80.000 personas de más de 65 años en nuestro herrialde, se estima que cada año más 3.000 precisan o precisarán cuidados paliativos. Sin embargo, a día de hoy Araba carece de plazas de este tipo de media-larga estancia; cuidados imprescindibles para acompañar procesos que no pueden llevarse a cabo en los propios domicilios. Esta situación contrasta drásticamente con los otros territorios de la CAV que cuentan en Bizkaia con 75 camas especializadas y Gipuzkoa con 30.
A día de hoy Osakidetza solo puede ofrecer asistencia paliativa en los domicilios de las y los pacientes a cargo de la maltrecha Asistencia Primaria o en el Hospital de Santiago en un número muy reducido de plazas. En Vitoria-Gasteiz la atención médica de continuidad, la tan anhelada 24x7, se ha dejado en manos de una empresa subcontratada con personal ajeno a la red y con evidentes carencias de formación. La complejidad de algunos pacientes y la fractura de su red de cuidados prolongan sus estancias hospitalarias y los reingresos se incrementan de manera exponencial.
Esta grave situación de carencia de recursos se va prolongando desde 2019 cuando se dio por finalizado el concierto que se mantenía con el centro que acogía a los pacientes con necesidad de estancias prolongadas. Asi desde hace pues siete años los gestores de Osakidetza y del IFBS se intentan pasar la responsabilidad mutuamente pero sin plantear ninguna solución eficaz. Más allá de la inaceptable inequidad territorial que supone la imposibilidad de abordar el final de la vida en un entorno amable con cuidados específicos para muchas personas y sus familias, esta carencia no corresponde al grado de desarrollo económico y social de nuestro herrialde del que alardean nuestras autoridades.
Ojalá afronten sus responsabilidades quienes tienen en su mano terminar con esta situación y todas las personas que lo precisen en Araba puedan tener el alivio de cerrar su proceso vital con compasión. Tenemos la gran fortuna de contar con profesionales (como los del Equipo de Cuidados Paliativos de OSI Araba o los compañeros y compañeras de Atención Primaria) que aportan el conocimiento y la pasión a este arte de atender el final de la vida. Hace falta lo más sencillo que en Araba es por lo que se ve lo más complicado. La sensibilidad de nuestros gestores.