Tras el Aberri Eguna del domingo busqué declaraciones del “Conducator” de la IA para hacerme una idea de hacia dónde pretenden dirigirnos, quedándome especialmente con un titular que decía “EH Bildu se ofrece como garantía ante el desorden global”, y pensé: olé sus güevos, la humildad la debieron dejar por el Txindoki cuando subieron a enseñar aquellas ikurriñas que hoy parecen esconder.

Vistas sus hiperbólicas declaraciones decidí meterme en internet para averiguar algo más de su función, de su quehacer, y de pronto me encontré con titulares que decían cosas como “Los expertos confirman que la IA no destruye empleos”, al tiempo que otro decía “Se augura que la IA destruirá el 10% del empleo”, y me desasosegó que D. Otegi liderara una formación de tanto poder que generaba intensos debates sobre si creaba o destruía empleos, atreviéndose todo el mundo a polemizar sobre el tema. Tras leer otros titulares sobre si la IA y su posible inmenso señorío creaban o no empleo, me quedé estupefacto cuando descubrí un artículo que titulaba “la IA comienza a fusionarse con nuestro ambiente y su impacto no deja nada sin transformar”. Con un par, la gente de Bildu había adquirido una autoridad casi de dioses influyendo en todos los ámbitos de los mortales. ¿Qué iba a ser de mí?

Hasta que profundizando más allá de titulares descubrí que la IA no era la Izquierda Abertzale, era la Inteligencia Artificial. Y todo porque, como tantos desorientados y bocachanclas, solo leo titulares sin adentrarme en las noticias, aparte de que, en este caso, quienes venían de hacer aquella política natural de desordenar que les pedían sus almas la habían trastocado desde fríos cerebros en una artificial garantía del orden. Total, que ya no sabes distinguir la IA tecnológica de la IA política.