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Tribuna abierta

Vuelven los idus de marzo

Cuando Julio César cruzó el Rubicón, después de la guerra de las Galias, allá por el año 49 a. C., la suerte estaba echada. Muchos años más tarde, un completo desconocido cruzó el Rubicón electrificando su guitarra: corría el año 1965, mientras los más puritanos intentaban desconectar los amplificadores. Mucho más tarde, el mismo personaje volvería a cruzar el Rubicón, pero con un tono más sombrío, menos desafiante, aceptando la realidad de su destino: eran los años 2020, en plena pandemia de la covid-19. El completo desconocido es Bob Dylan.

En la actualidad política uno no deja nunca de asombrarse: los titulares son siempre sorprendentes (además de las catástrofes humanas o naturales). Esto hace recordar que entramos en los idus de marzo y que algunos líderes políticos han cruzado el Rubicón. Veamos algunos ejemplos.

El presidente Sánchez sigue haciendo encaje de bolillos y, como esos artistas de circo que hacen girar platos sobre largos palillos, tiene cada vez más platos y los hace girar más y más rápido, de tal forma que el artista tenga tiempo de volver hasta los otros platos que comienzan a girar con menos fuerza y parece que van a caerse; pero no: el artista, en un golpe de efecto, vuelve a impulsarlos con más fuerza y los platos siguen girando. Así anda el presidente Sánchez, haciendo girar los platos con Sumar, Junts, ERC, Podemos, los Comunes, Bildu, PNV, mientras el PP y Vox intentan provocar el desconcierto para que el presidente no haga girar sus palillos más rápido y se caigan y, con él, todos los demás. Lo atacan por todos los frentes, con y sin razón; uno llega a dudar de las cosas que se leen y se dicen: ¿dónde está la verdad? Después del varapalo de las elecciones autonómicas en Aragón y Extremadura, ha podido respirar en otras citas electorales.

El presidente Macron tiene el enemigo en casa: duerme con él. Ya sabe que tiene una daga escondida detrás de su toga rosácea, dispuesto a darle una estocada en el menor descuido. Mientras, los que se autoproclaman héroes y herederos de la Revolución francesa siguen vociferando a los pies del Elíseo, y los herederos del régimen de Vichy se han cambiado de camisa para ocultar las cruces gamadas, al tiempo que la pretendiente a ser la nueva Marianne intenta liberarse de la espada de Damocles que le ha impuesto el Parlamento Europeo. Y, dando un osado paso, ha ofrecido su paraguas nuclear como protección. En un interesante libro de Victor Mallet (corresponsal del Financial Times en París) sobre la extrema derecha en Francia (Far Right in France), este vaticina que, si las cosas no cambian radicalmente, podrían acceder a la presidencia en 2027. Los resultados de las elecciones municipales en Francia no hacen sino confirmar el continuo crecimiento de los partidarios de Le Pen y su delfín Bardella.

Más tranquilo y seguro dormía el nuevo y flamante primer ministro del Reino Unido, con sus trajes impecables y su gran mayoría parlamentaria en las últimas elecciones, aunque tenga algunos díscolos en las habitaciones del 10 de Downing Street. Más preocupado por la imagen, sigue mirando por encima del hombro, ya que el nuevo partido reformado de N. Farage –que cambió de chaqueta después del Brexit, pero sigue cobrando pensiones del Parlamento Europeo– le ha puesto líneas rojas y quiere acorralarlo para darle un golpe certero y sustituir al Partido Conservador, que parece anclado en una nostalgia imperial. Ha reducido su ayuda al desarrollo a la mitad con la disculpa del déficit presupuestario: no podría estar más cerca de las políticas del 47.º presidente de Estados Unidos y su decisión con USAID. Y el fantasma de Epstein y sus famosos ficheros le están haciendo tambalearse con los casos del antiguo embajador británico en EEUU. Para colmo, D. Trump le acusa de traidor.

Un hombre feliz, sin duda, después de haber tenido éxito en las finanzas es Friedrich Merz, que, con su mayoría en las últimas elecciones, sopesaba si hacer un matrimonio convencional o un trío con los Verdes, desconfiando de la valquiria que, desde sus cuarteles de invierno en las colinas suizas, baila al ritmo del tecno con su amante asiática. Merz duerme más intranquilo ahora que es, oficialmente, el nuevo “Kaiser” y tiene que cumplir promesas electorales que probablemente no cumplirá, como suele ser la regla de los políticos cuando llegan al poder. Promesas rotas: esa es la tendencia. Su comportamiento público constata el vasallaje al presidente de EEUU.

La reencarnación de Gioseppina Malatesta, Meloni

Con esos aires de inocencia angelical, reivindica la maternidad, la familia y la cultura como valores eternos de una Roma imperial que vive de las ruinas del pasado. Como el dios Jano, tiene una mirada hacia su admirado Elon al otro lado del Atlántico y otra hacia el centro de Europa, donde se cuecen los presupuestos sin los cuales Italia podría ir a la bancarrota. Sus amigos más cercanos son también sus enemigos y, aunque rechaza cualquier vínculo con la historia de Mussolini, sus huestes viven en palacio y la mafia sigue con sus negocios. Todavía duda si cruzar el Rubicón.

Más al oriente, en la Mitteleuropa, los países se debaten entre el dolor de los recuerdos del pasado reciente y sus miedos atávicos a los vecinos, con una estrategia armamentística por temor a los “bárbaros”, mientras algún otro le extiende la alfombra roja, con la melodía de “El Danubio azul”, al nuevo zar de Rusia, que ya no es imperial pero aún sueña con llegar a los mares cálidos. Desconocemos sus enemigos internos, en países que todavía nos resultan lejanos. Ahora se frota las manos con la guerra de Oriente Medio. Mientras tanto, los Países Bajos se han echado en brazos de los herederos del fascismo ideológico, bailando en pareja con los flamencos, aunque algunos quijotes han dimitido.

Y al otro lado del Océano Atlántico, el nuevo poder ríe sus bravuconadas y se deleita con la confusión que crean sus decisiones erráticas, contradictorias e impulsivas entre sus antiguos aliados, sin saber que su delfín está afilando la daga mientras insulta a sus principales socios comerciales y políticos. Él sí que ha cruzado el Rubicón varias veces, con todas sus huestes y a base de decretos en forma de dientes de sierra que acaban, algunos de ellos, descarrilados. El Ministerio de Defensa ha pasado a llamarse de la Guerra. El presidente de Israel también ha cruzado el Rubicón con la matanza indiscriminada de palestinos, como lo han hecho todos los líderes políticos europeos que lo apoyan. Y, más recientemente, han cruzado todas las líneas rojas y desencadenado juntos una nueva guerra en Oriente Medio, en nombre de la seguridad, mientras sus aliados hacen caja y los ciudadanos pagan los platos rotos. Una historia que está todavía por escribir.

En la historiografía oficial, el Imperio romano cayó por la invasión de los pueblos del norte, llamados bárbaros, que en realidad no lo eran. Ya no esperamos a los bárbaros, como en la novela de Dino Buzzati, El desierto de los tártaros, sino que ya están aquí, dentro de los muros de la ciudad: bárbaros y crueles que se creen elegidos por los dioses.

Y como decía C. P. Cavafis en su poema Los bárbaros:

—¿Por qué tal inacción en el Senado?

¿Por qué están ahí sentados los senadores y no legislan?

Porque hoy llegan los bárbaros.

¿Para qué dictar leyes ya?

Cuando lleguen los bárbaros, dictarán ellos las leyes.

En la novela Los idus de marzo, de Thornton Wilder, se recrean, a través de cartas, documentos y personajes, las conspiraciones políticas, las traiciones y la complejidad del poder que llevaron a su más fiel consejero y sobrino, Bruto, a liderar el asesinato de Julio César junto con un grupo de senadores. Con su muerte desapareció la República y llegó el Imperio de Augusto. La corrupción, la manipulación y la traición parecen ser una constante en la política. Veremos si el Senado es capaz de parar la locura en la que nos están embarcando los nuevos césares.

Estamos ya en primavera. Siempre es buen momento para recrear los idus de marzo. Veremos qué nos depara este 2026, que se anuncia más caliente y sangriento de lo habitual.