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La guerra y el lado correcto de la historia

Se ha puesto de moda para legitimar la agresión de Estados Unidos e Israel a Irán la expresión “estar en el lado correcto de la historia”. El problema es que nadie explica en qué consiste estar en el lado correcto de la historia, si se trata de convertirse en un morroi de las aventuras sin sentido de Donald Trump, como dicen estos apologetas del trumpismo, convivimos con nuevos paradigmas (nadie explica cuáles son, quizás por un residuo de pudor al constituir estos la antinomia de la democracia) o se trata, simplemente, de la postura acomodaticia de colocarse al lado del más fuerte aunque carezca de razones.

Analizar esta guerra requiere analizar las conductas de Trump y de los únicos que le superan en fanatismo, sus Secretarios de Estado. El presidente de Estados Unidos ya manifiesta su talante, entre otros muchos actos, en el nombramiento del nuevo director del ICE, sustituto de Kristi Noem, que ingenuamente muchos pensamos que era para suavizar los excesos de la sustituida hasta que hemos conocido que nos encontramos con Markwayne Mullin. Este personaje es un conocido luchador de las artes marciales mixtas en la Ultimate Fighting Championship, conocido en esta empresa por ser de los más brutales y sanguinarios.

Mullin es el perfecto candidato trumpista: antiabortista, defensor de las deportaciones masivas y de las restricciones a atletas trans en deportes femeninos. Es, además, conocido en redes por haber retado a un líder sindical en el Senado.

Pasando de lo anecdótico a lo real lo que se denomina nuevos paradigmas parecen consistir en prescindir de toda suerte de legalidad, nacional o internacional.

La agresión a Irán se ha realizado al margen de lo previsto en la Constitución de Estados Unidos. El poder de declarar la guerra reside en el Congreso (art. I, sección 8, cláusula 11). El Congreso debe aprobar una declaración de guerra con una mayoría simple en ambas Cámaras o aprobar el uso de la fuerza militar en lugar de una declaración de guerra formal en determinadas circunstancias específicas previstas en la Ley de Poderes de Guerra de 1973. En este caso, como en tantos otros, Trump ha prescindido de la opinión vinculante del Congreso.

La guerra contra Irán también prescinde de la legislación internacional. La prevista en la Carta de la Naciones Unidas en 1945 en su art. 2.4 que establece que “los miembros de la Organización, en sus relaciones internacionales, se abstienen de recurrir a la amenaza o al uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de cualquier estado, o en cualquier otra forma incompatible con los propósitos de las Naciones Unidas”.

Las únicas excepciones que posibilitan el uso de la fuerza en la Carta de las Naciones Unidas se concretan en casos de legítima defensa (art. 51) o cuando el Consejo de Seguridad autorice el uso de la fuerza para mantener la paz y la seguridad internacionales (capítulo VII).

Las informaciones que trasmite el Presidente de Estados Unidos entre birdie y birdie es que en el plazo de un mes Irán hubiera conseguido fabricar la bomba atómica. El programa nuclear de Irán empezó bajo el mandato del Shah Mohammad Reza Pahlevi de Irán en la década de 1950, con la ayuda del programa Átomos para la Paz de la Organización de las Naciones Unidas. Hoy, el programa nuclear de Irán tiene instalaciones de procesamiento de uranio, plantas de enriquecimiento, reactores nucleares y minas de uranio. Según el Instituto para la Ciencia y la Seguridad Internacional, Irán no tardaría mucho en construir armas nucleares si decidiera hacerlo.

En todo caso nos encontramos ante una guerra opcional, es dudoso que los servicios de inteligencia de Estados Unidos e Israel puedan precisar que en el plazo de un mes (curiosa precisión temporal) el armamento nuclear estaría dispuesto.

No se si se puede considerar que el genocidio que practica Israel obedece de forma brutalmente desproporcionada a lo que se considera una guerra existencial. Es presumir demasiado que aun poseyendo Irán armamento nuclear la subsistencia del Estado de Israel esté comprometida. Israel sí posee armamento nuclear y su subsistencia como estado está garantizada no solo por el apoyo de Estados Unidos sino por la mayoría de los países democráticos. Los pensadores más lúcidos afirman que lo que busca Israel es la hegemonía política-militar de Oriente Medio normalizando sus relaciones con la mayoría de los países del Golfo.

Lo de Estados Unidos es más fácil de comprender. Existiendo en el mundo tantas dictaduras Trump ha optado por consolidar los derechos humanos en los dos países que poseen mayores reservas de petróleo del mundo. Trump pretende hacerse con una posición oligopolista del mercado de petróleo del mundo (la ideología MAGA se pronuncia sobre el cambio climático científicamente demostrado como la mayor estafa de la historia).

Por otra parte, y no es accidentalmente está privando a China de los grandes suministradores de petróleo. No solo estamos ante una guerra opcional, estamos ante una guerra económica.

Esta guerra esta dejando frases para la historia. Cuando Núñez Feijóo afirma que antes del derecho internacional están los derechos humanos ignora que el Derecho Internacional de los Derechos Humanos (DIDH) es un conjunto de normas convencionales y consuetudinarias que obliga a los Estados a respetar, proteger y garantizar los derechos inherentes de todas las personas, sin discriminación. Basado en la Declaración Universal de Derechos Humanos (1948). Cosas veredes en la política española.

Jurista