Con gran autosatisfacción, la Agencia Internacional de la Energía anunció ayer que se va a liberar un chorro de petróleo sin precedentes, procedente de las reservas estratégicas de varios Estados, con la intención de que la inestabilidad por la guerra desatada en Oriente Próximo no dispare el precio del crudo.

Esta es la dimensión auténtica de los avances en descarbonización: el patrón petróleo sigue siendo el factor energético clave. Si en algo hay coincidencia entre gobiernos y agentes económicos es en que si sigue subiendo el precio, las vamos a pasar canutas. Costes más elevados de producción por la factura energética, pérdida de competitividad, menos rendimiento y más ajuste de cinturón con la inflación al alza. Lo avisaba ayer, entre otros, José Antonio Jainaga, que algo sabe de coste electrointensivo.

Hace mucho ya que, a despecho de todo refugio moral, la guerra no llega a ser una crisis relevante por el coste humanitario sino por el económico. Ese baño de realidad es más pringoso aún porque se tiene que tomar en una riada de petróleo, si queremos flotar. Lo urgente vuelve a imponerse a lo importante. El loco del pelo naranja es un tipo listo: crear la necesidad para vender el producto. Suspende los compromisos ambientales y empuja al mundo a dedicar sus recursos a encender hoy la luz y no a limpiar el mañana.

La gota que colma


Si va de reformar la Constitución


Una rendija abierta. La Constitución del 78 se reformará para darle un escaño propio a Formentera en el Senado. Esa rendija la aprovecha UPN para pedir que liquiden la Transitoria Cuarta, como decíamos ayer. Pero, si se trata de que por ella corra el aire, el PNV ha rescatado su batería de propuestas para ventilar ese texto de casi medio siglo: reconocimiento nacional del pueblo vasco, del derecho a decidir pactado y salvaguarda jurídica de su competencia foral; limitar la impunidad del rey y la función de las Fuerzas Armadas; suprimir el Artículo 155, etc. Pero tiene pinta de que seguirá oliendo a cerrado.

La protección del tejido económico pasa por poder enchufarlo a la red. Ya se está tardando un poco de más en la estrategia paliativa. A Pedro Sánchez le da más prisa su cruzada contra los discursos de odio. En los próximos días, Bolaños hablará con los partidos para ver si de ahí sale un acuerdo de medidas, aunque la experiencia dice que esas citas con la oposición suelen acabar como la jaula de Topuria: con sangre en el suelo. A lo peor no hay mucho más pito que tocar que el que ya se puso a sonar durante el shock del suministro ruso. De momento Von der Leyen, que últimamente hace subir el pan, ha reactivado el debate nuclear.