Acabamos de asistir a un nuevo episodio de estas cosas que me resultan –y no soy el único, porque ayer en la redacción era comidilla el tema– completamente inexplicables. Resulta que no poca gente sabía todos los comportamientos machistas y nocivos de Íñigo Errejón que se han destapado en las últimas horas una vez que el ya exdiputado presentó su dimisión; incluso, una vez anunciada su salida de la primera línea política, alguna de las mujeres afectadas ha presentado ante la Justicia una denuncia por hechos acontecidos ya hace bastante tiempo. Una vez más, se constata que el miedo de muchas mujeres que sufren abusos sexuales a presentar la denuncia para que esas actitudes sean castigadas sigue vigente –y da igual que sean jóvenes, independientes o, incluso, muy reconocidas en sus trabajos– y que, aunque sea triste reconocerlo, en muchos casos prefieren correr un tupido velo antes de verse expuestas al foco público. Si estas actitudes ya complican de por sí perseguir al acosador, más me sorprende aún toda la retahíla de personas que al poco salieron a decir aquello de “esto ya se sabía” e, incluso, hubo quien aseguró que no se trata del único caso semejante. Flaco favor hace ese silencio cómplice a la lucha contra la violencia machista.
- Multimedia
- Servicios
- Participación